Armagedon de insectos y crisis de polinización

JUAN GUERRA MONTESACADÉMICO NUMERARIO DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS

Venimos leyendo opiniones contundentes y 'reputadas' sobre el cataclismo ecológico que puede suponer un descenso masivo en las poblaciones de insectos, sobre todo en los polinizadores de plantas, y cómo los 'datos' apuntan hacia algo inevitable que podría hacer desaparecer la especie humana de la faz del planeta. Una publicación reciente de numerosos autores, sobre este tema, ha logrado una gran atención de los medios de comunicación, pero presenta importantes lagunas, pues, aunque las sugerencias son relevantes, en ciencia lo fundamental son las evidencias cuantitativas; teorizar sin datos fiables puede llevar a decisiones de gestión erróneas, sin base científica. Una de esas grandes evidencias que dejan bastante claro qué está pasando con los polinizadores y con esas hipotéticas pérdidas masivas de insectos ha sido publicada por el doctor Carlos Herrera, tras más de 20 años de meticulosas observaciones, sobre diversas especies de plantas autóctonas, en las sierras de Segura y Cazorla, donde existen conjuntos de ecosistemas que desde hace décadas están fuera del manejo humano, apenas con agricultura y ni siquiera colmenas de abejas melíferas.

Lo que ha encontrado Herrera, tras someter miles de datos a análisis estadísticos, es sustancialmente lo siguiente. Las abejas melíferas apenas hicieron acto de presencia, cosa rara en estos estudios en los que suelen ser muy abundantes. Solo las abejas que viven asilvestradas anidando en huecos de árboles son relevantes. No hay nada más variable en el tiempo e imprevisible que los polinizadores en danza cada año, tanto en número como en composición específica. Las redes de polinizadores son muy inestables, muy poco predecibles y para mayor abundamiento, cuantas más especies hay en danza más inestabilidad. Tomando perspectiva, este caos se difumina y aparece un patrón general. Tanto los polinizadores como las visitas que hacen a las flores han aumentado en estos 20 años. Lo mismo ocurre con el número de especies, que se incrementó a lo largo de este periodo.

¿Por qué aumentan? Explicaciones no faltan. La fundamental es que la zona se está reajustando a la nueva situación de ausencia de uso humano, que empezó poco antes del comienzo de este estudio, y en la nueva situación hay más espacio para los polinizadores, por ello han aumentado.

Este trabajo muestra que, cuando el hombre no enreda, a los polinizadores les va muy bien. Lo encontrado por el profesor Herrera no es para pensar en un 'armageddon', pero sí para dar la voz de alarma. Ahora estamos más seguros de que cambiando las técnicas agrícolas los polinizadores aumentarán.