Discapacidad y emprendimiento, un tándem que necesita impulso

Los investigadores de la Universidad de Murcia Pilar Ortiz y Ángel Olaz. / Nacho García / agm
Los investigadores de la Universidad de Murcia Pilar Ortiz y Ángel Olaz. / Nacho García / agm

Investigadores de la UMU y la UPCT estudian cómo potenciar las capacidades emprendedoras de los discapacitados

MARÍA JOSÉ MORENO

Se calcula que un 4,6% de la población española en edad de trabajar tiene algún tipo de discapacidad, lo que supone 1.400.000 de personas. Los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), en la Encuesta sobre Empleo a personas con Discapacidad del año 2016, revelaban que la tasa de actividad de las personas con discapacidad era del 32%, frente a la de personas sin discapacidad que superaba el 78%. Misma tendencia que se presentaba en la tasa de empleo y que, en correspondencia, la tasa de paro en personas con discapacidad superaba en 9,1 puntos porcentuales a la de las personas sin discapacidad.

Todos esos datos llevaron a un grupo de investigadores del Campus Mare Nostrum (CMN), compuesto por profesionales de la Universidad de Murcia y la Universidad Politécnica de Cartagena, a poner en marcha en 2016 el proyecto 'Discapacidad y Emprendimiento. Análisis Competencial' con la ayuda del Ministerio de Economía y Empresa, y que finaliza a finales de año.

El equipo partía de la hipótesis de que cualquier persona con o sin discapacidad necesita adquirir, estimular y desarrollar un conjunto de conocimientos, capacidades y habilidades ante un proceso de emprendimiento ya sea por oportunidad o necesidad. «Incorporar este conjunto de competencias socioemocionales son claves en el diseño, puesta en marcha y desarrollo de un modelo de negocio, y este aspecto ni puede, ni debe improvisarse», como explica Ángel Olaz, profesor del departamento de Sociología de la Universidad de Murcia e investigador principal del proyecto junto con Pilar Ortiz, del mismo área.

«Todavía estamos hablando de inclusión cuando debería ser algo normal»

Es ella quien apunta que «en relación con el mercado de trabajo, hay una gran diferencia en el colectivo de personas con discapacidad y es su menor actividad. Según los datos que publica el Instituto Nacional de Estadística, en cuanto al empleo de las personas con discapacidad, en 2016, solo un tercio del colectivo es laboralmente activo (35,2% frente al 78% de las personas sin discapacidad), lo que representa un elemento clave a considerar en cualquier medida de promoción de su integración sociolaboral».

Y añade: «Los datos de empleo no son mejores: la tasa de empleo de las personas sin discapacidad (62,8%) es prácticamente el triple que las de las personas con discapacidad (25,1%), mientras que el desempleo entre estos últimos es diez puntos superior al de las personas sin discapacidad. Los datos específicos sobre empleo autónomo, asimilable al emprendimiento, también son menores entre el colectivo de personas con discapacidad (12% frente al 16,7% del empleo autónomo de las personas sin discapacidad)».

«Haría falta que existieran unidades especializadas dedicadas a atender a estas personas»

En definitiva, estos datos indican la mayor vulnerabilidad del colectivo en el mercado de trabajo y la necesidad de incidir en iniciativas que conduzcan a una mejor y mayor inserción laboral.

El objetivo final del trabajo es desarrollar un algoritmo que permitiría que la persona, a través de una serie de cuestiones, llegara a autoevaluarse y saber cuál es su perfil competencial para así detectar qué competencias debe reforzar (trabajar en equipo...).

Esto sería de gran utilidad para saber qué pueden estudiar, en qué pueden mejorar... Algo que les puede permitir conocer sus debilidades y fortalezas, «pero lo más importante - apunta el profesor de la UMU- es ver de qué modo es factible el empoderamiento en primera persona a través del propio reconocimiento de sus competencias socioemocionales. Estas cuestiones unidas a su aplicabilidad en la gestión de recursos humanos en procesos claves como el de reclutamiento y selección; formación y, también, desarrollo profesional, plan de carreras lo convierten en un elemento atractivo para el empresariado».

Solo un tercio de las personas con discapacidad en edad de trabajar lo hace

El proyecto en su conjunto presenta dos etapas diferenciadas: la cualitativa y la cuantitativa. Durante la cualitativa se comienza por identificar las principales dimensiones inhibidoras del emprendimiento en personas con discapacidad. A través de la Técnica de Grupo Nominal varios colectivos implicados, como son personas con discapacidad, técnicos de la Administración, técnicos de asociaciones y personal directivo de las mismas, les permiten conocer cómo los factores institucionales-legales, personales-psicológicos, socio-económicos, culturales y educativo-formativo, son claves en la comprensión del fenómeno.

