Copernicus

Imagen de archivo de Stephen Coulson durante una rueda de prensa sobre el programa europeo Copernicus/EFE
Imagen de archivo de Stephen Coulson durante una rueda de prensa sobre el programa europeo Copernicus / EFE

La UE estudia y analiza a través de este proyecto el medio ambiente, para proteger a sus ciudadanos de crisis y desastres naturales

ALBERTO REQUENA

El programa Copernicus es el esfuerzo de la Unión Europea para estudiar y analizar el medio ambiente y muchos ecosistemas, tratando de preparar y proteger a sus ciudadanos de crisis, desastres naturales e, incluso, catástrofes causadas por el hombre. Hay mucho esfuerzo de investigación y desarrollo tecnológico por parte de la Unión Europea, y una amplia cooperación en investigación espacial y desarrollo industrial. Es un programa público que ofrece de forma abierta y gratuita, a nivel de autoridades, científicos, empresas y ciudadanos, información y conocimiento sobre nuestro planeta.

Su ámbito es multidisciplinar y abarca desde información geográfica hasta medioambiental: monitoriza el hielo marino del Ártico, detecta vertidos de petróleo, incluye la vigilancia climática, el desarrollo sostenible, el transporte y la movilidad, la planificación regional y local, la vigilancia marítima, la agricultura y la salud.

La denominación de Copernicus es en honor del gran científico y observador Nicolás Copérnico, que formuló la teoría heliocéntrica del Universo, siendo uno de los precursores de la ciencia moderna. Supuso, para el mundo, una mejor comprensión de la vida misma.

Los servicios de Copernicus se fundamentan en las observaciones que realizan sus Sentinels, constelación de satélites que complementan la información de decenas de otros que observan la Tierra y otras informaciones procedentes de mediciones procedentes de sensores locales. La información es gratuita y es una forma de contribuir significativamente al desarrollo de aplicaciones y servicios innovadores. Las actividades económicas, culturales y de ocio derivadas no se han hecho esperar, desde la planificación urbana a la arqueología, navegación, sectores como el de los seguros, etc. Marca una nueva era y las aplicaciones emergen constantemente, desde una perspectiva de abordar retos sociales clave.

El programa Copernicus tiene familias de satélites dedicados a la exploración, denominados Sentinels. Sentinel 1, 2, 3 y 6 están dedicados a la observación, mientras que Sentinel 4 y 5 portan instrumentos al servicio de la observación del tiempo, Eumetsat. El Sentinel 5P es precursor del Sentinel 5, y también está incluido en los dedicados a la observación. La Agencia Espacial Europea es la responsable del desarrollo del denominado segmento espacial del programa Copernicus y es quien opera los Sentinel 1, 2 y 5P. Eumetsat es quien opera el Sentinel 3 y controla la misión marina y opera los productos que aborda Sentinel 4 y 5 y sus instrumentos y los satélites Sentinel 6. ESA y Eumetsat coordinan la distribución de datos de unos 30 satélites que conforman las misiones participantes.

Además, hay un denominado 'segmento Tierra', que proporciona acceso a Sentinel y a los datos de las misiones participantes. Está distribuido geográficamente en infraestructuras apropiadas, que están gestionadas por ESA y Eumetsat, así como miembros de los distintos países y entidades privadas que participan. Precisamente, el Sentinel 5P, que incorpora un sensor denominado Tropomi, detecta la huella digital de los gases atmosféricos con una precisión y resolución espacial sin parangón, y ha proporcionado recientemente los datos de las zonas de acumulación de NO2, procedentes del tráfico y procesos industriales.

En el estudio 'Las perspectivas del medio ambiente mundial', la ONU previene de hasta qué punto la protección del mismo es cuestión de vida o muerte. Advierte de que, actualmente, existiendo tecnología para evitar los riesgos, falta la voluntad política para implementarlos. Un modelo saludable para 2050 exige plantear un cambio de modelo de cero residuos, de acuerdo con los objetivos del Acuerdo de París. Requiere una inversión verde equivalente al 2% del PIB, con lo que se mantendría el ritmo de crecimiento actual, pero con menor impacto en el cambio climático, escasez de agua y pérdida de ecosistemas.

Ojo, pero no solo hay tareas para las administraciones, sino a nivel individual, como disminuir el consumo de carne y reducir los desperdicios de la comida. Al ritmo actual hay que incrementar en un 50% la producción de alimentos para albergar los habitantes del 2050. Hay que acabar con los 8 millones de toneladas de plásticos que anualmente alcanzan los océanos. La contaminación del aire incide en la enfermedad y muerte prematura, provocando entre 6 y 7 millones de muertes anuales y pérdidas de 50.000 millones de euros. En 2016 el 95% de la población habitaba zonas con niveles de exposición de partículas finas por encima de lo admisible. El NO2 y el O3 troposférico son los más perjudiciales. La contaminación por NO2 proviene del tráfico y procesos industriales, provoca irritación de los pulmones y genera problemas respiratorios.