Cuando el cine nos enseña ciencia

Juan Francisco Sánchez, José Víctor Rodríguez, José Luis Serrano y Enrique Castro Rodríguez. / E. C.
Juan Francisco Sánchez, José Víctor Rodríguez, José Luis Serrano y Enrique Castro Rodríguez. / E. C.

MARÍA JOSÉ MORENO

Por primera vez en un lustro, en 2018 el número de espectadores y la recaudación de los cines españoles cayó un 2%. Aun así, un total de 97,7 millones de personas fueron al cine el año pasado en España, donde se contabilizó una recaudación total de 585,7 millones de euros. Sin duda, el cine gusta y en los últimos años ha dejado de ser una fuente de diversión y entretenimiento para pasar a ser, también, una forma de aprender.

Así lo vieron en 2016 un grupo de profesores de la Universidad Politécnica de Cartagena, entre los que se encuentra Enrique Castro, doctor en Física y profesor del grado en Arquitectura, quienes durante un café de media mañana en la cantina pensaron que sería buena idea apoyarse en el cine divulgar ciencia de un modo novedoso y divertido.

Y así nació UPCT-Bloopbusters, una iniciativa de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la UPCT, que cuenta con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. Su objetivo era doble. En primer lugar enseñar conceptos de ciencia y tecnología de forma amena y divertida, para que el público aprenda pasándoselo bien. En segundo lugar mostrar que no siempre lo que sale en las películas y series de televisión puede ocurrir de verdad. Apunta Castro: «No me refiero a cosas como viajes en el tiempo o que haya personas con poderes, que todos sabemos que es fantasía y algo que no puede ocurrir, sino a detalles más sutiles. Por ejemplo, en la gran mayoría de películas de naves espaciales podemos oír ruido en el espacio, como explosiones o el zumbido de las naves al desplazarse. Esto es algo imposible porque el sonido necesita un medio material para propagarse y en el espacio no hay ninguno».

Desde su puesta en marcha, UPCT-Bloopbusters ha ido creciendo hasta que se han incorporado experimentos; su objetivo es enseñar conceptos de ciencia y mostrar que no todo lo que se ve en el cine ocurre de verdad

Este método permite explicar conceptos de mecánica, mecánica de fluidos, propagación de ondas y termodinámica

«O muchas veces las comunicaciones entre puntos muy alejados entre sí, como Marte o la Tierra, se producen de forma instantánea. Pero cualquier transmisión que se haga tiene una velocidad que no puede superar a la velocidad de la luz, por lo que cualquier mensaje que enviemos a Marte tardaría en llegar entre 3 y 22 minutos según la posición relativa de los dos planetas. En este sentido, nuestro objetivo último es fomentar el pensamiento crítico entre los espectadores y que aprendan a pensar y analizar de forma científica», añade.

Asegura que la idea de apoyarse en el cine viene de que «a todos nos gusta el cine, así que el usarlo nos permite captar la atención del público. Hay tanta variedad de películas que no es difícil encontrar escenas que sirvan para mostrar la idea que quieres transmitir. Nosotros analizamos las escenas desde el punto de vista de la Física y la Ingeniería porque es nuestro ámbito, pero se podrían analizar desde un punto de vista histórico, biológico, arquitectónico, etc. Además, no hay porque buscar fallos, también se pueden utilizar películas que estén bien hechas para mostrar alguna idea o concepto. Por decir algo muy diferente a nuestro ámbito, una película como Del Revés puede utilizarse para hacer divulgación sobre psicología».

Desde su puesta en marcha, UPCT-Bloopbusters ha ido creciendo y evolucionando hasta que incluso se han incorporado experimentos en directo. Así pues, al mismo tiempo los investigadores analizan una escena y llevan a cabo un experimento que sirve para ilustrar el concepto científico que están enseñando y demostrar así empíricamente el fallo de la película. Han comprobado que esto aumenta mucho el interés del público y hace que las actuaciones sean más divertidas.

Además, llegaron a la conclusión de que si este método era útil para enseñar a la gente de fuera de la universidad también serviría para enseñar a sus propios alumnos. Y dicho y hecho, han desarrollado un proyecto de innovación docente donde adaptans la metodología Bloopbusters para usarla en sus clases. «Hacemos que los alumnos analicen una escena con un fallo científico relacionado con la materia que les hemos impartido y les pedimos que detecten el fallo. También usamos las escenas para plantear a los alumnos problemas y ejercicios numéricos relacionados con ellas», según Enrique Castro.

Aprendizaje

Lo cierto es que a través de este método son numerosos los conceptos científicos que se pueden explicar. Explica el profesor que «desde el punto de vista de la Física aplicada a la Ingeniería, que es mi especialidad, hay muchos tipos de conceptos que se pueden explicar con esta metodología. Yo los uso para explicar conceptos de Mecánica, Mecánica de fluidos, Propagación de Ondas y Termodinámica. En general, diría que cualquier concepto que tenga una manifestación macroscópica se puede mostrar mediante películas porque va a aparecer en ellas».

Señala un ejemplo: «En Mecánica de Fluidos existe el efecto Venturi, que dice que cuando aumenta la velocidad de una parte de un fluido, su presión disminuye y viceversa. Este efecto es el que permite que los aviones puedan volar y el que explica los efectos devastadores que producen los tornados. Pero en muchas películas en las que aparecen tornados, este efecto está mal representado. Poniendo escenas de películas de tornados y comparándolas con vídeos de tornados reales podemos explicar este efecto de forma que se comprenda de una manera que no puede conseguirse con una fórmula. El hecho de que primero hagamos pensar al público sobre lo que debe hacer un tornado y que luego lo vean, les permite entender el fenómeno de forma muy clara. Y como encima les hacemos un experimento en directo, estoy seguro de que recordarán para siempre el efecto Venturi».

Grandes y pequeños

La experiencia les ha demostrado que esta herramienta es de gran utilidad para público de todas las edades. Si bien la explicación hay que adaptarla a la edad del público, el equipo ha hecho actuaciones con niños que les han asombrado por cómo han entendido los conceptos que estaban trabajando. Además, a los más jóvenes no les da ninguna vergüenza participar y dar su opinión, lo que - asegura Castro- «hace que sea muy satisfactorio actuar para ellos».

Con respecto al hecho de que a veces unas películas son más rigurosas con respecto a la realidad y otras muestran pura ficción, lo cual puede llevar a confundir a la gente, existe un debate entre la comunidad científica que se encuentra con dos posturas: los que defienden que en el cine, precisamente por ser ficción, todo se puede permitir y los que piden que se muestre más real para no confundir al público. Enrique Castro cree que «la función principal del cine es entretener; si no, poca gente iría a verlo. Nosotros vemos películas para disfrutarlas y pasarlo bien. Teniendo esto en cuenta, nuestra opinión es que nos parece bien que una película parta de una premisa fantástica, como que haya viajes en el tiempo, héroes que vuelan o naves espaciales. Pero una vez asumido esto, las leyes de la Física que no tengan que ver con la premisa fantástica hay que respetarlas. Así que yo me creo durante un rato que hay naves espaciales que combaten entre si lanzándose rayos láser, pero lo que no puede ser es que se oigan las explosiones y los disparos, porque en el espacio eso es imposible. Esos detalles son importantes porque pueden confundir al público y transmitirles falsas ideas».