Competencias claves

A continuación, y en esta fase cualitativa, los investigadores profundizaron en un conjunto de 18 competencias socioemocionales claves para acometer el proceso de emprendimiento. «Los resultados nos indican que competencias como la adaptabilidad (flexibilidad ante los cambios), la iniciativa (disposición para actuar sobre las oportunidades que se presentan) y el optimismo (capacidad para insistir en la consecución de objetivos pese a obstáculos) tienen un mayor peso explicativo que otras como la influencia (implantar actividades orientadas a la persuasión)», en palabras de Olaz.

Las estadísticas apuntan a una mayor vulnerabilidad del colectivo en el mercado laboral

Finalizando la parte cualitativa, quisieron seguir profundizando en la interpretación de estos resultados iniciales a través de personas emprendedoras con discapacidad y experiencia emprendedora. En la parte cuantitativa han finalizado recientemente una encuesta a nivel nacional en la que de nuevo se han interrogado sobre esta misma cuestión, es decir, qué competencias moderan y vehiculizan el emprendimiento. Con el objetivo de, a través de dos métodos, el cuantitativo y cualitativo, obtener una visión complementaria e integradora del fenómeno del emprendimiento.

Los investigadores de CMN han trabajado a partir de un modelo de medición competencial ampliamente contrastado y que les permitiría establecer comparativas con otros estudios que se están realizando en otros países del área anglosajona. En concreto, han abordado cuatro dimensiones de análisis, como son el autoconocimiento personal, autogestión, conciencia social y la gestión de las relaciones. Este conjunto de cuatro grandes enfoques, les permiten bajar al detalle de 18 competencias asociadas, como son conciencia emocional, autoevaluación, autoconfianza, autocontrol emocional, transparencia, adaptabilidad, logro, iniciativa, optimismo, empatía, gestión de conflictos y trabajo en equipo por citar solo algunas.

Y todo ello entendiendo el emprendimiento como «aludir al diseño, desarrollo e implantación de un modelo de negocio como resultado de aunar a las facultades intelectuales, un conjunto de competencias personales y profesionales», tal y como lo define Pilar Ortiz.

El estudio del emprendimiento en personas con discapacidad hace reparar en las singularidades que este fenómeno presenta sobre un colectivo notablemente heterogéneo y en el que, aun considerando las clasificaciones comúnmente presentadas, obliga a matizar aspectos relacionados con cada uno de ellos.

Dice la investigadora que «desde esta perspectiva, el emprendimiento requiere de cierta autonomía personal y no tanto de una labor de acompañamiento por parte de personas sin discapacidad».

«La perspectiva de este trabajo quiere poner el foco de atención en el emprendimiento que desarrollan aquellas personas con discapacidad física y/o sensorial que, bien estén desarrollando una actividad emprendedora, se encuentren en trance de realizarla o, por el contrario, no se lo hayan planteado hasta el momento».

Dado que el colectivo objeto de estudio del proyecto es el de personas con discapacidad física y orgánica, la participación de algunas de estas personas ha sido clave para la consecución de resultados.

Apunta Ortiz que «dentro de este colectivo, la condición de ser emprendedores es importante, pero no nos hemos limitado exclusivamente a aquellas personas que han materializado la idea de emprendimiento, sino que también han formado parte del estudio los que tienen intención de emprender o bien aquellos que emprendieron y han abandonado la actividad o los que no se lo pueden plantear. Las razones de abandono de la actividad emprendedora o la imposibilidad de realizarla, si bien no son el objetivo fundamental del análisis, son también importantes para comprender la problemática que envuelve al emprendimiento en este colectivo».

Una colaboración en la que ha sido fundamental la colaboración de la ONCE y de un modo destacado otras asociaciones como son CERMI y Famdif-Cocemfe que han hecho posible acceder a sus asociados y conocer de primera mano la labor que desarrollan estas organizaciones en las que «el trabajo callado y continuo es ejemplar», según los investigadores.

Las entrevistas realizadas a las personas emprendedoras con algún tipo de discapacidad han permitido identificar los aspectos diferenciales en el emprendimiento de este colectivo. Señala Pilar Ortiz que «una primera conclusión tras el análisis de su discurso, es que las cuestiones de carácter económico y laboral son determinantes en una actividad de este tipo. En realidad, ello no supone una diferencia significativa con respecto a las inquietudes emprendedoras que pueden animar a una persona sin discapacidad hacia esa misma intención, la diferencia estriba, según el discurso de los entrevistados, en las mayores dificultades a las que se enfrenta el colectivo en el mercado de trabajo y en la consecución exitosa de un empleo. Este dato pone de manifiesto que la diferencia en el emprendimiento no estaría en el colectivo, sino, una vez más, el problema tendría una lectura y proyección social».

