Boro y silicio, la última moda en productos para la salud

Boro y silicio, la última moda en productos para la salud

¿Se imaginan la gran cantidad de dinero que el consumidor gasta en este tipo de complementos que, sin evidencia científica, ilusionan a millones de personas?

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

¿Se acuerdan de aquellas reglas nemotécnicas que nos ayudaban a formular la Química de nuestros años mozos? No sé ustedes, pero yo personalmente pasé largas noches aprendiendo a identificar las fórmulas de cientos de compuestos de naturaleza orgánica e inorgánica. Reconozco que, a pesar de que la Bioquímica ganó la partida final, en mis principios como alquimista la formulación de la Química Inorgánica se me daba muchísimo mejor que la de Química Orgánica. Aquellos prefijos (per-, hipo-) y sufijos (-oso, -ico, -ato) correspondientes a óxidos, ácidos, sales, etc. me encantaban.

Aunque es cierto que poco a poco elementos como el carbono o el oxígeno empezaron a imponerse a sus colegas inorgánicos, había dos que jamás lograron seducirme: el silicio y el boro. Desde aquellos años siempre he querido vengarme de ellos y hace unos días se me presentó una oportunidad que ni pintada. En la puerta de una céntrica herboristería murciana se anuncian a bombo y platillo varios suplementos medicinales, basados en la presencia de boro y silicio en su composición, que prometen muchos efectos beneficiosos para la salud. Veamos hoy si es cierto.

El silicio es un elemento químico identificado por primera vez por el gran Antoine Lavoisier en 1787 y situado en el grupo 14 de la tabla periódica de los elementos con número atómico 14. Es el segundo elemento más abundante en la corteza terrestre después del oxígeno. Se utiliza en aleaciones, en la preparación de las siliconas y en la industria de la cerámica técnica. Por sus propiedades semiconductoras se usa también en la fabricación de transistores, células solares y todo tipo de dispositivos semiconductores. Por esta razón se conoce como el Valle del Silicio (Silicon Valley) a la región de California en la que concentran numerosas empresas del sector de la electrónica y la informática.

Todas estas propiedades están demostradas científicamente pero, según se lee en el escaparate de la herboristería murciana, una de las ventajas de los productos enriquecidos en silicio es su positiva acción sobre las uñas ya que refuerza su estructura, impide que se rompan con facilidad y acelera su velocidad de crecimiento... y nada de eso es cierto. Informes oficiales de la UE indican que ni el silicio ni los elementos que de él se derivan han sido capaces de demostrar científicamente su capacidad para contribuir a la formación normal de las uñas. Sigamos.

Para los que ya vamos entrando en edades 'difíciles', la caída del cabello está empezando a ser un problema. Pues bien, en la misma herboristería se venden otros complementos basados en silicio destinados a mejorar nuestro cabello. Prometen disminuir la seborrea, mantener un equilibrio hídrico del cuero cabelludo, reforzar la estructura del cabello, mejorar la microcirculación, desarrollar una acción anticaída, acelerar el crecimiento capilar...pero tampoco hay evidencia científica día de hoy de que eso sea cierto. ¿Y sobre el estado de la piel o de los huesos? No. El silicio no mejora la elasticidad actuando en la biosíntesis de la elastina y del colágeno, ni tiene gran actividad antioxidante contra los radicales libres, ni ayuda al mantenimiento de huesos o articulaciones. Un desastre.

Pero más allá de los aspectos estéticos, el silicio, o mejor dicho los departamentos de marketing que abusan de él, están jugando con fuego. Diversas empresas han publicitado la capacidad de este compuesto para combatir ciertas enfermedades degenerativas como el alzhéimer debido a su capacidad para proteger la acumulación de aluminio en el cerebro. Ante semejante disparate, el Panel de Expertos en Nutrición, Alergias y Dietéticos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha sido contundente: mi querido elemento químico no tiene la más mínima acción protectora contra la presencia de aluminio en el cerebro.

Una vez que me he vengado del silicio, un elemento con grandes aplicaciones pero nada efectivo como integrante de suplementos alimenticios, le voy a destinar unos párrafos al boro, el otro compuesto químico que me llevó por la calle de la amargura en la Facultad de Químicas y que es 'colega' del silicio en la Tabla Periódica.

El boro es un elemento químico con número atómico 5. Aunque ya los egipcios lo empleaban para los procesos de momificación, no fue considerado un nuevo elemento hasta que en 1824 Jöns Jacob Berzelius lo reconoció como tal. Sus aportaciones son muchas. El compuesto de boro de mayor importancia económica es el bórax que se emplea en grandes cantidades en la fabricación de fibra de vidrio aislante. Otros usos de este elemento incluyen su uso en fuegos pirotécnicos, en la industria textil, como semiconductor, etc.

Sin embargo, y al igual que su amigo el silicio, el boro acaba de entrar en el mundo de los complementos. Diversas empresas han decidido anunciar a bombo y platillo que los suplementos de boro pueden resolverlo casi todo...como por ejemplo los graves problemas de tiroides que mucha gente padece. Pero que no les engañen. Las autoridades europeas han dictaminado que el boro no sirve para mantener la función normal de la tiroides en ningún caso.

Además, el boro forma parte de suplementos que prometen ayudar a mejorar el pensamiento y la coordinación en las personas mayores. Pero nada más lejos de la realidad. Los estudios de la EFSA demuestran como el boro no contribuye, en ningún caso, a la mejora de la función cognitiva normal por lo que su uso para ayudar a personas con problemas de coordinación, memoria o similares es inútil.

Dejando al margen el humor con el que escribo muchos de los artículos que escribo para 'La Verdad' hoy me gustaría dejar dos preguntas en el aire. Por un lado... ¿se imaginan la gran cantidad de dinero que el consumidor gasta en este tipo de productos que, sin ninguna evidencia científica, ilusionan a millones de personas para combatir sus patologías? Pero la segunda pregunta me preocupa aún más. ¿Han pensado en las graves consecuencias sobre la salud que tiene abandonar los tratamientos farmacológicos efectivos y caer en las manos de estos absurdos complementos alimenticios?