Elogio y reivindicación de la fricción

En general, la fricción (realmente, la fuerza de fricción -o de rozamiento, como también se conoce-) no goza de buena fama y se piensa que debe eliminarse (o reducirse). Esto se debe a que la fricción se asocia con algo negativo (porque ocasiona más consumo de combustible, la carne se adhiere a la sartén...). Sin embargo, la fuerza de fricción resulta imprescindible en nuestra vida cotidiana. Y, casi, me atrevería a decir que su existencia nos reporta más beneficios que perjuicios.

La fuerza de fricción se opone al movimiento de un cuerpo en el seno de un fluido (la sufre un coche, un tren o un avión al moverse a través del aire) o al desplazamiento relativo entre dos superficies en contacto (por ejemplo, al intentar arrastrar un frigorífico o una lavadora sobre el suelo de una casa, algo bastante habitual en las mudanzas). Me ocuparé del rozamiento que aparece en el segundo caso: cuando hay desplazamiento relativo entre dos superficies en contacto. Esta fuerza depende de los materiales (madera con metal, goma con baldosa...) a través de lo que se denomina coeficiente de fricción. Y también depende de la fuerza perpendicular entre ambas superficies. Cuanto mayor sea cualesquiera de estos factores (el coeficiente de fricción o la fuerza perpendicular), mayor será la fuerza de rozamiento.

Mis argumentos a favor de la denostada fuerza de fricción se basan en los ejemplos que expongo a continuación. En todos ellos es necesaria la intervención del rozamiento.

Una forma de obtener fuego consiste en frotar una varilla de madera sobre una tablilla con hojas secas (método todavía empleado por algunos pueblos primitivos); el calor producido gracias al rozamiento sirve para generar la llama. La escritura con lápiz y el borrado con goma no serían posibles si el grafito de la mina (o la goma) no rozara con el papel; de forma similar se escribe con tiza en una pizarra. El gesto cotidiano de humedecerse los dedos para pasar páginas de un libro (¿quién no recuerda la novela 'El nombre de la rosa'?) se realiza porque así aumenta el coeficiente de fricción entre los dedos y el papel. Nos privaríamos de la música de los instrumentos de cuerda frotada, en los cuales se aplica resina a las cerdas del arco para aumentar la fricción. Los ejercicios gimnásticos en barras no serían posibles si entre las manos y las barras no hubiera rozamiento (que aumenta poniéndose un polvo blanco formado por carbonato de magnesio). La modesta zambomba (y la pandereta restregando su parche) tampoco sonarían. Y, para no extenderme, finalizo recordando que gracias a la fuerza de fricción caminamos y cogemos objetos.

Por todo ello, quiero reivindicar el importante papel que tiene el rozamiento en nuestras vidas cotidianas.

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