Cuatro fantásticos de la bioquímica enzimática

Los científicos, a pesar del falso estereotipo de extravagantes, tienen los mismos defectos y virtudes que el resto de la humanidad

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

Como les conté hace dos semanas, Leonor Michaelis y Maud Menten fueron los padres de la cinética enzimática que tantos quebraderos de cabeza, pero también enormes satisfacciones, ha dado a los bioquímicos. ¿Quieren saber una de ellas? Ahí va: la famosa ecuación de Michaelis-Menten, que es empleada a diario por miles de bioquímicos para el cálculo de constantes cinéticas de todo tipo, dio lugar a uno de los artículos más referenciados de la historia de la ciencia. Les cuento.

A la hora de llevar a la práctica la cinética de Michaelis-Menten, la mayoría de los bioquímicos recurrimos al famoso diagrama de Lineweaver-Burk que se emplea como herramienta para calcular los parámetros cinéticos de una enzima. Su utilidad se basa en representar gráficamente el recíproco de la cinética de Michaelis-Menten, ya que de dicho diagrama emana mucha información de interés en el campo de la bioquímica. La representación gráfica de Lineweaver-Burk permite identificar distintos parámetros de gran importancia como la constante de Michaelis-Menten o la velocidad máxima de una reacción enzimática.

¿Y este planteamiento tan sencillo tuvo tanta repercusión en la comunidad bioquímica? Sí. Lo lógico sería pensar que lo que acabo de contarles es tremendamente simple, y realmente lo es, pero a pesar de que la representación del doble recíproco de una hipérbola cuadrangular era conocida por los matemáticos antes de que se publicara el trabajo de Lineweaver-Burk, su aplicación en el campo de la bioquímica era inédito.

Pero desde la publicación de la misma, la doble inversa de Lineweaver-Burk se ha empleado continuamente en miles de trabajos bioquímicos lo que ha provocado que durante mucho tiempo haya ocupado uno de los primeros puestos dentro de los artículos más referenciados de toda la historia de la ciencia.

¿Y dónde podemos encontrar este famoso artículo? Pues en contra de lo que puedan pensar no se publicó en 'Nature', ni en 'Science', ni en 'Cell', ni en ninguna de las 'Top Ten' de las revistas científicas. Además, y como hemos comentado, el objeto del estudio no fue el cáncer, ni el sida, ni el alzhéimer, ni nada por el estilo. La revista donde está publicado uno de los trabajos más referenciado de la historia es de sobra conocida en el ámbito científico, Journal of the American Chemical Society, perteneciente a la Sociedad Americana de Química, y el tema de estudio no es otro que mi querida cinética enzimática. La referencia completa es: 'The Determination of Enzyme Dissociation Constants'. JACS. 56: pp.658-666. 1934.

¿Y quién fue Lineweaver-Burk? Pues volvemos al caso de Michaelis-Menten. Lineweaver-Burk, de la misma forma que ocurría con Michaelis-Menten, son dos personas y no una: Hans Lineweaver y Dean Burk... y al igual que nos decantamos por Maud Menten anteriormente, ahora lo vamos a hacer por Hans Lineweaver. ¿Por qué? Porque este químico-físico norteamericano llegó a publicar el famoso artículo sobre el que hoy versa esta entrada siendo todavía un estudiante y porque este señor vivió ¡¡101 años!!, ni más ni menos.

Pasteurización

Hans Lineweaver nació en Pickens (Virginia Oeste) el día de Navidad de 1907. Se licenció en Químicas en la Universidad George Washington en 1930 doctorándose en Química Física en la Universidad Johns Hopkins seis años más tarde. Pero aunque le dedicó gran tiempo de su carrera científica a la Bioquímica en general y a la Enzimología en particular, Hans Lineweaver destacó en muchos otros campos como la Ciencia y Tecnología de los Alimentos. De hecho, no solo fue el responsable del primer método de pasteurización de la clara de huevo aprobado por el gobierno americano, sino que patentó un proceso para convertir las plumas de algunos animales en productos para alimentación. Durante su carrera, Lineweaver fue el autor o coautor de cerca de 100 publicaciones técnicas y seis patentes, lo que le llevó a recibir decenas de premios y menciones, entre ellos el Premio Nicolás Appert, del Instituto de Tecnólogos de Alimentos (IFT) en 1973.

Aunque seamos fieles seguidores de Hans no le quitamos mérito a Dean Burk, el bioquímico americano co-descubridor de la biotina que dirigió el trabajo que les dio la fama a esta pareja que ha quedado unida para la eternidad.... y decimos «dirigió» porque Burk fue el mentor de Lineweaver, el que acogió en el Departamento de Agricultura estadounidense cuando Hans era un simple alumno y lo catapultó a la fama.

Burk nació en Oakland (California) en 1904 e ingresó en la Universidad de California en Davis cuando solo tenía 15 años. Un año más tarde se trasladó a la Universidad de Berkeley, donde se graduó en Entomología en 1923 y, cuatro años después, se doctoró en Bioquímica. Dean Burk, al igual que Maud Menten, se adentró con éxito en varias disciplinas científicas.

En 1929 se unió al Departamento de Agricultura estadounidense, donde trabajó en la línea de fijación del nitrógeno y en 1939 ingresó en el Instituto de Cáncer llegando a dirigir el laboratorio citoquímica hasta que se retiró en 1974 y fue uno de los más prestigiosos investigadores en la lucha contra el cáncer. Además, esta «fuerza de la naturaleza», como le denominaban algunos, también desarrolló el primer prototipo de las actuales resonancias magnéticas y por su trabajo en la fotosíntesis recibió el Premio Hillebrand en 1952. Un genio que falleció en Washington en 1988.

Una historia humana

Estimados lectores, en los últimos dos últimos artículos para 'La Verdad' les he descubierto quienes son para mí los 4 fantásticos de la bioquímica enzimática: Leonor Michaelis, Maud Leonora Menten, Hans Lineweaver y Dean Burk. Gracias a su trabajo de hace muchos años los bioquímicos de hoy en día disponemos de herramientas de gran valor en áreas como la medicina, la alimentación, la industria textil o la cosmética. Pero jamás olvidemos, como ha quedado plasmado en estas dos publicaciones, que detrás de todo gran científico también se esconde una gran historia humana. Porque los científicos, a pesar del falso estereotipo que se les ha colgado de personas extravagantes, son individuos con los mismos defectos y virtudes que el resto de la humanidad.