El hecho diferencial también parte de las dificultades adicionales para acceder a los recursos, ya sean de carácter formativo o informativo. Un hecho que, además, se ve dificultado por las trabas burocráticas que acompañan el inicio de una actividad empresarial.

De igual modo es relevante, como factor diferenciador, la propia discapacidad y no solo frente al colectivo de personas sin discapacidad, sino dentro del primero. «El grado, o el hecho de tratarse de una discapacidad de nacimiento o sobrevenida, marcan diferencias respecto a las posibilidades de llevar a cabo con éxito una actividad emprendedora», según la investigadora.

Por último, las competencias de carácter psicológico, como pueden ser la autoconfianza y la seguridad son elementos que deben estar presentes cuando se trata de una actividad que entraña riesgo -como es el emprendimiento- independientemente del colectivo del que se trate. No obstante, en el caso de personas con discapacidad adquieren una especial relevancia, dadas las limitaciones a las que están sometidas en uno u otro grado.

¿Y cómo estos resultados pueden ayudar a las personas con discapacidad a emprender? Pues, asegura la profesora de la Universidad de Murcia, que «las diferencias mencionadas con anterioridad son un reto sobre el que iniciar la tarea de aproximación de las condiciones entre el colectivo de personas con discapacidad. Corresponde a los agentes sociales, ya sean Administración, técnicos, profesionales, familiares y, en general, a la sociedad en su conjunto seguir profundizando en medidas que tienen sus principales frentes en los siguientes aspectos: la introducción de medidas conducentes a mejorar la accesibilidad del colectivo de personas con discapacidad (en materia de información y formación) respecto a los recursos públicos y privados disponibles; la adaptación de puestos a personas con discapacidad, todo ello, partiendo de la necesaria individualización de las acciones, en función de las peculiaridades que presenta cada tipo de discapacidad; la potenciación de acciones y programas en los que se dé a conocer el emprendimiento de personas con discapacidad, contribuyendo con la información a incrementar la relevancia del hecho emprendedor en este colectivo y, con ello, su seguridad y autoestima; y continuar las tareas de formación e información social que contribuyan a un mejor conocimiento del colectivo de personas con discapacidad y mejoren su nivel de aceptación social y confianza en sus capacidades».

Necesidad

Se trata de acciones, todas ellas propias de una sociedad que debe valorar sus recursos humanos y el gran potencial que representa las personas para las que el emprendimiento supone -además de la posibilidad de acceder al mercado laboral y materializar una idea de empresa-, un avance en la autonomía y seguridad personal.

Destacan los responsables del proyecto que «hay más de necesidad que de oportunidad en el hecho de que personas con algún tipo de discapacidad se decidan a emprender, por lo que la mayoría desearía tener estabilidad en un trabajo. Todavía estamos hablando de inclusión cuando debería ser algo normal. Para ellos el acceso a la financiación puede ser más dificultoso».

En su opinión, «la administración debería implicarse mucho más, pues se trata de una cuestión de sensibilidad y en eso las administraciones deberían tenerlo más en cuenta e invertir en ello. La 'trampa' de todo esto es que el Gobierno se cree que con poner dinero es suficiente pero haría falta que existieran unidades especializadas dedicadas a atender a este tipo de personas. Tampoco hay profesionales expertos para atender a estas personas en instituciones como el SEF» y aseguran que «el debate contra la inclusión hacia una normalización sería el cambio de paradigma».

Hasta la fecha el equipo compuesto por 18 de investigadores pertenecientes a la Universidad de Murcia (departamentos de Sociología, Organización de Empresas y Finanzas, Hacienda y Economía del Sector Público y Economía Aplicada) y dos compañeras de la Universidad Politécnica de Cartagena pertenecientes al departamento de Economía de la Empresa, centra gran parte de su atención en el estudio del emprendimiento por competencias en colectivos vulnerables.

Hace tiempo que trabajan en torno al colectivo de la mujer y ahora en el de personas discapacitadas (sensoriales, físicas y orgánicas). Por los datos que van obteniendo las particularidades son propias de cada una de estas realidades, no así el diseño y desarrollo metodológico, que les permitiría replicar su trabajo en otros ámbitos como el de la población inmigrante, parados de larga duración y otros tantos colectivos afines en riesgo de exclusión social. Por lo que no lo descartan.

Más