La aventura del Dornier 15/16

Momento del rescate del Dornier en mitad del Atlántico. Se puede ver a la derecha en el fondo a los remeros que bajaron del 'Eagle' al rescate de los tripulantes del hidroavión. / LV
Momento del rescate del Dornier en mitad del Atlántico. Se puede ver a la derecha en el fondo a los remeros que bajaron del 'Eagle' al rescate de los tripulantes del hidroavión. / LV

Una nueva edición comentada de 'Águilas y garras', el relato de Ramón Franco sobre su naufragio en el vuelo Los Alcázares-Nueva York, permite a la asociación La Eco-Cultural esclarecer datos del mítico raid en su 90 aniversario. Más que una aventura, el vuelo con naufragio tuvo su impacto sobre el devenir histórico de España

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Ítalo Calvino dice que «volar es lo contrario del viaje: atraviesas una discontinuidad del espacio, desapareces en el vacío, aceptas no estar en ningún lugar durante un tiempo que es también una especie de vacío en el tiempo; luego reapareces, en un lugar y en un momento sin relación con el dónde y el cuándo en que habías desaparecido». Con un naufragio por medio, el vuelo que emprendió Ramón Franco, el hermano aviador y temerario del dictador, el 21 de junio de 1929 desde Los Alcázares con destino a Nueva York, responde más aún a esa sensación de tiempo suspendido que describe el escritor italocaribeño. Durante ocho días, los cuatro tripulantes se evaporaron del mapa mientras sobrevivían a flote en el avión canoa en medio del Atlántico, hasta que el portaaviones británico Eagle los rescató y sacó al mundo de la expectante espera por los aviadores perdidos. Eran tiempos de héroes. Todo lo relativo a volar era nuevo, pues Ramón Franco tenía 12 años cuando los hermanos Wright dieron movimiento a la primera sombra de una máquina sobre la tierra, así que aquellos pilotos de principios del siglo XX eran aclamados como superhombres de hazañas gloriosas. Desde 'The New York Times' hasta el 'ABC' de Madrid, la pérdida del Dornier de Ramón Franco tuvo seguimiento en dobles planas. No fue un vuelo cualquiera, ni por sus polémicos protagonistas, ni por la leyenda que escondió el despegue, ni por las aguas de salida, un Mar Menor que asistió, apacible como siempre, a los inicios de la historia de la aviación española. Tampoco la base militar era una más. Los Alcázares fue la primera de hidroaviones en España, lo que desplegó en la pequeña población un ambiente cosmopolita en los felices años veinte, como punto de encuentro de pilotos aventureros, ministros breves de bigote repeinado y empresarios orondos de las cercanas minas de La Unión.

El libro fue prohibido y secuestrada la edición por la dictadura de Primo de Rivera por las críticas al fabricante nacional del Dornier 16, a la ineficacia del servicio meteorológico y a la Aeronáutica militar

Ni siquiera las consecuencias de aquel vuelo frustrado fueron las ordinarias, ya que impactaron de lleno en el devenir de la historia española, como explican los promotores de la nueva edición de 'Águilas y garras', el relato en el que Ramón Franco contó las circunstancias del vuelo Los Alcázares-Nueva York una vez que regresó a la civilización. El libro fue prohibido y secuestrada la edición por la dictadura de Primo de Rivera debido a las críticas que vertía sobre el fabricante nacional del Dornier 16, sobre la ineficacia del Servicio Meteorológico y de la Aeronáutica militar. Y Franco fue apresado. Tal vez se pasara la vida 'robinsoneando', como decía Rimbaud, y no solo cuando se convirtió en náufrago en medio del océano.

