La ciencia de los Minions

La ciencia de los Minions

Poca gente sabe que, detrás de estos diminutos personajes, hay una disciplina científica que justifica su curioso aspecto, sus llamativos ojos, su surrealista lenguaje y su brillante color amarillo

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

Dentro de unos meses llega a la gran pantalla 'Gru: Mi villano favorito 3', una nueva entrega de la serie de películas protagonizada por los Minions. Lo que poca gente sabe es que detrás de estos diminutos personajes hay una disciplina científica que justifica su curioso aspecto, sus llamativos ojos, su surrealista lenguaje y su brillante color amarillo. Hablemos de genética.

Es tanta la debilidad que tengo por Bob, Stuart, Kevin que me he pasado una semana estudiando el porqué de esas cuatro características. La conclusión es clara: todo el secreto reside en su genoma, es decir, en el conjunto de genes contenidos en sus cromosomas. El principal problema de los Minions es que tienen alterados varios de los genes responsables de su desarrollo (morfogénesis). Me refiero a los genes homeóticos. Las mutaciones que afectan a estos genes son responsables de la aparición de alteraciones en el desarrollo corporal. Les pondré un ejemplo. En 'Drosophila melanogaster' (la mosca del vinagre o de la fruta) las mutaciones 'Antennapedia' y 'Bithorax' tienen como resultado la aparición de patas en lugar de las antenas y la transformación de los halterios en un par de alas adicional.

Los genes homeóticos se han identificado en la mayoría de los seres vivos, incluidos los seres humanos, por lo que no es descabellado pensar que en los Minions también estarán presentes. Ese pequeño cuerpo bastante desproporcionado que les caracteriza podría ser un síntoma de acondroplasia o de hipocondroplasia. Esta última es una enfermedad provocada por una modificación del ADN causada por alteraciones en el receptor de un factor de crecimiento. La hipocondroplasia da lugar a un acortamiento de los huesos largos con mantenimiento de la longitud de la columna vertebral, lo que provoca un aspecto irregular que se caracteriza por un aspecto facial característico, piernas y brazos cortos.

¿Y qué gen está implicado en esta alteración morfológica? El gen N540K responsable de la formación del receptor del factor de crecimiento. Al estar alterado no se pueden formar correctamente los receptores y se producen graves alteraciones en la regulación del crecimiento.

Pasemos a su curioso lenguaje. Salvo los niños, no hay quien comprenda a los Minions, pero entre ellos se entienden a la perfección. Es posible que esa forma de hablar delate que tienen un problema con el gen FoxP2, descubierto por un grupo de investigación del Centro Wellcome de Genética Humana de la Universidad de Oxford. El gen FoxP2 está relacionado con el lenguaje y pequeñas mutaciones en su estructura están correlacionadas con determinados trastornos específicos de la comunicación.

A pesar de que se le denomina vulgarmente 'gen del lenguaje o del habla', el gen FoxP2 solo es uno más de los múltiples factores que influyen en el lenguaje, aunque parece claro que su correcto funcionamiento parece imprescindible para un desarrollo normal del mismo. Se ha demostrado que no es un gen exclusivo del ser humano, sino que es probable que exista en todos los vertebrados en cuyos cerebros se expresa en las mismas áreas que en el hombre: núcleos basales, cerebelo, tálamo y córtex o regiones equivalentes.

Es el momento de fijarse en los ojos de los Minions, la tercera característica que les hace únicos. Son grandes respecto al resto del cuerpo, saltones e incluso Stuart tiene solo uno. La causa podría ser una mutación de un nuevo gen homeótico, aquel que como les he dicho anteriormente participa en el desarrollo de los organismos.

En esta ocasión me refiero al Pax-6, un gen de gran importancia durante el desarrollo embrionario. Este gen controla una serie de pasos críticos en la formación del ojo, en la diferenciación neuronal y en la configuración de conexiones sinápticas. A día de hoy Pax-6 ha sido aislado de mamíferos, anfibios, peces, gusanos... por lo que tampoco es raro que aparezca en los Minions. Desgraciadamente se ha encontrado que mutaciones de Pax-6 conllevan enfermedades como aniridia (una enfermedad del ojo, bilateral y poco frecuente) y anomalía de Peter (error congénito en el desarrollo del globo ocular).

Pero si hay algo que me encanta de estos seres es su color amarillo. ¿De dónde procede esa coloración? Seguramente, y al igual que ocurre en diversos peces, anfibios, crustáceos o cefalópodos, de unas células llamadas cromatóforos que poseen pigmentos en su interior que reflejan la luz. Los cromatóforos se dividen en diferentes clases según el color que reflejen bajo una luz blanca: cianóforos (azul), eritróforos (rojo), iridóforos (iridiscente), leucóforos (blanco), melanóforos (negro/marrón).

¿Y qué clase de cromatóforos son los que poseen los amigos de Grú, el villano favorito? Los xantóforos, unos pigmentos amarillos que le dan ese precioso color. Para mantener su coloración amarilla también es importantísimo que los Minions sigan obsesionados con devorar bananas (como se ve en todas sus películas) y no coman tomates, zanahorias y demás alimentos ricos en carotenoides. Su ingesta puede cambiar su impecable color amarillo por otro más rojizo o anaranjado.

Pero dejemos la alimentación a un lado y volvamos a la genética. ¿Qué genes están implicados en que el amarillo sea el color predominante en los Minions? Por la pinta que tienen estoy seguro que poseen los mismos genes responsables de los xantóforos que le dan el color amarillo al pez cebra, un importante ciprínido emparentado con las carpas y los barbos y que se emplea habitualmente como modelo en investigación científica.

De hecho, el pez cebra ('Danio rerio') es especialmente apreciado por su homología genética con el hombre (compartimos con estos peces más del 80% del genoma) lo que permite que los resultados obtenidos de los fármacos probados en estos animales sean, en ocasiones, potencialmente extrapolables al ser humano.

Estimados lectores, son muchas las formas que existen de comunicar la ciencia. Todas ellas son válidas siempre y cuando consigan su objetivo: llevar el conocimiento científico a la sociedad sin perder el rigor. Hoy he utilizado los personajes favoritos de los niños, los Minions, para hablarles de una de mis disciplinas científicas preferidas: la genética. Espero que les haya gustado.

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