Desnudos masculinos y femeninos llenan el Almudí

'El bien', de Nicolás de Maya, en el Palacio del Almudí./
'El bien', de Nicolás de Maya, en el Palacio del Almudí.

PEDRO SOLER

Parece como si hubiera querido exprimir todas sus posibilidades de estudiar el cuerpo humano. Quizá por esto, Nicolás de Maya se ha recreado en las posturas que el cuerpo puede adoptar, incluso en algunas que aparecen con poses arriesgadas y confundibles. Es una prueba más de la diversidad de características, que este artista ha seguido siempre en sus exposiciones, en las que ha insistido a base de originalidad y estilo. Porque estamos ante un autor, que no se conforma con lo que ha hecho, sino que anda siempre a la búsqueda del impacto. ¿Impacta con 'Edén', la exposición, que presenta en el Palacio del Almudí? Por supuesto que sí. Otra cosa es que Nicolás de Maya haya acertado en el gusto de todos los espectadores, cuestión imposible de controlar.

Hay obras, en las que deja ver el dominio que ejercita del realismo; en otras, se ha impuesto el sentido imaginativo sobre el cuerpo humano, aunque quizá se ha basado en signos, que no hubiesen sido necesarios -a ojos del espectador, que no en la intencionalidad del artista-, porque sin recurrir a ciertas salidas, el conjunto de la obra parece acabado con las formas más asequibles del cuerpo. Pero, como queda dicho, la inquietud de Nicolás de Maya es, posiblemente, lo que le impulsa a ir buscando constantes diferencias. Por ejemplo, en 'Impregnado', es difícil saber si lo que pretende es una precisa inclusión del tatuaje u otros síntomas difíciles de calibrar. Lo que se impone en 'Edén' es la agitación que el artista realiza sobre ese cuerpo humano, que atraviesa desde los movimientos más serenos a los más agitados, incluso con posturas, que pueden suponer un doloroso tormento.

Nicolás de Maya, en 'Edén', arriesga e impacta con su capacidad interpretativa

Y, en su afán de multiplicidad, hay óleos que en ocasiones muestran un formato hiperrealista, aunque otros asoman como si, careciesen, conscientemente, de las pinceladas definitivas. Los hay que exprimen el cuerpo en las más exóticas composturas y envueltos en colores, colocados, posiblemente, para que el ejercicio corporal captado reluzca con más energía y fortaleza. La serie 'Descubrimientos' quiere aparentar un proyecto distinto, pero sin abandonar el pleno expositivo. Y, por último, otra serie de esculturas muestran las posibilidades de Nicolás de Maya, para nuevos proyectos artísticos. Algunas -pies y manos, más que los rostros- ofertan unas sensaciones desgarradoras, y, si no tanto, si con un aspecto preocupante sobre su sentido definitivo. En resumen, 'Edén' podría desentonar, pero nunca dejar indiferentes a los espectadores.

'El camerino', de Araceli Reverte, en la planta alta del Almudí.
'El camerino', de Araceli Reverte, en la planta alta del Almudí.

'Desnudos'

En la planta alta del Palacio del Almudí se encuentran los 'Desnudos' de Araceli Reverte. Y es preciso afirmar de entrada, que no son piezas capaces de escandalizar, ni a los más puritanos, sino de expandir serenidad. En ellas, la autora ha trabajado, a base de tinta, carboncillo y lápiz, podría decirse que hasta con exquisitez.

Se palpa, incluso, que la naturalidad es una de las facetas más atractivas de la exposición, porque son desnudos basados en actitudes ejemplarmente estudiadas, para que puedan aparecer con mucha autenticidad. Y, para que nada pueda interrumpir o quebrar esa dosis naturalista, Araceli Reverte ha eludido todos los 'artificios', que acaso hubiesen convertido sus obras en más llamativas, si posible fuere, pero que, sin duda, también hubiesen restado legitimidad a cada una de las piezas.

Araceli Reverte, en 'Desnudos', transmite serenidad con sus dibujos sobre mujeres

Pueden parecer insinuaciones y podrían servir, en un momento posterior, para que reconvierta lo presente en otro tipo de piezas, llenas de otros contenidos, capaces de conseguir que los desnudos aparezcan como más provocativamente sugerentes. Pero se ha impuesto la simpleza, en el sentido no de carencia de posibilidades interpretativas, sino de lograr que con los más imprescindibles recursos, un dibujo se convierta en una certera obra de arte. Esto es fácilmente perceptible, porque no hay rostros, ni indicios sensuales, sino que, a lo largo de toda la exposición, lo que se impone es la fuerza del dibujo, que también demuestra que no se trata de una liviana improvisación; más bien, sí, hay un estudio acabado de cada una de las obras, que parece haber brotado de una intensa reflexión sobre apuntes precedentes. Todo se ha concretado en una expresividad atrayente y variada, como puede evidenciarse a lo largo de la exposición, en la que también queda claro que el desnudo, o, mejor, el cuerpo humano -en este caso exclusivamente femenino- sí es un campo que domina Araceli Reverte, porque lleva muchos años volcada en la concreción corporal, basándose en la belleza, sin olvidar la dificultad, del dibujo.

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