'El Fenómeno'

'El Fenómeno'

En ocasiones, la ambientación, el misterio que envuelve a los personajes, la presencia-ausencia de una fuerza difícil de catalogar, en los límites del realismo mágico, de lo real maravilloso, y que, poco a poco, va tomando cuerpo hasta convertirse en el auténtico 'leit-motiv' de un relato, es lo que sostiene en vilo al lector, lo que hace que una novela nos pueda interesar, al margen de los propios personajes y de su correspondiente y inexcusable hilo narrativo. No son pocos los ejemplos en la historia de la novela en lengua española: desde 'La colmena' de Cela, hasta 'El hereje' de Delibes, pasando por 'Cien años de soledad', de García Márquez y 'Los premios', de Julio Cortázar. En la primera novela que publica Fernando Belzunce (Pamplona, 1976), predomina esa atmósfera de misterio propiciada por la aparición de unas extrañas pintadas -que terminan por denominarse 'El Fenómeno'-, hasta el punto de influir en el carácter y la conducta de todos los habitantes de un pueblo. Y, sin embargo, no descuida el autor trazar con mano firme unos personajes de enorme consistencia, como el narrador de esta historia, una especie de moderno antihéroe, a la manera del Mersault de 'El extranjero' de Camus, extraño e inconformista, siempre repleto de dudas existenciales, un hombre, en ocasiones, «poderoso y solo que camina por una ciudad vacía». O bien todos esos personajes secundarios, como Ahmed, Trinidad, Patricia, el Cristo, Michele o Paulino, creados de un solo trazo, con una única y certera pincelada, que nos recuerdan a las criaturas de las novelas de Pío Baroja: tan simples y vivas a un tiempo, cargando a sus espaldas una vieja historia que probablemente nunca salga a la luz y crezca en su anonimato.

JOSÉ BELMONTE

 

'La ciudad escrita' es una buena novela, llevada a cabo con enorme soltura, con agilidad y dinamismo, con el lenguaje que requiere el relato. Y es, además, una novela que, aunque se lee con enorme agrado, esconde una compleja trama, un simbolismo en ocasiones difícil de desentrañar. Un libro inquietante, donde, en no pocas ocasiones, es más importante y trascendental lo que se insinúa, lo que queda como un mero apunte, que la propia realidad de la ficción.

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