Fotografía tradicional y experiencias fotográficas

Anciana contemplando el Bando de la Huerta. / Vicent Devreux
Anciana contemplando el Bando de la Huerta. / Vicent Devreux

PEDRO SOLER

Es innegable lo que afirma Ana Regalado sobre las fotografías de Vicent Devreux, a propósito de la exposición 'Imágenes con cabeza, ojo y corazón', que puede contemplarse en el Archivo General de la Región de Murcia. Basta con repasar las fotos expuestas para percibir ese interés del fotógrafo por captar más que el panorama en conjunto, el detalle, al que inmediatamente dirigirá su mirada el espectador.

Es esta una exposición impregnada de afecto y organizada por los propios compañeros del fallecido fotógrafo belga, quien trabajó no pocos años en medios informativos de la Región. Y, pese a la emoción que ese afecto colaborador pueda aportar a la muestra, no puede negarse que las elegidas fotografías forman parte de un cúmulo, lleno de viveza y de historicidad, que, en ocasiones, marcan signos definitivos. Si la intencionalidad de Devreux, como profesional, fue captar la imagen precisa del acontecimiento, también habría que asegurar que esa imagen se convierte en preciso instante y en inolvidable situación. Por supuesto que en la exposición están presentes unas fotografías más llamativas que otras, porque no todos los momentos aportan al fotógrafo de prensa -o al simple aficionado a la fotografías, sin más urgencias que sus propios destinos- el rasgo visual que hubiese querido recoger. Podría afirmarse que en la colección expuesta se imponen el rasgo, la escrupulosidad, la ejecución puntual, se trate de rincones callejeros, de contextos momentáneos o de personajes que, en ocasiones, se muestran indiferentes, pero que también se disputan el espacio más apetecible para aparecer en la fotografía.

Otra de las más atractivas aportaciones de esta exposición es la variedad, lógica si se quiere, cuando de un fotógrafo de prensa se trata. Precisamente por esto, remueve los recuerdos, especialmente, a quienes pueden haber traspasado unas edades. Se trata de fotografías cuya realización se debate entre 1990 y 1997. Hay espacios, personajes, actividades, escenas, acontecimientos, que aportan no poca historia, tradición y recuerdos, pero también hay tomas, que sirvieron para el uso periodístico al que Devreux se debía, pero que también encierran una atemporalidad artística, un llamativo sentimiento humano; son fotos en las que se imponen no ese preciso instante de la captación periodística, sino otros detalles que las convierten, más que otra cosa, en recreación visual, sin trascendencia, llena de emotividad.

La exposición de Vicent Devreux, en el Archivo Regional, evoca momentos y enclaves llenos de historia

Y cuando se trata de personajes, Vicent Devreux quiso buscar algún rasgo que definía la personalidad de quienes tenía delante. En unos brilla su espontaneidad; en otros, su chulería o su prepotencia.

Es emocionante este repaso fotográfico porque, aunque no abarca un espacio ilimitado en el tiempo, sí nos aporta una serie de miradas llenas de desconcierto o de placidez, junto a otras que nos retratan unas vivencias políticas o, simplemente, nos evocan modos y enclaves inolvidables de nuestra tierra, aunque hayan desaparecido o estén profundamente transformados.

'Stenos Opaios', de Damián Lajara

A estas alturas, con las avanzadas técnicas fotográficas que nos envuelven, recurrir a la técnica de la fotografía estenopeica es una especie de aventura, buscando acaso comprobar cuáles son las posibilidades personales de fotografiar a gentes y entornos. Se trata, por lo que uno ha leído, de una técnica que no dispone más que de una caja con una agujero mínimo por el que penetra la imagen, y una película en la que esa imagen quedará reflejada. Además, la principal peculiaridad de este tipo de fotografía es que la visión panorámica de la toma no tiene fondo.

En Los Molinos del Río, Damián Lajara recurre a una técnica inusual para exprimir todos los recursos

Más o menos definido el tema, la exposición de Damián Lajara, en Los Molinos del Río, 'Stenos opaios', nos muestra hasta con primor las características de este tipo de fotografía. Cuando el tema es un paisaje, parece, efectivamente, que se ensancha, que no tiene límites, porque, además, aparece rodeado de un círculo sombrío que acentúa aún más la llamativa profundidad. En la exposición hay algunas fotografías -véanse 'Panorámica' o 'Monumento a la Santa Cruz'-, en las que parece imposible llegar con la vista al fondo inalcanzable. También, cuando de los retratos se trata, los personajes quedan fotografiados podría decirse que en primera fila, pero a sus espaldas también se encuentra un paisaje que, por cercano que parezca, conserva un fondo de profundidad muy perceptible.

La aventura de Damián Lajara -él sabrá por qué este recurrir a otros tiempos- se salda de un modo interesante y atractivo. Quizá se debe al amor que cualquiera puede sentir hacia un arte o una profesión, cuando exprime todos los recursos para conseguir un mayor goce.

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