Sarah Vaughan: «No hay nada más abusivo que la invasión del cuerpo de una mujer»

La novelista, durante la presentación de su libro en Madrid./Alberto Ferreras
La novelista, durante la presentación de su libro en Madrid. / Alberto Ferreras

Concibió 'Anatomía de un escándalo' como escritora, pero más aún como mujer, como feminista

EDUARDO LAPORTE

Malos tratos hacia la mujer, tanto fuera como dentro de la pareja, ha habido siempre. Lo que no podía prever Sarah Vaughan es que este tema, el de los abusos que no salen a la luz, iba a estar en ojo del huracán cuando terminó de escribir su segunda novela, en septiembre de 2017. Indignada por el trato que dio la prensa al caso del futbolista Ched Evans, acusado de tener relaciones no consentidas con una joven de 19 años en un hotel, algo ardió en su corazón. Tiempo después, como en solidaridad con aquella mujer, Vaughan se decidió a levantar una historia en la que las denuncias de violación no generaran tanta suspicacia. Como una pionera del movimiento #MeToo, una de las protagonistas se atreve a denunciar una violación por parte de su amante, un alto cargo del Gobierno británico, mientras mantenían su relación clandestina. «La invasión del cuerpo de una persona, en cualquier caso, es lo más abusivo que un hombre puede hacer a una mujer», asegura una autora que concibió 'Anatomía de un escándalo' (Ed. Roca) como escritora, pero más aún como mujer, como feminista.

- ¿Le inspiró el capítulo de 'Black Mirror' del cerdo y el primer ministro a la hora de escribir la novela? Esa cosa de conocer a los políticos en su versión más sórdida...

- Mi historia surgió a la vez que una biografía sobre David Cameron ('Call me Dave') que dio lugar al conocido como 'Piggate' -basado en el supuesto hecho de que Cameron pusiera sus genitales en un cerdo muerto, como parte de un ritual de iniciación de la Universidad de Oxford, lo que más tarde motivaría el capítulo de 'Black Mirror'-. Puede ser un mito, pero sí es cierto que muchos ministros son habituales de clubes para hombres, como el Bullingdon de Oxford, que inspira el Club de los Libertinos que aparece en la novela.

«Hay que educar a los jóvenes acerca del consentimiento. En las relaciones también hay violaciones»

- ¿Por qué no convertir al personaje principal, James Whitehouse, en primer ministro?

- Tengo experiencia como corresponsal político para 'The Guardian' y pensé que alguien con un pasado como el de James se habría censurado antes, me parecía inverosímil que alguien pudiera llegar tan lejos con ese pasado a sus espaldas.

- Siendo conscientes de que la prensa es capaz de rastrear cualquier capítulo indecoroso de una biografía, ¿hay algo de kamikaze en hacer carrera política?

- Es cierto que hay muchas personas, sobre todo un perfil de hombre muy seguro de sí mismo, que dicen «voy a jugármela». En el caso de James, no cree que haya cometido violación alguna. Para él, no se trata más que de una cana al aire rápida, como un escarceo en el ascensor, y no lo toma como una violación. Está tan imbuido de sí mismo y cree que las mujeres caen rendidas a sus pies que no se cuestiona nada. Son hombres con tanta confianza en sí mismos que pensaban que se podían ir siempre de rositas, como hacían los Harvey Weinstein, Kevin Spacey y demás.

Una cobertura molesta

- Tendíamos a entender la violación como un acto violento, sexual, llevado a cabo por un desconocido, sin ningún tipo de consentimiento, con el terror que ello conlleva. ¿Debemos redefinir el concepto de violación?

- Lo que me motivaba en la novela no era exponer un crimen muy obvio, sino una situación más difícil en la que ha habido una relación no consentida. En este caso, el personaje de Olivia -amante de James- había tenido relaciones sexuales con él, pero ese momento ella no quería hacerlo. En Reino Unido, para que se condene por algo así, hay que demostrar que hubo un acto sexual, que no hubo consentimiento y que en el momento de la penetración él sabía que ella no quería. Ese es el escollo, el momento de tu palabra contra la mía. Tenemos que educar a los niños, a los jóvenes, acerca del consentimiento y es importante saber que en las relaciones también hay violaciones. La invasión del cuerpo de una persona es lo más abusivo que un hombre puede hacer a una mujer.

- Javier Marías decía hace unos días que «no son pocas las mujeres que han buscado y halagado al varón viejo, rico y feo (...) solo por su provecho». ¿Qué le parecen este tipo de opiniones?

- Lo vemos todo el tiempo... Como la carta de Catherine Deneuve reconociendo que un coqueteo no es grave. Y es cierto que el coqueteo es algo normal en la sociedad, pero en las alegaciones del caso de Harvey Weinstein vemos que se trataba de forzar a actrices, mujeres cándidas, jóvenes, sometidas a mucha presión. Como periodista, uno sabe que parte de su labor es ser encantador para conseguir trabajo y que hay que actuar de una forma, entre comillas, personal, lo que no es lo mismo a estar disponible sexualmente para la otra persona.

- ¿'Anatomía de un escándalo', pese a la evidente factura de producto comercial, surge de su motivación como escritora, como mujer, como feminista o como todo un poco?

- Es difícil separar las cosas. La idea se me ocurrió en 2013, tras hablar con unas amigas sobre el caso del futbolista acusado de violación. Me afectó mucho. Me molestaba la cobertura periodística, cómo se juzgaba a la mujer por haber denunciado el maltrato, cuando había tenido la valentía de dar el paso. Esa noche tuve un sueño, sabía que había una historia; fue una sensación muy visceral, más como mujer que como escritora.

- ¿Le gusta la etiqueta de 'thriller psicológico del #MeToo'?

- No me planteé escribir un thriller psicológico, quería escribir un drama sobre juicios y un retrato de la familia. No quería una novela como un compendio de giros y acontecimientos, sino algo creíble desde el punto de vista psicológico. Respecto a la etiqueta, me considero afortunada. Si ayuda a que se piense más sobre estos temas que exploro y, en concreto, sobre las relaciones no consentidas, bienvenido sea.

- ¿Tiene la literatura la capacidad de predecir el futuro, de adelantarse a su tiempo? Porque usted se ha metido de lleno en el espíritu de una época, sin buscarlo...

- La gente ha bromeado con el tema... Me preguntan si sabré los números del próximo sorteo de la lotería. Pero no, no tengo ningún sexto sentido, quizá intuición. Tengo una hija de 13 años y no quiero que tenga situaciones como las que hemos vivido las mujeres de mi generación y que ahora se ha materializado en el #MeToo.

- ¿Volverá al periodismo?

- Ahora vivo en Oxford con mi familia y me es complicado volver a ejercer. El libro se ha traducido a 20 idiomas y se ha publicado en 28 países... No me planteo de momento volver al periodismo, aunque tengo buen recuerdo de mi época de cronista parlamentaria, fue una maravilla.

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