Antonio Soler y la novela colectiva

El escritor malagueño Antonio Soler. / José Ramón Ladra
El escritor malagueño Antonio Soler. / José Ramón Ladra

En este ambicioso trabajo, reconocido con el I Premio de Narrativa Alcobendas Juan Goytisolo, el escritor malagueño vuelve a su ciudad natal para mostrar una lograda galería de personajes actuales

IÑAKI EZKERRA

Desde sus inicios, la trayectoria novelística de Antonio Soler ha venido marcada por el signo colectivo y la relación de los seres humanos con el entorno, infaliblemente urbano. En las novelas de Soler son definitivos la comunidad y el territorio. Ya en 'Modelo de pasión', la novela con la que obtuvo el premio Andalucía en 1993, cobraban un protagonismo muy particular los escenarios narrativos de Barcelona, Génova y, sobre todo, su Málaga natal, que se ha convertido a lo largo de su obra en un referente español de eso que llaman 'geografías míticas' y que tiene sus raíces en la tradición faulkneriana. Pero aún más peso que los barrios y las calles de su infancia tiene en sus libros la visión del grupo y de la suerte, no especialmente buena, que comparten los miembros de este. En 'Los héroes de la frontera' (1995) y en 'Las bailarinas muertas' (1996) ya quedaba perfectamente dibujada una fauna humana de parias, borrachos, cabareteras, prostitutas, derrotados existenciales y otros estereotipos o arquetipos de la marginalidad que eran víctimas o actores de una realidad violenta. En 'El nombre que ahora digo' (1999) y en 'El sueño del caimán', la violencia grupal era la de la Guerra Civil española mientras que en 'Apóstoles y asesinos' (2016) era la que acabó con el líder anarquista Salvador Seguí en la Barcelona de los años veinte. En 'El camino de los ingleses', esa visión humanamente panorámica la da un grupo de muchachos que pasa de la adolescencia a la edad adulta. De este modo, 'Sur', la novela con la que Soler ha obtenido el I Premio de Narrativa Alcobendas Juan Goytisolo, tiene algo de revisitación y de síntesis de su anterior obra porque en ella la colectividad vuelve a aparecer, pero alcanzando un protagonismo en sí misma y como tal más palpable que nunca, a la manera de 'La colmena' de Cela.

Intrahistoria

Lo que Antonio Soler nos cuenta en 'Sur' es lo que Miguel de Unamuno llamaba la 'intrahistoria', o sea el devenir cotidiano de una sociedad y de sus individuos concretos en oposición a la gran Historia con mayúsculas, que se ocupa de los acontecimientos sociales y políticos. Aquí el lector se encuentra con lo que sucede durante un día vulgar y corriente del agosto de 2016 en una Málaga que no comparece nombrada en el texto, pero que resulta absolutamente identificable y en la que el autor reconoce unas palabras de Octavio Paz que figuran como epígrafe del libro: «Hablo de la ciudad contemporánea, en perpetua construcción y destrucción, novedad de hoy y ruina de mañana...»

La verdad es que esa definición que hace Paz de la metrópoli moderna sirve también en esta novela para definir a los propios personajes y a las historias que de ellos se nos cuentan, desde sus relaciones a sus rupturas, pasando por sus sueños más inocentes y prohibidos, sus lealtades e infidelidades, los abusos de todo tipo -laboral, familiar, social...-, la utilización mezquina de la religión, la orientación sexual o la ideología para influir en los otros y que constituye el lado más feo de la condición humana.

Para ello, Soler utiliza diferentes fórmulas técnicas: la tercera persona omnisciente que se puede permitir los alardes de estilo e incluso las descripciones poéticas que caracterizan a este autor, los diálogos efectivos, el diario... Y utiliza asimismo algunos recursos efectistas como el cuerpo sin vida que aparece tendido en un descampado en ese caluroso día y con el que se abre la novela. La referencia al 'Ulises' de Joyce era inevitable tratándose de un relato cuya acción se desarrolla en una sola jornada, pero el texto no tiene que ver nada con el experimentalismo joyceano ni con la 'corriente de conciencia' desde el momento en que se desarrolla en unos márgenes realistas de inteligibilidad aunque se permita determinadas licencias literarias. Sin duda, el gran mérito de esta ambiciosa obra es la cantidad de personajes que maneja, cada uno con sus respectivas tribulaciones, sus existencias, sus historias y sus desgracias, desde el 'Atleta' que se pasa la novela corriendo hacia ninguna parte y que alberga la ilusión de convertirse en escritor hasta Ana Galán, la médico de urgencias, que es la mujer de un tal Dioni y que cierra la última página fumando apoyada en la barandilla de su terraza mientras la observa alguien escondido en las sombras. No es la primera vez que Soler recurre al observador furtivo en su narrativa. De hecho 'Sur' tiene algo de homenaje a la mirada indiscreta de 'El diablo cojuelo', la novela que escribió en el siglo XVII el andaluz Luis Vélez de Guevara.

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