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Batalla de Lepanto. Obra de Mateo Gilarte y Juan de Toledo, en la iglesia de Santo Domingo de Murcia.
Ciencia

Una de viejos piratas, pero los de verdad

Una tesis financiada por el Gobierno regional a través de la Fundación Séneca desentraña la realidad y los mitos que se han creado en nuestro imaginario sobre los corsopiratas que acecharon estas costas

Sábado, 15 de noviembre 2025, 07:43

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Más allá de abordajes en alta mar en pleno Caribe que nos hemos hartado de ver en el cine, hubo un tiempo de piratas y corsarios, entre los siglos XVI y XVII, en el que estos saqueadores profesionales atemorizaron la costa mediterránea y atlántica de la península Ibérica. Fruto de esos tiempos han llegado a nuestros días desde torres y otras construcciones defensivas hasta refranes, relatos transmitidos entre generaciones e incluso celebraciones festivas. Para desentrañar cuánto de fantasía y cuánto de real tienen esos vestigios, que componen parte del acervo cultural de estas tierras, la investigadora predoctoral del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Murcia (UMU) Dolores Moreno González está inmersa en un proyecto de cuatro años, en los que se incluye su tesis doctoral. El trabajo, con financiación de la Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor, a través de la Fundación Séneca, arrancó a inicios de 2024.

La iniciativa, explica Moreno González, «estudia el fenómeno de la corsopiratería entre los siglos XVI y XVII tanto en su dimensión histórica como en sus proyecciones culturales y visuales a lo largo del tiempo». Es decir, que además de poner la lupa en las huellas que dejaron aquellos bandidos en las comunidades costeras también se centra en «la figura simbólica del corsario y su tratamiento visual», desde la Edad Moderna hasta la cultura contemporánea».

Las claves

  • Luces Entre los siglos XVI y XVII las costas peninsulares mediterráneas y atlánticas recibieron numerosas incursiones piratas.

  • Cámara Durante el siglo XIX, el Romanticismo pergeñó una visión sobre la corsopiratería que, posteriormente, productos culturales como la literatura y sobre todo el cine acabaron de moldear, alejándola de la realidad histórica que la inspiró.

  • Acción La tesis de Dolores Moreno pretende desentrañar el imaginario configurado en torno a la corsopiratería de la Edad Moderna en las áreas atlánticas y mediterráneas de la península Ibérica.

No se trata de elaborar una cronología de ataques, aclara Moreno González, «sino de construir una cartografía cultural simbólica que conecte episodios históricos reales con sus proyecciones culturales y visuales». Aquí entran desde grabados, pinturas y esculturas hasta expresiones literarias, teatrales y operísticas, e incluso «narrativas transmediáticas como el cine, los videojuegos, el cómic y otras manifestaciones artísticas», aclara.

Existe un imaginario que presenta a los corsarios ingleses, por ejemplo, «a menudo como caballeros de mar, patriotas elegantes; mientras que los berberiscos son retratados como bárbaros y fanáticos». La experta aclara que es una dicotomía que no responde a la realidad, «sino a una visión eurocéntrica que ha marcado el relato histórico».

Es un imaginario con raíces en el Romanticismo que se consolidó a lo largo del siglo XX mediante el cine, la literatura y productos culturales masivos, explica la especialista. «Incluso la ópera (como 'Il Corsaro de Verdi') contribuyó a modelar una imagen trágica y heroica del pirata, desconectada de su contexto histórico». Todo este aparato simbólico ha dado lugar a una iconografía potente, coherente y globalizada, «pero profundamente ficticia», revela. Más que documentos del pasado, «estas imágenes actúan como proyecciones contemporáneas: espejos del presente que revelan tanto lo que idealizamos como lo que preferimos olvidar».

Torre del Rame, en Los Alcazares, empleada frente a los piratas. DM

Realidades, mitos y violencia

El proyecto de Dolores Moreno, de extenso título ('Cartografía de la corsopiratería en la Edad Moderna: incursiones y repercusiones en territorio hispánico. Realidades, mitos y violencia en la construcción visual del imaginario colectivo'), se centra en el Mediterráneo y el Atlántico peninsular, a los que la investigadora califica de «escenarios muy activos [de este fenómeno], pero escasamente representados en comparación con el Caribe».

En palabras de la investigadora, en el área objeto de su estudio fueron continuas las «incursiones, conflictos marítimos y experiencias culturales que aún perviven en la memoria de muchas regiones». Este espacio «geográfico y simbólico», menos estudiado desde la cultura visual, permite explorar, afirma, «cómo se construyeron relatos en torno al 'enemigo' o el 'otro', y cómo esas imágenes circularon, se reprodujeron o se transformaron a lo largo del tiempo».

El objetivo principal es analizar cómo se ha plasmado en el imaginario colectivo la corsopiratería. Se trata, abunda su artífice, de indagar en «el papel que estas imágenes han desempeñado en la configuración de una memoria parcial (frecuentemente estereotipada) de nuestra historia marítima». Para lograrlo, continúa, «se ponen en relación con discursos de poder, identidad y alteridad, indagando qué relatos se han transmitido, qué se ha distorsionado y qué se ha silenciado». A su juicio, las representaciones que han llegado hasta nuestros días de aquellas incursiones, a través de museos, fiestas populares e incluso rutas turísticas evocadoras de aquellos episodios, por ejemplo, «lejos de ser neutras, configuran una memoria colectiva que muchas veces simplifica, exotiza o distorsiona la figura del corsario y los hechos históricos que rodean este paradigma».

