Bauman, feminismo y Louis Armstrong

La molinense Lola López Mondéjar es una voz a la que merece prestar todos los sentidos en 'Qué mundo tan maravilloso'

INÉS BELMONTE

Lola López Mondéjar (Molina de Segura, 1958) publica la compilación de cuentos 'Qué mundo tan maravilloso' (Editorial Páginas de Espuma, 2018), estructurada en ocho relatos ambientados en época contemporánea bajo el título 'Este mundo', y tres que acontecen en un futuro próximo, 'Mundos futuros'. Estos últimos se recrean en mundos distópicos (no en vano se abre el apartado con una cita de Bauman).

Su prosa está plagada de simbolismos, el más evidente de ellos -presente en los primeros ocho relatos- el viaje, ese antiquísimo recurso narrativo; el viaje en un doble sentido, físico y espiritual, pues todos o casi todos los personajes principales (mujeres siempre) son retratados en épocas críticas de sus vidas. Es una literatura fácil de leer, aunque sus historias sean de digestión lenta. En ocasiones, más que silencio, su discurso requiere música: podemos encontrar letras de canciones incrustadas en el texto principal, entre ellas la que da nombre al libro, 'What a wonderful world'. Y me pregunto: además del evidente sentido irónico del título, ¿esconderá también un deseo de celebración de la vida? Pienso que, pese a todo, así es.

La autora se esfuerza -a mi gusto en exceso- por que el lector comprenda el mundo interior de los personajes. Las intervenciones explicativas del narrador sobre las subjetividades de estos se tornan en ocasiones reiterativas e innecesarias, impidiendo que podamos convertirnos en lo que Cortázar calificó controvertidamente como «lectores machos».

Asimismo, al empeñarse en perfilar la humanidad de sus personajes, homogeneiza sus voces. Creo, por otra parte, que no ha sabido resolver con demasiada elegancia la conjunción de obra artística y denuncia política, adquiriendo en alguna ocasión un tono panfletario que nos saca de cuajo de nuestro estado de inmersión.

Celebro el tratamiento de algunos temas que no suelen encontrarse en nuestra literatura, o al menos no de un modo tan crudo, como la representación de la angustia de una mujer sexagenaria que no sabe cómo decirle a su marido que no quiere tener sexo, o el afilado retrato de la generación 'millennial', moralmente derrotada y sin esperanza. La de Mondéjar es, en fin, una voz a la que merece la pena prestar todos los sentidos, pues los análisis de los aconteceres vitales son profundos y trabajados, y no descuidan, además, la necesaria perspectiva feminista.

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