Alonso Cueto y un Perú costumbrista

El peruano Alonso Cueto, en una imagen de archivo. / EFE
El peruano Alonso Cueto, en una imagen de archivo. / EFE

En 'La segunda amante del rey', el escritor presenta a una mujer despechada y vengativa de la alta sociedad limeña en una trama en la que el amor y el crimen se mezclan con el fresco social

IÑAKI EZKERRA

Aunque la fórmula se halle impregnada de maniqueísmo y de moralina, la novela del héroe o la heroína que tienen que vérselas con un mundo de villanos funciona narrativamente. Si el escritor es más sofisticado, sustituye ese esquema de buenos y malos por unos personajes que, al margen de su catadura moral, resulten interesantes al lector por su ausencia de vulgaridad, por su encanto personal e incluso por su retorcimiento. Y así hay personajes deshonestos, perversos, malísimos que logran que nos pongamos de su lado en determinados momentos del relato. El caso de 'La segunda amante del rey', la última entrega novelesca del escritor limeño Alonso Cueto, no responde a ninguna de esas categorías. La historia que nos cuenta carece de héroes y ninguno de sus protagonistas se destaca por experimentar alguna edificante pasión por un noble ideal o alguna lejana aspiración de carácter ético. Lali de Rey, el personaje que aparece en ella dibujado con más fuertes contornos, es una mujer instalada en la clase alta limeña gracias a su matrimonio con un adinerado hombre de negocios, Gustavo Rey, que de pronto le plantea el divorcio. Dicho planteamiento de ruptura conyugal es el punto de partida argumental del libro, en el que ambos personajes no tardan en quedar descritos por una clásica y omnisciente tercera persona que ya no nos abandonará en ningún momento y que solo se alterna con abundantes diálogos en los que se cuelan algunos giros coloquiales peruanos que no afectan a la inteligibilidad del texto.

El retrato que se nos brinda de la pareja es absolutamente predecible y estereotipado. Él es un empresario limeño prepotente, vanidoso, aficionado al lujo y a acostarse con todas las mujeres atractivas que se acercan a su despacho, la última de las cuales es una tal Jossy, 'la amante del rey' propiamente dicha y la culpable de que nuestro hombre quiera romper su matrimonio. Lali es una mujer que proviene de una clase modesta y que ha sabido aprovechar la posición económica del marido para cultivar un éxito social que -siente- se le iría de las manos si dejara de ser Lali de Rey y volviera a ser Lali Reaño. Como se ve, el retrato que se nos brinda de esos dos seres no podría ser más vulgar y menos sorprendente en una novela que hace un detallado hincapié en las diferencias sociales de todos los personajes ofreciéndonos -ése es quizá uno de sus aspectos más valiosos- un fresco costumbrista o, quizá más aún, un verdadero mapa sociológico del Perú actual y de una sociedad exenta de permeabilidad en la que siguen pesando demasiado los orígenes no ya solo sociales sino también culturales y raciales; las distancias entre el mundo urbano, el del campo y el de la selva o entre las mentalidades nacionales y las extranjeras.

Tragedia griega

Todas las mujeres que describe Cueto en esta novela pivotan, por distintas motivaciones, en torno a ese pedestre monarca de las moquetas y de los cuernos. Todas comparecen condicionadas por su procedencia precaria y por una situación de inferioridad frente a él. Al caso de Jossy, la amante, y al de Lali, la esposa despechada, se suma el de Sonia Gómez, la detective que la última contrata para tejer una venganza que es la que aporta al libro unos ciertos tintes de trama policíaca y la que lo precipitará a un desenlace más bien lindante, por otra parte, con el 'fatum' de una tragedia griega. Hay momentos del libro en los que Sonia parece identificarse con la mujer traicionada para la que trabaja y otros en los que con quien se identifica es con la propia amante de Rey. Lo hace explícitamente hacia el final de la novela cuando afirma que, como ella, también «había llegado a Lima, se había enamorado, había corrido algún peligro. Había estado también con un hombre casado...». El autor sabe servirse, en este sentido, de las clásicas 'complicidades femeninas' que dan cierto juego narrativo en las comedias sentimentales, aunque 'La segunda amante del rey' sea una novela carente de cualquier vertiente lejanamente cómica.

En realidad, ninguno de sus personajes se sale del previsible guion marcado por su medianía moral y sus propios intereses. Claudio Rossi, el gigoló al que contrata Lali de Rey como una más de sus artimañas para seducir a la mujer que le ha robado a su hombre, consigue fácilmente su objetivo de la incauta chica, que ve en él un alarde de sensibilidad y delicadeza en contraste con el hombre maduro, poderoso y sórdido al que se entregó. La verdad es que esta historia está más cerca de la telenovela que de la novela negra.

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