El Mediterráneo y el Atlántico peninsular fueron «escenarios muy activos, pero escasamente representadas en comparación con el Caribe», explica la experta en piratería Dolores Moreno

La imagen de aquellos malhechores, añade, se ha visto eclipsada por algunos tópicos o clichés asociados a la imagen conceptual y física del corsario y del pirata, «amplificada por el cine, la literatura y otras narrativas culturales». Sin embargo, advierte, rara vez se ha analizado el fenómeno desde una perspectiva que combine historia del arte, cultura visual y análisis crítico de la memoria colectiva. Ahí es donde profundiza su proyecto. «Analizar estos discursos visuales sin filtros románticos permite no solo revisar y repensar el pasado, sino también cuestionar cómo lo seguimos reimaginando en el presente», desgrana.

La historiografía sobre piratas y corsarios (éstos son los que practicaban la piratería de forma legal, al servicio de un gobierno) es ya amplia, explica la especialista, sobre todo desde enfoques como los de historia naval, económica o jurídica. Ahí abundan autores como Braudel, Azcárraga o Martín Corrales, que han estudiado en profundidad el contexto mediterráneo. Y también, desde el ámbito anglosajón, existen figuras como Marcus Rediker, Peter Linebaugh y David Cordingly, que han aportado perspectivas más sociales o culturales. «Sin embargo», previene, «son escasos los estudios que aborden el fenómeno desde la historia del arte y la representación visual en el ámbito hispánico».

La imagen del corsario

Sí existen análisis centrados en batallas, como la de Lepanto, o en la iconografía de almirantes y héroes militares, «pero pocas investigaciones sobre la imagen del corsario en la cultura visual, y aún menos con enfoque de género». En este punto, revela, «es donde mi trabajo busca aportar algo nuevo». El análisis del papel de las mujeres en este fenómeno, profundiza, «revela un panorama mucho más complejo y rico del que suelen mostrar las narrativas convencionales. Las mujeres, tradicionalmente relegadas a un papel pasivo en el relato histórico, aparecen aquí como protagonistas activas en múltiples niveles: desde la estrategia y el poder político y logístico hasta la resistencia civil o la experiencia del cautiverio». Y pone por caso el de la líder corsaria del siglo XVI Syyida al-Hurra, del norte de Marruecos, o María Pita, defensora de La Coruña frente a los ataques ingleses de Francis Drake.

«Analizar estos discursos visuales sin filtros románticos permite repensar el pasado y cuestionar cómo lo seguimos reimaginando en el presente», desgrana la investigadora

La tesis, dirigida por las catedráticas de la UMU María Teresa Marín Torres y Concepción de la Peña Velasco, se enmarca en la actividad de la conocida como Red Columnaria, conformada por un grupo de investigadores especializados «en los mundos ibéricos y sus representaciones culturales», y que cuenta igualmente con el apoyo de la Fundación Séneca. Además, forma parte del proyecto más amplio denominado Hispanofilia V, «que estudia cómo se ha configurado la imagen de lo hispánico dentro y fuera de la Península en contextos de conflicto o frontera».

Esta investigación, describe su autora, «se orienta a visibilizar figuras históricas marginadas (como las mujeres en un contexto predominantemente masculino y a examinar cómo ciertas formas de violencia han sido estetizadas en los relatos visuales». Con ella, la doctoranda se ha propuesto «desplazar el foco del Caribe hacia escenarios menos explorados como el Mediterráneo y el Atlántico peninsular y abrir así nuevas preguntas sobre qué mitos seguimos perpetuando al representar nuestro pasado marítimo». Se trata de que la historia nos devuelva la imagen real que nos ha robado la cultura y el paso del tiempo de aquellos desvalijadores profesionales.

Más riesgo que beneficio para unos bandidos que sí dejan dinero ahora

Dolores Moreno consultando un archivo en Madrid. Cedida

Entre los numerosos tópicos «profundamente arraigados» en torno a la figura del corsario, la historiadora del Arte Dolores Moreno destaca, como uno de los más persistentes, «la figura del pirata romántico». Con frecuencia se le ha descrito como un ser «libre, aventurero, transgresor, buscando tesoros con animales exóticos como loros al hombro y parche en el ojo», detalla esta especialista centrada en una tesis sobre el imaginario creado en torno a la corsopiratería en la Edad Moderna. El detalle del parche, por cierto, tiene justificaciones prácticas, «como mantener un ojo adaptado a la oscuridad de la bodega», pero, como otros tantos en este ámbito, «se ha convertido en símbolo casi caricaturesco». Figuras como la creada por el actor Burt Lancaster en el cine clásico anticiparon una mezcla de humor, ironía y ambigüedad que luego consolidó el famoso personaje de Jack Sparrow, interpretado por Johnny Depp en las películas de la serie 'Piratas del Caribe'. La investigadora alude a otro cliché: «El del botín desmesurado: la idea de cofres rebosantes de monedas y joyas». Moreno admite que sí se produjeron «saqueos de enorme impacto», pero resultaba mucho más común las incursiones que apenas generaban beneficios. «De hecho, el riesgo solía superar las ganancias». «Lo que sí es cierto», añade, «es que el mito del tesoro ha alimentado no solo novelas y películas, sino también toda una economía simbólica muy rentable».

Otro aspecto «revelador», es el modo en el que se ha representado a los distintos piratas, con corsarios ingleses elegantes y caballerosos y berberiscos bárbaros y fanáticos, lo que evidencia la «visión eurocéntrica que ha marcado el relato histórico» sobre corsarios y piratas.

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