«Dejar el móvil a los niños puede ser tan dañino como permitirles fumar o beber alcohol»

«Dejar el móvil a los niños puede ser tan dañino como permitirles fumar o beber alcohol»
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Concepción López, responsable de la Unidad de Psicología Infanto-Juvenil de La Arrixaca, asegura que a los menores «no se les puede dejar mucho tiempo delante de una pantalla»

MARÍA JOSÉ MORENO

Concha López Soler lleva más de veinte años trabajando la psicología clínica con menores y adolescentes. En la Universidad de Murcia está al frente del grupo Universitario de Investigación en Infancia y Adolescencia-Psicología Clínica (GUIIA-PC) del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la Facultad de Psicología; al tiempo que ejerce como psicóloga clínica en el Servicio de Pediatría del Hospital Virgen de la Arrixaca (HUVA).

Puede parecer redundante mencionar tantas veces la psicología clínica; pero es que se trata de un título que no solo define lo que se hace (se trabaja con personas afectadas por trastornos mentales que pueden requerir hospitalización y se investigan todos los factores de la salud mental, que pueden generar sufrimiento y malestar, abordando estos problemas sin medicación) sino que actualmente requiere superar un examen, conocido como PIR y similar al que realizan los médicos, para poder ejercer la profesión en centros hospitalarios.

Todo ello le otorga un nivel de conocimiento en la materia que la sitúa como una de las grandes expertas en este área y, además, es la única psicóloga de España que ocupa una plaza clínica en un hospital, dado que se trata de un puesto al que, tradicionalmente, se adscribían los médicos.

Los niños que más tiempo permanecen delante de una pantalla son los que peor rendimiento tienen en la escuela

Toda esa experiencia a sus espaldas le ha llevado a vivir situaciones que a muchos dejarían fuera de juego. «Trabajar con menores objeto de malos tratos, abusos y familias desestructuradas, te pone encima de la mesa situaciones muy duras y a veces te carga de impotencia», dice.

Concepción López Soler
Concepción López Soler / Martínez Bueso

Como aquella vez en la que la madre de una niña, de padres separados, a la que trataban en la Asociación Quiero Crecer (dirigida por López Soler) no pudo conseguir que las autoridades evitasen que la pequeña visitase a su padre, el cual solía conducir bajo los efectos del alcohol, y falleció, precisamente, en un accidente de tráfico provocado por esas circunstancias. De nada sirvieron los informes clínicos.

Problemas infantiles

Uno de los retos a los que se enfrentan los profesionales que trabajan con niños y adolescentes afectados por situaciones impropias de su edad, y más acusadas por su falta de madurez, es el hermetismo en el que se cierran y la facilidad con que su cerebro oculta recuerdos que, si bien puede parecer algo positivo, les impide externalizar determinados sentimientos y tratar conflictos graves que se esconden tras ellos.

Todo eso lleva a que las sesiones de terapia no sean tan efectivas como cabría esperar o incluso a que se terminen abandonando las sesiones como consecuencia de no obtener los resultados esperados tan rápido como los pacientes desearían.

Para atajar ese problema, López Soler lidera desde 2006 en la Universidad de Murcia una línea de investigación dedicada a la incorporación de las nuevas tecnologías a la evaluación y tratamiento psicológicos (Smartphones, Realidad Virtual y Realidad Aumentada), lo que hace más efectivas las terapias.

El inicio de esa línea de trabajo coincidió con el arranque del proyecto PEDIMED 'Evaluación, diagnóstico y tratamiento de menores tutelados' que el grupo lleva a cabo con la Dirección General de Menores de la Consejería de Servicios Sociales, con la que tienen en marcha un convenio a través del cual les derivan unos 60 niños al año con problemas de salud mental.

En 2007 consiguieron un proyecto europeo que les permitió desarrollar la plataforma EMMA Child, en colaboración con la Universidad de Valencia, y cuya puesta en práctica supuso un antes y un después. «Con este sistema los niños se abrían más y tenían más recuerdos. Hemos comprobado que la adherencia a los tratamientos es mayor. Los pacientes sienten que están jugando y les cuesta menos compartir sus emociones y acudir a las sesiones, por lo que los resultados son mayores», según la experta.

Empezaron con un sistema de realidad virtual muy completo e inmersivo. «Los niños con un joystick van eligiendo un escenario que les ayuda a recordar sus experiencias y narrar lo que han sentido en esas situaciones, por lo que para algunas de las técnicas de tratamientos que se emplean son muy útiles. A veces los recuerdos son difíciles de evocar, sobre todo en casos de estrés postraumático cuando los recuerdos tienden a reprimirse y más cuando ha sido alguien muy querido el que les ha causado problemas (no les han cuidado, les han hecho daño, les han tratado mal, etc.). Son difíciles de evocar pero ayuda mucho al tratamiento», dice Concha López.

Han comprobado que esos procesos se facilitan con el uso de la realidad virtual, la cual ayuda a exteriorizar sentimientos y compartir recuerdos, algo que ayuda a sanar en la parte que se puede y mejora considerablemente la terapia.

