La ciencia como negocio

La ciencia como negocio

Los resultados de algunos grupos de investigación permiten poner en marcha iniciativas empresariales que trasladan a la práctica lo que hasta ese momento se quedaba en laboratorios

MARÍA JOSÉ MORENO

En una época en la que las series de televisión se han convertido en objeto de culto y cada episodio parece una superproducción en sí, el término 'spin-off' evoca rápidamente a esas secuelas surgidas de otras emisiones ya exitosas. Casos muy conocidos son el de 'Frasier', surgido de 'Cheers' y que tuvo más éxito que la original o en España el caso de 'Aída', salida de la inicial '7 vidas', así como el de películas como la de los 'Minions' que inicialmente eran personajes secundarios en 'Gru: mi villano favorito', o 'El gato con botas', que tuvo su propio espacio después de ganarse al público en 'Shrek 2'.

Y esto que parece cosa de ciencia ficción pasa a ganar fuerza cuando se mira al mundo de la empresa, donde se conoce como 'spin-off' a aquellos negocios surgidos de otro ya exitoso o, en el caso de las universidades, como resultado de un trabajo de investigación con aplicación en el mercado, que termina por comercializarse, en ocasiones bajo patente de la institución.

Se convierten así en el ejemplo más claro de que la ciencia que se hace en las universidades a veces no está tan alejada de aquello que demanda la sociedad. De alguna forma, las 'spin-off' universitarias acaban con la idea de que el mundo intelectual y el empresarial se encuentran desconectados.

Las 'spin-off' suponen un impulso para potenciar el talento, retenerlo y alcanzar niveles competitivos en áreas de desarrollo tecnológico y científico

En definitiva, no se trata de otra cosa que poner a disposición de la sociedad aquellos avances surgidos del trabajo llevado a cabo por científicos, generalmente financiados con dinero público, que dedican sus carreras a la investigación y que, dando el salto a la empresa, actúan como motor de transferencia, aportando conocimiento, experiencia y tecnología.

No hace falta mirar hacia otros países, en España existen muy buenos ejemplos de este tipo. De la Universidad Miguel Hernández de Elche nació en 2011 'PLD Space' con el objetivo de explorar las posibilidades del espacio para explotarlo no solo desde el punto de vista científico, sino también comercial.

En 2015 se convirtió en la primera empresa privada de Europa que desarrollaba un motor de combustible líquido reutilizable para cohetes dedicados al mercado de los pequeños satélites. Es decir, una herramienta más para poder explorar el espacio. Poco después la Agencia Espacial de Alemania (DLR) contrató a la empresa para probar sus motores.

En la Universidad de las Islas Baleares nació Sanifit, una empresa biofarmacéutica que desde 2004 desarrolla nuevas terapias dirigidas al tratamiento de enfermedades relacionadas con calcificaciones patoloÌ�gicas, una enfermedad rara para la que, a día de hoy, aún no existe un tratamiento eficaz.

Y quedándonos mucho más cerca, en la Región de Murcia existen numerosos ejemplos de este tipo de negocios surgidos en el seno de la universidad y que han encontrado la forma de salir a la calle.

Recientemente, del Grupo de Ingeniería del Frío y de la Seguridad Alimentaria, de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) surgió Bioencapsulacion and iPackaging S.L., que espera consolidar su actividad en un par de años y ampliar su plantilla contratando personal especializado. Más consolidada está 'Odin Solutions' S.L., salida del Grupo de Sistemas Inteligentes y Telemática de la Universidad de Murcia, que ya persigue alcanzar la internacionalización.

También de la UMU nace Thader Biotechnology S.L., en concreto del Grupo de Micología-Micorrizas-Biotecnología Vegetal. Su actividad se centra en la producción de micorrizas para agricultura. Mientras que Futurewater S.L. surge de la combinación de dos grupos de la Universidad Politécnica de Cartagena: el Grupo de Gestión de Recursos Hídricos (EICM); y el de Diseño y Gestión en Agricultura de Regadío (DYGAR), y ofrece asesoramiento y soluciones innovadoras en el ámbito de la gestión eficiente y sostenible del agua.

Un papel destacado a la hora de que los científicos se atrevan a convertir su trabajo en empresa, lo juegan las Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRIs) de las Universidades. Son el enlace entre las instituciones y el mercado. Por tanto, actúan de intermediario entre empresas interesadas en trabajar mano a mano con grupos de investigación (promoviendo la colaboración público-privada) y facilitan los trámites a los investigadores que deseen formar una 'spin-off'.

No obstante, «la creación de 'spin-off' en 2015, en España (315), presenta cifras similares a los años anteriores. Se aprecia un incremento de las empresas participadas por la universidad, situándose en el 43% de los casos y, prácticamente, se mantienen las que han ampliado capital. La ampliación de capital es una buena señal de validación y maduración de la empresa pues produce un aumento de su valor. El hecho de que el número de estas 'spin-off' que han ampliado capital sea muy inferior al parque de los últimos 5 años pone de relieve la necesidad de aumentar el capital semilla y de mejorar la capacidad de gestión de estas empresas», según la última encuesta Investigación y Transferencia de Conocimiento llevada a cabo como una acción conjunta de las redes RedOTRI y RedUGI de la Comisión Sectorial de I+D+i de Crue Universidades Españolas.

En general, se trata de un sector mucho más desarrollado en países anglosajones, pero que en España empieza a ganar fuerza y que puede suponer un impulso para potenciar el talento, retenerlo y alcanzar niveles competitivos en áreas de desarrollo tecnológico y científico.

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