Científicos y artistas protegen el Mar Menor

Clara Boj, profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Murcia. / lv
Clara Boj, profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Murcia. / lv

Un proyecto busca contribuir a la recuperación de la laguna a través de la participación de la ciudadanía y con manifestaciones culturales

M. J. MORENO

En el año 2000, Clara Boj y Diego Díaz fundaron Lalalab.org, un estudio artístico desde donde sus proyectos involucran la noción del espacio público transformado por las nuevas tecnologías digitales, la ciudad híbrida. «Nosotros siempre hemos incorporado las tecnologías de la información en nuestros proyectos artísticos, ya que son las herramientas que dan forma a la contemporaneidad. La manera en que nos relacionamos, el modo en el que estudiamos, cómo trabajamos... En definitiva, todos los aspectos de nuestra vida están atravesados por dispositivos tecnológicos y transitamos continuamente entre distintos estados de conexión entre redes múltiples», en palabras de Boj.

Asegura que ya no podemos hablar de espacios virtuales y espacios reales, sino que nuestra existencia se desarrolla en entornos híbridos entre lo virtual y lo real, lo natural y lo artificial, la naturaleza y la cultura. «Cuando en nuestros trabajos planteamos el concepto de ciudad híbrida, nos referimos a ese nueva manera de estar en el mundo, donde las estructuras no son solamente físicas sino también digitales y la experiencia se construye en el transito continuo entre distintas esferas de realidad», expone.

'Las calles habladas' es uno de sus proyectos. Lo realizaron hace unos años por encargo del Instituto Cervantes y consiste en una 'app' para teléfonos móviles desde la que se plantea un itinerario de aproximadamente 1 kilómetro por el que pasear. Mientras el sistema lee de manera automática toda la información que encuentra en internet asociada a esa posición GPS, ya sean noticias de periódicos, historias personales o comentarios en redes sociales, y se genera de ese modo un relato automático y cacofónico, una experiencia de navegación sonora por la ciudad que evidencia, por medio de la escucha el paisaje híbrido de las ciudades, donde capas de información se superponen a lugares físicos, donde la semiótica urbana se expande hacia la información que habitamos.

Actualmente, Clara Boj, que es profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Murcia, ha puesto en marcha el proyecto 'Reset Mar Menor: Laboratorio de Imaginarios para un Paisaje en Crisis', financiado por la Fundación Carasso en su convocatoria de Arte Ciudadano, con una duración de tres años aunque, como explica, «más allá de su temporalidad como investigación, lo relevante es que pueda llegar a transformarse en un laboratorio permanente desde el que activar la colaboración interdisciplinar y la investigación situada en torno a cuestiones de emergencia social».

A través de una serie de actividades de colaboración entre artistas y científicos y el desarrollo de distintos proyectos artísticos, el proyecto propone una revisión crítica de los distintos fenómenos que afectan al paisaje y la identidad territorial de la zona para activar la creación de nuevas narrativas para este entorno natural que respeten el medio ambiente e involucren a la ciudadanía, siendo conscientes de la complejidad de la sociedad contemporánea actual.

Boj advierte de que en el contexto del Mar Menor, se despliegan actualmente distintas iniciativas y proyectos orientados a la comprensión y la recuperación de la zona desde saberes como la biología, la ecología y las ingenierias, pero ningún otro plantea una aproximación multidisciplinar en el que tengan cabida manifestaciones culturales que involucren la subjetividad, la experimentación creativa y la emancipación crítica. Por tanto, destaca que «el principal objetivo del proyecto es crear una red de agentes sensibles a las necesidades del Mar Menor, al mismo tiempo que experimentar con formatos pedagógicos, de investigación y formación no convencionales».

El origen del proyecto se encuentra en una colaboración previa que Diego Díaz -artista y profesor de la Universitat Jaume I de Castellón- y Clara Boj realizaron con el catedrático de Ecología de la Universidad de Murcia y experto en lagunas costeras y ecosistemas marinos, Ángel Pérez Ruzafa, para el desarrollo de un proyecto artístico sobre el Mar Menor. «Esta breve colaboración nos desveló las conexiones existentes entre áreas aparentemente no relacionadas, principalmente en el interés desde ambas disciplinas de construir imágenes capaces de representar sistemas complejos y multidimensionales», en palabras de la profesora.

Aunque las herramientas y recursos utilizados desde ambos campos del saber son diferentes, las metodologías y estructuras de organización del conocimiento tienen campos comunes que, explorados en colaboración, abren la puerta a nuevos saberes transdisciplinares, por lo que a partir de esa colaboración puntual, se decidió plantear un proyecto a largo plazo en el seno del Grupo de Investigación de la Universidad de Murcia, Arte y Políticas de Identidad del que forma parte Boj.

En el proyecto están involucrados investigadores de distintos perfiles y trayectorias, así como creadores independientes de distintas procedencias, además de los investigadores de Bellas Artes y Comunicación Audiovisual Pedro Ortuño, Virginia Villaplana y Aurora Alcaide. A lo que hay que sumar una colaboración con el creador e investigador escénico Jesús Nieto, de la compañía Onírica Mecánica, y con el grupo de investigación Laboratorio de Luz de la Universidad Politécnica de Valencia.

Y que existan unos perfiles tan variados no es casualidad, sino que el proyecto se sitúa en la confluencia disciplinar conocida como ACTS (Arte, Ciencia, Tecnología y Sociedad). Para Boj, «es muy importante vincular las prácticas artísticas con otras esferas de producción de conocimiento que nos permitan apropiarnos críticamente de instrumentos y herramientas de otras disciplinas, experimentar con nuevos lenguajes y desplazar lo artístico hacia el centro del debate potenciando su capacidad de participar en procesos de reflexión y aprendizaje».

Redes de colaboración

Hasta la fecha se han puesto en marcha distintas herramientas y metodologías de trabajo en torno al proyecto. Este primer año se han centrado en establecer redes de colaboración dentro de la estructura académica tradicional que está fuertemente anclada en disciplinas separadas. Han iniciado una cartografía crítica del Mar Menor que irán completando a lo largo del tiempo, en la que están mapeando la situación de la laguna desde las experiencias y el conocimiento ciudadano.

Además, han abierto una convocatoria internacional para proyectos artísticos y diseñado un curso de verano en el que se cruzarán agentes, experiencias y dinámicas de las artes y las ciencias en torno al Mar Menor entendido como síntoma visible de la llegada del Antropoceno.

 

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