«Hay que contarles cuentos, llevarlos al parque... no se les puede dejar mucho tiempo delante de una pantalla»

También sirve el mismo sistema para la estabilización emocional y el reconocimiento de emociones, entre otros; pues el crear ambientes que se viven como naturales ayuda en los tratamientos en casos de fobia, depresión, estrés... la experiencia es real, ello se emplea en muchos tipos de alteraciones.

Este tipo de sesiones de exposición también se emplean con adultos y el equipo también se vale de aplicaciones a través de ordenador para hacer el seguimiento, por ejemplo, de programas de obesidad. Se trata de un programa combinado en el que las sesiones presenciales y la asistencia online permiten a los pacientes no tener que desplazarse, mientras que los profesionales les pueden hacer un seguimiento, de modo que si se detecta algún signo de alarma se actúa inmediatamente.

Algo parecido se lleva a cabo en tratamientos para el control de la ira, con aplicaciones en las que los pacientes van recogiendo las situaciones que viven y encuentran lecturas con recomendaciones sobre cómo pensar, cómo proceder... Las nuevas tecnologías son, por tanto, muy útiles a la hora de permitir intervenciones inmediatas y recogidas de datos en tiempo real.

Otro de los instrumentos que usan, en colaboración con el Servicio de Instrumentación Psicológica de la Universidad de Murcia, es el que les permite reconocer emociones faciales. «A veces creemos que alguien a quien tenemos delante está bien pero hay pequeños gestos que señalan que no sentimos que estamos mostrando y la reacción primaria se puede detectar mediante tecnología», según López Soler.

Por otro lado, disponen de tecnología de realidad virtual que les permiten crear escenarios de relajación, usados en terapias contra la ansiedad u otras alteraciones, así como en el tratamiento de las fobias, cuando son necesarias exposiciones paulatinas al objeto al que se teme y que de este modo se pueden llevar a cabo sin necesidad de contar con el mismo de manera real.

Control parental

Llama la atención que precisamente las nuevas tecnologías, que pueden causar problemas de adicción u otros, al mismo tiempo, pueden ser útiles para tratar patologías psicológicas. Pero Concha López Soler lo tiene claro: «Todos los avances por un lado aportan una ayuda al desarrollo del ser humano y por otro, mal usados, pueden ser peligrosos».

Y añade: «El problema de las nuevas tecnologías con los menores son los hábitos que se crean en las casas. Que un niño de un año esté todo el día con el móvil no es adecuado. A los niños les gusta explorar y eso es un refuerzo muy fuerte para ellos».

Asegura la experta que «en los smartphones y tablets, sobre todo cuando tienen conexión a internet, lo que se tiene es un campo de evasión. Si te encuentras mal o te aburres acudes a ellos y cuanto peor estás más lo haces y peor gestionas tus emociones. Es una forma de distracción y de evasión de la realidad que no te gusta».

Todo ello, mal gestionado, lleva a que los niños crezcan sin aprender a tolerar y regular la frustración. Así que el mayor de los problemas no es solo la posibilidad de que se desarrolle una adicción sino el hecho de que el cerebro, que en esas edades se está formando, lo hace sin crear determinados mecanismos de autorregulación útiles en la vida adulta.

«Hay que tener en cuenta que cuando pinchas en una página online te encuentras con muchos colores, velocidad de imágenes, respuestas muy rápidas, etc. que en la realidad no existen. No es la misma sensación que jugar con un muñeco, cubos o cualquier objeto. La excitación cortical que genera es mucho mayor y eso es adictivo. Los juegos en la vida real te llevan a estímulos de gratificación de una manera mucho más lenta que jugando en internet. Lo que lleva a que los niños que pasan muchas horas frente a las pantallas, suelan aburrirse en el mundo real con mayor facilidad, gestionan peor el fracaso, suelen ser más agresivos, irascibles y exigen que sus deseos se cumplan de manera inmediata, porque es a lo que están acostumbrados. Además, se sabe que los niños que más tiempo permanecen delante de una pantalla son los que peor rendimiento tienen en la escuela», explica López Soler.

«Esos mecanismos, que pueden generar adicción, son los mismos que para cualquier droga. Dejar el móvil a los niños puede ser tan dañino como permitirles fumar o beber alcohol, aunque la sociedad todavía no lo tiene asimilado», apunta.

Afirma la investigadora de la UMU y el HUVA que «a los niños hay que contarles cuentos, llevarlos al parque... no se les puede dejar mucho tiempo delante de una pantalla porque su cerebro se acostumbra a una serie de estímulos que no van a encontrar en la realidad».

No obstante, Concha López Soler defiende que las nuevas tecnologías están para ser usadas en nuestro beneficio y sería un atraso no aprovecharlas. En el caso de los menores recomienda que antes de los 12 o 13 años no tengan un móvil propio con acceso a internet y, por supuesto, que no lo usen sin control o límite de tiempo.

Indica que, en general, niños y niñas en edad escolar no deberían pasar más de una hora al día delante de una pantalla. Y advierte de la necesidad de que los padres se involucren en ello, que usen los métodos que existen de control parental y que sepan para qué usan sus hijos los dispositivos. Sin justificarse en el hecho de que tienen teléfonos porque así están localizables. «La realidad -como señala la experta- es que las nuevas tecnologías han venido para quedarse, este es el momento que nos ha tocado y hay que ser consecuentes».