No todas las batallas se libran a golpes

CELIA RUIZ

El pasado 21 de enero, sentados frente a la pantalla del ordenador o de la televisión, mujeres y hombres de todo el mundo pudimos asistir a un acontecimiento histórico: la marcha multitudinaria de las mujeres de Washington en señal de protesta a la investidura del nuevo presidente de los Estados Unidos: Donal Trump. Miles y miles de mujeres alzaron sus voces y pintaron sus caras y corazones con el color de la protesta y la resistencia contra un gobernante que parece dar palos de ciego y que, desacertado desde el momento numero uno, analiza la paja en el ojo ajeno, sin mirar detenidamente si en él erradica el problema de toda una nación. De mujeres tenaces, férreas y vigorosas trata también esta narración. Sumada a esta marcha popular, María inicia su propio viaje de intransigencia contra la sociedad española de los años 80, todavía resentida por la contienda civil y, sobre todo, contra la figura del marido-dueño. Desde la infancia María vive en la sombra y en el dolor sin apreciar la luz que encierra su corazón. Pasa hambre; es tratada como una mercancía; maltratada física y psicológicamente; hasta que, guiada por el brillo de su propio ser, encuentra la amistad por partida doble (en una persona y en la lectura) y decide luchar contra todo y salir de las profundidades de una manera personal y reaccionaria, demostrando que no todas las batallas se libran a golpes. Sin duda, un libro que anima a la empatía y que insufla coraje a hombres, mujeres y niños que viven tiempos de tempestad.

Parece mentira que todo este documento haya sido configurado por un intuitivo autor de apenas 23 primaveras, capaz de trasladarnos al pasado y capaz de hacernos sentir el sufrimiento y hasta el latido de la protagonista combatiente: María, peregrina de una narración directa y magistral que se agiganta gracias a los diálogos y las acotaciones realistas, sensibles y enérgicas.

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