Posmodernos huyen de la poesía

Posmodernos huyen de la poesía

Los poetas de esta antología poseen una voz diferente, singular y propia

ANTONIO ORTEGA

Las antologías de poesía tienen éxito en la edición española. Recordamos, por ejemplo, 'Los novísimos', de Castellet, en 1970. La necesidad de revisar y organizar cuanto se publica lleva a profesores y críticos de la literatura a buscar entre la pléyade de poetas aquellas voces que sean singulares. Para ello han de partir de prioridades en el ámbito de la estética y de la poética.

Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970), reconocido crítico literario, pone su acento en la «excelencia» de los versos y en la «complejidad» o profundidad temática que esos versos son capaces de atesorar. Pone también límites en las fechas de nacimiento de los antologados, de 1960 y hasta 1979, pues explica que desde aquel año vivimos impregnados de la influencia de los medios audiovisuales y de la explosión definitiva de las nuevas tecnologías. Sin embargo, carecen de referente o precursor, son poetas solitarios, individuales y perdidos en la lucha entre lo clásico y lo moderno, perplejos al encuentro de las nuevas tecnologías, absorbiendo influencias del cine, del cómic, del videoclips, de la música. Muchos, quizás demasiados según el antólogo, son profesores de secundaria, que portan el estigma de la docencia en la que hay que ajustarse al canon. Por el contrario, una buena noticia, triunfa la poesía femenina. Los nombres de Ada Salas, Esperanza López Parada, María do Cebreiro, Julieta Serrano o Sandra Santana conforman un grupo de elegidas que destilan calidad en sus poemas. En el ensayo inicial se argumenta el desconcierto y la incertidumbre existencial que conduce a los poetas por senderos inciertos. Esa «ceremonia de la diversidad» se manifiesta en la perplejidad metafísica de los poemas de Riechtman, en la «ironía dañada» de Ada Salas, en el retorno de lo sublime preñado de conceptualismo de Álvaro García, en la revisión del yo ontológico desde una conciencia crítica, en casi todos. La conciencia crítica se pone de manifiesto en la complejidad teórica de García Román, de Mariano Peyru, también emplea un lenguaje científico Fernández Mallo, amén de ser la voz de la pospoesía, que también profesan Jordi Doce, Ángel Cilleruelo, Vicente Valero o Diego Doncel.

En definitiva, los poetas de esta antología tienen una voz «singular, propia, diferente, compleja y excesiva», o sea, pretenden construir una poesía compleja, que bebe de las fuentes de la filosofía, de la estética y la metafísica, en busca de una renovación de los temas universales, bien a través de rupturas lingüísticas, de incorporación de elementos visuales o de la abstracción. 22 poetas, hombres y mujeres, que luchan por descubrir la esencia de las cosas en la cara oculta de las palabras. Aunque no están todos los que son.

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