Álvaro Pombo, o retrato de familia en interior

El escritor cántabro Álvaro Pombo. / elvira megías
El escritor cántabro Álvaro Pombo. / elvira megías

El autor santanderino sitúa como protagonista de esta novela a un intelectual de la Transición que lleva mal el paso de los años y el éxito literario de un hijo homosexual que le desafía

IÑAKI EZKERRA

Desde sus inicios literarios, Álvaro Pombo se ha dedicado a cultivar lo que podemos llamar 'novela culta', un arte al que no se dedican muchos autores en nuestro país (pienso en Javier Marías, en Félix de Azúa...), pero que tiene sus fieles lectores. Llamo 'novela culta' no a la culturalista, que puede ser su impostación, ni a la que nos presenta una conspiración internacional en torno a un pergamino medieval, sino a aquella cuyo argumento ha sido planteado desde una tesis o una lucubración filosóficas. 'Retrato del vizconde en invierno' es la última entrega literaria de Pombo y se sitúa en esa moderna 'tradición' que él sabe combinar con un realismo muy próximo al fresco social.

El protagonista del libro es un aristócrata octogenario, viudo y egocéntrico, que triunfó como ensayista y adquirió un importante reconocimiento público en la época de la Transición, pero que se fue encerrando después en la cómoda vida privada de un espacioso y lujoso piso del centro de Madrid en el que convive con sus dos hijos, Miriam y Aarón, ya mayorcitos, y con un matrimonio de sirvientes, Luis y Manuela. Horacio, el vizconde de la Granja (esos son el nombre y el título nobiliario del personaje) padece algunos achaques inevitables de la edad, que él exagera («Se había instalado en los ochenta como en un hotel de lujo...»), y conserva todavía tanto su distinguido aspecto como una amante, Lola Rivas, que tiene veinte años menos que él y que frecuenta el domicilio como un miembro más de la familia. A esos rasgos generales de las figuras del reparto se suman el fanático catolicismo militante de la hija y la homosexualidad asumida del hijo cincuentón, así como Lucas Muñoz, el novio de este. Lucas es un muchacho que tampoco resulta ajeno al devenir de esa casa, que le deslumbra porque en ella ha encontrado, además del afecto de su relación de pareja, una sensación de seguridad y protección que suple la pronta experiencia de la muerte de sus padres y que es explicada, con una inteligente precisión psicológica, por la voz que narra en una omnisciente tercera persona.

Padres e hijos

Podría suponerse que la aceptación paterna de la homosexualidad del hijo responde a un ambiente liberalmente relajado y tolerante en el heterodoxo hogar que aquí se nos pinta. Pero nadie más lejos que Pombo del clásico empalago de la corrección política. Dicha doctrina no prevé escenarios en los que, como ocurre en esta novela, pueda haber un gay moralista que juzga a su padre e insinúa en este una homosexualidad latente, o un padre que da la vuelta al mito de Edipo o salta directamente al de Crono (el Saturno romano) que devoraba a sus hijos. El conflicto de 'Retrato del vizconde en invierno' tiene, en efecto, su eje en las relaciones paterno-filiales. Horacio lleva mal el éxito literario de Aarón, así como que, en la novela con la que este ha obtenido el Premio Nadal y que se titula 'Espalter', como la calle en la que viven, el personaje central sea la madre muerta y él carezca de la menor relevancia en la trama. Pero hay más. Hay la entrada, en ese recinto claustrofóbico, de un factor nuevo y desestabilizador: el propio Lucas y la relación que establece con el padre de Aarón. Hay algo, sí, en el clima cargado que logra crear Pombo en esta obra que evoca al que creaba Visconti en 'Confidencias (Retrato de familia en interior)', una película en la que un viejo intelectual que había dado las espaldas a la vida se cuestiona a sí mismo cuando entra en contacto con las generaciones más jóvenes y en la que es el desafío al tabú sexual el que genera nuevas tensiones contradictorias (también los ambientes liberales tienen sus prejuicios) y desencadenan la tragedia. «La muerte de Elena nos confundió a todos, nos volvió desemejantes», afirma el propio vizconde en alusión a la esposa fallecida, para, acto seguido, definir su confortable vivienda como la antítesis del paraíso y compararla con «el lugar de la falta de semejanza, como llaman al infierno los viejos teólogos».

'Retrato del vizconde en invierno' es un texto que se apoya en referencias culturales, como 'El retrato de Dorian Gray', para ilustrar el drama de la vejez, y en una cuidadosa confluencia técnica de elementos para urdir un desenlace de tragedia griega. El carácter culto de su escritura no reside en los latinajos sino en ese mundo referencial. Que haya o no en la vida real un personaje al que «la estufa le parece el 'analogatum princeps' de su vida» no es relevante. Lo relevante es que funcione en la novela. Y funciona.

 

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