Desmontando la homeopatía con química básica

Desmontando la homeopatía con química básica

Si no existe ninguna prueba de su eficacia más allá del simple efecto placebo, cómo es posible que se permita su venta en farmacias

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

En los últimos años se ha producido un preocupante auge de las pseudociencias, entendiéndose estas como aquellas afirmaciones, creencias o prácticas que son presentadas incorrectamente como científicas ya que no cumplen con un método científico válido y no pueden ser comprobadas de forma fiable al carecer de estatus científico. Estas pseudociencias, entre las que se encuentran la bioneuroemoción, el reiki, las flores de Bach, etc., no solamente no han demostrado ningún rigor científico sino que, a veces, pueden suponer un problema para la salud de sus seguidores más allá del despilfarro económico. Me refiero a aquellas ocasiones en las que el ciudadano decide sustituir la medicina efectiva por este tipo de tratamientos.

Como uno de los objetivos de la divulgación es combatir el nulo rigor científico de las pseudociencias usando la ciencia como herramienta, hoy emplearé los principios más elementales de la química para desmontar una de las pseudociencias más conocidas, la homeopatía, una terapia alternativa basada en la obra de Samuel Hahnemann titulada 'Organon der Rationellen Heilkunde' y que se publicó en 1810.

Todos los productos homeopáticos llevan una etiqueta que indica el número de diluciones que se han efectuado con la llamada cepa homeopática o 'materia prima' de las preparaciones. Algunos preparados homeopáticos llegan a diluciones que, en su jerga, se denominan 30 CH, obtenidos a partir de auténticos venenos para el organismo humano como el arsénico, venenos de serpientes o la belladona. Uno de los más famosos es el café crudo homeopático 30 CH. Eso quiere decir que la cepa homeopática, que suele tener una concentración inferior a 1 M (molar), se ha diluido treinta veces sobre la base de un procedimiento que consiste en coger una parte de la cepa, diluirla en 99 partes del diluyente (generalmente agua), coger una parte de esa nueva concentración y diluirla en 99 partes de diluyente y, así sucesivamente, hasta treinta. Según la ley de los infinitesimales de Samuel Hahnemann, el padre de la homeopatía, «cuanto menos mejor». Incoherente desde el punto de vita científico.

Como bien explica el catedrático de Química-Física de la Universidad del País Vasco J.J. Iruín, cualquier estudiante de Bachillerato puede llegar a concluir que cuando el medicamento contenga en su etiqueta denominaciones como 11 CH o 12 CH, la concentración molar anda entre 10 elevado a -22 y diez elevado a -24 molar. Y diez elevado a -60 M para el caso de los 30 CH. Y otro de los conceptos de química que cualquier estudiante conoce es el ligado al llamado número de Avogadro, que aunque establecido en 1811, no vio reconocida su validez con datos experimentales hasta 1860. En un mol de cualquier sustancia hay 602.300.000.000.000.000.000.000 átomos o moléculas de esa sustancia.

Estos datos reflejan claramente que a partir de concentraciones como 10 elevado a -24 molar podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que en la disolución no existe ningún átomo o molécula del principio activo. Entonces, ¿qué tendremos a una concentración 10 elevado a -60 M, como la de los preparados 30 CH ? Agua o lactosa (los ingredientes habituales de los preparados homeopáticos) pero NADA de principio activo.

Apliquemos todos estos conocimientos al caso de algunos productos homeopáticos comercializados como 30CH. En la publicidad de muchas marcas homeopáticas de café crudo leemos que su ingrediente activo es el 'Café crudo 30C' mientras que los ingredientes inactivos son la lactosa y la sacarosa. Como les he dicho anteriormente, una preparación homeopática a 30C supone una dilución 1060, es decir, estamos hablando de una dilución de uno entre 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000. ¿Y eso qué implica? Veamos.

Cafeína

La Autoridad Alimentaria de Seguridad Alimentaria ha establecido en 75 mg de cafeína el umbral mínimo para que tenga efecto sobre diferentes procesos cognitivos y en 3-4 miligramos de cafeína por kilo de peso para que la cafeína sea eficaz en el rendimiento deportivo. Debido a que una dilución 30C de un mg de cafeína provoca, según les he demostrado anteriormente, que este alcaloide ya no se encuentre en el café crudo homeopático, es imposible que exista cualquier efecto debido a la cafeína. Con el mismo procedimiento se puede desmontar fácilmente cualquier producto homeopático. La concentración del principio activo se encuentra siempre por muy debajo (o no existe) del umbral al que ha demostrado su eficacia, por lo cual su efectividad es nula.

Los defensores de la homeopatía se aferran a la surrealista memoria del agua (una supuesta propiedad del agua según la cual las moléculas del agua almacenan las propiedades curativas de un compuesto homeopático sometido a diluciones en serie durante su preparación) para explicar las propiedades curativas que atribuye la homeopatía a sus preparados, aun cuando en estos no exista ni una molécula de principio activo. Jamás nadie ha demostrado que la memoria del agua exista.

Estimados lectores, unos simples cálculos químicos que conoce cualquier estudiante de carreras de ciencias (incluidas Medicina y Farmacia), han bastado para desmontar una de las pseudociencias más conocidas. Que no les confundan. La homeopatía, según definen las Academias Nacionales de Ciencias de los Estados Miembros de la Unión Europea, tiene nula evidencia científica y representa un riesgo significativo para los pacientes. De hecho, el presidente de la Organización Médica Colegial ha avisado de que la homeopatía es un proceso «ilusorio y engañoso» que no cuenta con «ningún tipo de evidencia científica», por lo que ha negado que pertenezca al mundo de la Medicina, sino «al mundo de las creencias». Por ello aplaudo a organizaciones de nuestra Región como la Academia de Ciencias o el Colegio de Médicos de la Región de Murcia, con sus posicionamientos claramente en contra de esta pseudociencia. Sin embargo, estoy seguro que muchos de ustedes están pensando que si no existe ninguna prueba de su eficacia más allá del simple efecto placebo (y solo en algunos casos), cómo es posible que se permita la venta de productos homeopáticos en las farmacias. Los motivos de tal disparate son puramente económicos y los responsables son muchos. De ellos hablaremos otro día.