José Belmonte Serrano: «La escritura a mano te permite también activar el pensamiento, que va al ritmo de tu mano»

José Belmonte Serrano: «La escritura a mano te permite también activar el pensamiento, que va al ritmo de tu mano»

Investigador principal del grupo 'Creación Literaria y Artística. Animación a la Lectura' (CLYA) de la Universidad de Murcia

MARÍA JOSÉ MORENO

Ramón José Sender Garcés fue propuesto al Premio Nobel de Literatura, y su novela 'Réquiem por un campesino español' es considerada una de las mejores obras en español del siglo XX. En 1939, Sender se exilió a Estados Unidos, donde se le concedió la nacionalidad estadounidense. Cuarenta años después, Castillo-Puche fue el comisionado encargado de su regreso, pero Sender murió poco antes de lograrlo. Recientemente, el investigador principal del grupo 'Creación Literaria Y Artística. Animación a la Lectura' (CLYA) de la Universidad de Murcia, José Belmonte Serrano, ha publicado un estudio en la revista americana de mayor difusión en humanidades, 'Hispania', basado en nueve cartas inéditas de Ramón J. Sender a José Luis Castillo-Puche, y en el que desglosa un material que se ha convertido en herencia político-social y literaria del autor.

-Ya su tesis doctoral estuvo dedicada a José Luis Castillo- Puche, ¿qué encuentra de interesante en él?

-Fue un escritor fundamental dentro de la llamada Generación de Posguerra o de los cincuenta. Irrumpió en el mundo editorial con mucha fuerza, y fue un digno representante del tremendismo que inaugura en los años cuarenta Cela con 'La familia de Pascual Duarte'. Sus inicios, con 'Con la muerte al hombro' y 'Sin camino', removieron el tranquilo panorama de la narrativa española. La primera de esas novelas sorprendió a un escritor como Hemingway, que, a partir de entonces, se convirtió en su gran amigo. Después, con la Trilogía de la liberación, con una de cuyas novelas obtendría el Nacional de Literatura, dejó constancia de que es un escritor único en su género, irrepetible.

«No son simples cartas de amistad. Al leerlas me di cuenta de que hablaban de asuntos polémicos»

-¿Dónde encontró las cartas?

-Yo sabía de la existencia de esas cartas porque me lo contó en varias ocasiones la viuda de Castillo-Puche, Julia Figueira, quien se negó varias veces a vendérselas a alguna universidad de los Estados Unidos, que le ofrecían un buen dinero. Después, cuando Castillo-Puche y Julia murieron, casi me olvidé del asunto. Pero tuve la fortuna de que un conocido hispanista estadounidense de la Universidad de Texas, Douglas LaPrade, buen amigo mío, me pidiera que lo acompañara a Yecla, a la Fundación Castillo-Puche, a buscar cartas de Hemingway dirigidas al novelista yeclano en los años cincuenta, para incluirlas en las Obras completas de Hemingway que estaban ya en marcha. Fuimos juntos a Yecla y le ayudé en sus pesquisas, que fueron fructíferas. Y en esa búsqueda, en una de casi el centenar de carpetas que teníamos ante nosotros, encontré esas cartas de Sender.

-¿Desde el primer momento supo lo que tenía en sus manos?

-Sí, desde luego. No son simples cartas de amistad. Al leerlas a toda prisa para ver de qué trataban me di cuenta de que Sender hablaba de asuntos un tanto polémicos, como la monarquía, la banda terrorista ETA, del futuro de la democracia en España, de Franco, del comunismo, etc. Eran cartas en las que se descubre al Sender de siempre, pero expresado con sus propias palabras, en primera persona.

-¿Cuánto tiempo le ha llevado el estudio?

-Antes de redactar el artículo tuve que recurrir a una amplia bibliografía, como, por ejemplo, las numerosas cartas, ya publicadas, que se enviaron Sender y Carmen Laforet, y a algunas conocidas biografías de Sender. Estuve unos meses investigando, recopilando bibliografía, pero la redacción del artículo, en torno a unos 20 folios, fue rápida, las palabras salían solas, tenía muy claro lo que quería decir y también tengo mucha experiencia en artículos de esta clase.