Foto del rescate por el 'Eagle', que publicó 'ABC' en junio de 1929. | Despedida desde el muelle de Los Alcázares. De pie, calvo y con ropa clara, se ve a Ramón Franco. A la izquierda, con pantalón corto, Ruiz de Alda. | Pedro Bernal, Antonio Zapata y Nicolás Ruiz, en el hotel La Encarnación. / LV

Un colectivo ciudadano

Dos historiadores, Pedro Bernal y Antonio Zapata, y un militar retirado, Nicolás Ruiz, integrantes de la asociación Los Alcázares Eco-Cultural, han reeditado el relato, enriquecido con notas históricas aclaratorias e imágenes que iluminan un apasionante capítulo de la historia de España sucedida en el municipio murciano. Agotada aquella primera edición perseguida, e imposible de hallar un ejemplar narrado en primera persona por el comandante Franco, fue Nicolás Ruiz quien lo encontró hace 8 años en internet. «Siempre me interesó la base militar de Los Alcázares y su historia, porque yo mismo fui al colegio que había dentro, y veía las Bucker en El Carmolí», explica el militar, quien ya alzó su copa hace 10 años en la playa de La Concha, en el 80 aniversario del vuelo, para brindar por aquellos aviadores audaces que no se conformaban con las reglas de la gravedad. Desde entonces repiten la ceremonia de homenaje cada 29 de junio con una cena en el centenario hotel La Encarnación, donde los propios pilotos ya se reunían con música de gramófono y actuaciones de vicetiples escotadas. El historiador Antonio Zapata se preocupa de colocar cuatro sillas con las fotografías de los tripulantes del Dornier 15/16 a la mesa, como volverán a hacer el próximo aniversario, que será el 90. El libro continúa la labor independiente y altruista de la EcoCultural por divulgar la historia de la aviación. Desde que se creó la asociación, en 2011, han guiado a más de tres mil personas en visitas por la histórica base militar, condenada al silencio durante el franquismo por su fidelidad a la República durante la Guerra Civil. Otros 2.500 visitantes han seguido las rutas históricas de la asociación por las huellas de Ramón Franco y el Infante de Orleans, entre otros intrépidos del aire.

Franco logra que el Estado financie el vuelo con la condición de que sea en un avión fabricado en España

¿Qué cuenta Franco en su libro que mereció la expulsión de su autor del Ejército e incluso la prisión? Nada menos que su confesión abierta de un engaño al Estado español y sus críticas a los culpables del naufragio. Endiosado por el Plus Ultra, el primer vuelo de un hidro entre España y América (1926), que mereció incluso un tango de Carlos Gardel, 'La gloria del águila', el comandante gallego planea «una vuelta al mundo en 45 días desde Cádiz en un avión de fabricación española», según publicó 'The Washington Post' el 14 de mayo de 1927. Fue en realidad su primer plan, para lo que formó equipo con Julio Ruiz de Alda, otro pionero del Plus Ultra, y Eduardo González Gallarza, héroe del raid de Manila. El cuarto tripulante era el sargento Modesto Madariaga, mecánico de aviación que participó con la Patrulla Atlántica en el vuelo a Guinea. A ninguno se le podía tachar de temeroso.

Con el hidro en Los Alcázares y una hoja de ruta hacia Nueva York, el osado piloto toma una decisión que le pasaría factura

Franco logra que el Estado español financie el vuelo con la condición de que sea en un avión fabricado en España, para lo que compran la licencia Dornier y lo montan en Cádiz, desde las costillas a las hélices, con continuos fallos y retrasos. «No fue posible ponerlo en condiciones; se arreglaba un defecto y aparecía otro, y en el viaje iba nuestro prestigio», cuenta Franco, aunque sabía que «si decimos que el Dornier 16 no está en condiciones nos dejan en tierra, y el mundo entero lo atribuirá a una falta de valor nuestro».

Ya con el hidro español en Los Alcázares y una nueva hoja de ruta hacia Nueva York, el osado piloto toma una decisión que le pasaría factura a su regreso: «A medianoche, acompañado de un pintor entré en el hangar donde reposaban el Numancia y los Dornier y cambiamos las letras y números de los dos aviones», confiesa Franco, detallando cómo dio el cambiazo del avión español Dornier 16, de cuyo funcionamiento desconfiaba, por el italiano, el Dornier 15, exactamente iguales.

Bajo los hangares centenarios, que el Ejército del Aire derribó con una pala en 2014, consumó la treta en una medida desesperada por batir su nuevo récord en el aire.

La aventura no estaba planteada para timoratos. Entre 1926 y 1929 se habían perdido en el Atlántico ocho aviones con 21 personas a bordo

La aventura no estaba planeada para timoratos: «Entre 1926 y 1929 se habían perdido en el Atlántico ocho aviones con 21 personas a bordo intentando cruzarlo. Y en sentido este a oeste nadie lo había conseguido», cuentan los editores alcazareños.