«Internet ha revitalizado el género epistolar. Está por ver quién va a guardar ese material»

-¿En qué ha consistido su trabajo con ellas?

-He tratado, en primer lugar, de desentrañar su contenido y contextualizarlo. También he tenido muy en cuenta la época en la que está redactada cada una de ellas, puesto que hay más de una década entre la primera y la última. He tenido que informarme de muchos de los personajes que cita. La mayoría son conocidos, como don Juan Carlos o Adolfo Suárez, pero otros nombres eran desconocidos por mí.

-¿Qué se desprende de la lectura de las misivas?

-Con la lectura de estas cartas se desprende, en primer lugar, que Sender, a pesar de tener la ciudadanía americana, estaba muy preocupado por España, por la nueva democracia, por lo que había ocurrido en el pasado, con la dictadura. Y también reniega de su pasado comunista, alegando que las cosas ya no son como eran al principio. También ronda por su cabeza, de manera constante, la posibilidad de regresar a España, de volver a vivir entre nosotros, y le preocupa la cuestión económica, lo que va a pasar con su dinero, con sus dólares.

-Cada vez son menos las personas que escriben cartas manuscritas. De la mano de Internet y las nuevas tecnologías, se han visto sustituidas por el correo electrónico. Su trabajo será imposible en unos años.

-Internet ha revitalizado el género epistolar. Pero es cierto que está por ver quién va a guardar todo ese material acumulado en un ordenador. La carta manuscrita tiene un encanto que no puede hallarse de ningún otro modo. Es la propia mano del escritor que se ha posado sobre ese papel concreto, con su pluma... Resulta una especie de geografía del corazón, en donde podemos adivinar los pensamientos de quien escribe esas cartas.

-¿Qué más se pierde al dejar de escribir a mano?

-Se pierde una vieja costumbre que se remonta a decenas de siglos. A una tradición que parece haber llegado a su fin. A una costumbre que tenía algo de ritual.

-En los últimos años se ha puesto varias veces sobre la mesa la posibilidad de que en los colegios se deje de enseñar a escribir a los niños y solo se les enseñe a teclear, a pesar de que numerosos estudios han demostrado que al escribir se generan conexiones neuronales que afectan a otros ámbitos de la vida. ¿Cuál es su opinión al respecto?

-Sería un error reducir la expresión escrita al contacto con un ordenador, con una máquina. La escritura a mano te permite también activar el pensamiento, que va al ritmo de tu mano.

Cultura del libro

-Usted vive rodeado de libros, ¿qué piensa de las casas de hoy en día en las que los libros brillan por su ausencia?

-Nací en una casa en donde había un único libro muy casto dedicado a la sexualidad que alguien debió regalar a mis padres cuando se casaron. Después, a partir de los 15 años, empecé a dejar de ir al cine para comprarme libros baratos, ediciones de bolsillo que leí con fruición. Luego he ido dedicando una parte de mi sueldo a comprar libros, hasta lograr reunir más de cinco mil en mi casa. Hay quien compra libros para decorar estanterías solamente. Pero eso también es bueno. La visión de un libro da tranquilidad al espíritu. Pienso que es una pena que no exista una cultura del libro, que la gente sepa por fin que se trata de algo muy útil y, al mismo tiempo, de un artefacto mágico, capaz de conseguir conocer mejor el mundo y a uno mismo.

-¿Y la lectura en formato electrónico, es comparable a leer un libro en papel?

-En absoluto. Me niego a emplear el formato electrónico para leer. Los libros son caros y, sobre todo, muy pesados para echarlos en una maleta y viajar con ellos. Pero, aun así, prefiero poner menos ropa en la maleta a favor de unos cuantos volúmenes más.

-Aunque lo más importante es leer, ¿no? Sea en el formato que sea y cuando sea.

-Leer. Leer siempre, y lo que sea, y en cualquier lugar, a cualquier hora. A mis propios alumnos, a los que no son lectores, les recomiendo leer, incluso, los periódicos deportivos. La lectura te lleva a otra lectura. Quién sabe si a partir de la lectura de un artículo sobre una estrella del fútbol se podrá llegar al mismísimo 'Quijote'.

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