Antes de las primeras luces del 29 de junio de 1929 «cruzamos la manga que separa el Mar Menor del Mediterráneo y dimos la vuelta a Cabo de Palos (...) con rumbo a Cabo de Gata. Durante el despegue fuimos despedidos y escoltados por una escuadrilla de Bristol de Los Alcázares», cuenta el piloto en su libro. A la euforia inicial le siguen los problemas que les obligan a amerizar en el océano, donde naufragaron durante ocho días, que superaron racionando la comida y bebiendo el agua de lluvia que recogían en el bote salvavidas, además del champán que llevaban para celebrar la llegada. «No conseguía conciliar el sueño, tal era el ruido que hacían las chapas del fondo al ser golpeadas por el mar», relata en su libro.

«Con esas previsiones meteorológicas no debieron salir»

¿Por qué falló el plan de vuelo? El historiador Pedro Bernal, quien ha investigado a fondo la odisea -con visitas a la fábrica Dornier y exploración documental-, lo atribuye principalmente al «nefasto informe del Servicio Meteorológico». «Con las previsiones reales que había, no debieron salir, pero el informe que recibieron en la base de Los Alcázares era totalmente equivocado, aunque la personalidad de Franco permite fisuras sobre si hubiera salido de todas formas», confirma el editor. «Se iban desviando hacia el sur por los vientos y, además, no llevaban radiogoniómetro, que detecta la procedencia de las señales de radio», apunta Bernal.

«¡Barco a la vista!»

Tras el grito de «¡barco a la vista!» que lanza Gallarza en un turno de vigilancia a los ocho días a la deriva, aparecen las luces del 'Eagle'. Los cuatro del Dornier lo reciben con un trago de ron y otra muestra del carácter efervescente de Franco, que anuncia a sus compañeros: «Si el 'Eagle' no quiere remolcar el hidro, yo me quedaré en él». Sus planes eran reparar los fallos y continuar ruta a Nueva York, pero la rotura de un ala al izarlo al portaaviones y la camaradería que lograron con la tripulación británica le hizo volver a Gibraltar, donde fueron recibidos por una multitud. El comandante desembarcó del 'Eagle' con un traje claro cruzado, prestado por los británicos, incluso con más peso del que se fue, y «con la fiebre del triunfo, que ya he visto antes en sus ojos», contó su mujer, Carmen Díaz, en su libro 'Mi vida con Ramón Franco'.

En Los Alcázares se organizó una cena de bienvenida en el imponente club náutico, que un temporal destrozó en 1949. «Fue el fin de su carrera aeronáutica», señala el historiador Antonio Zapata, aunque las implicaciones del polémico vuelo fueron más allá. Seis meses después del regreso triunfal, fue detenido en un café madrileño, aunque por poco tiempo. «El comandante Franco, de nuevo en conflicto con la dictadura de Primo de Rivera», publicó 'The New York Times'. Ramón inició su frenética actividad conspiratoria contra la monarquía, fabricó bombas de mano, compró armas y movilizó a los anarquistas para propiciar un levantamiento popular para instaurar la República. Detenido y encarcelado por segunda vez, logró fugarse mes y medio después de las 'cavernas militares', como afirma en una carta que le dejó al presidente del Gobierno sobre el camastro. Con unas limas que guardaba en la peana de la Virgen, en la capilla de prisión, logró aserrar los barrotes de la celda y bajar por una cuerda anudada. «Si caigo, no importa, mi nombre pasará al martirologio de la libertad», le dejó escrito a Dámaso Berenguer, a quien advertía: «Un día vendrá que usted será el yunque, y yo martillo pilón».

«A raíz del vuelo frustrado, Ruiz de Alda se desvincula de la aviación y termina fundando la Falangue junto a Primo de Rivera, Gallarza se hace un significado franquista y Madariaga termina preso», descubre Zapata. Gallarza fue uno de los 35 altos cargos del franquismo imputados por la Audiencia Nacional por detención ilegal y crímenes contra la humanidad durante la Guerra Civil, aunque el exministro ya había fallecido.

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