«No sabemos aún qué hay detrás del temor a la sangre»

Juan Pedro Sánchez, profesor de Psicobiología de la UMU./
Juan Pedro Sánchez, profesor de Psicobiología de la UMU.

profesor e investigador del Área de Psicobiología de la Universidad de Murcia

M. JOSÉ MORENOMURCIA

El miedo a la sangre presenta unos patrones de respuesta que difieren de los que aparecen en otras fobias, incluyendo una tendencia al desmayo en algunos pacientes cuando ven heridas o sangre, algo que no ocurre en otras fobias y de lo que se desconoce su origen.

Para tratar de desvelar esa y otras cuestiones, el profesor e investigador del área de Psicobiología de la Universidad de Murcia, Juan Pedro Sánchez, dirige el proyecto de investigación 'Respuesta emocional, procesamiento atencional y mecanismos de regulación de la emoción en la fobia a la sangre, inyecciones y heridas', financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, que, antes de 2019, pretende clarificar cuáles son los mecanismos que subyacen a la fobia a la sangre, así como aportar nuevos datos que permitan mejorar y optimizar las estrategias de intervención en este tipo de pacientes.

-Para alcanzar sus objetivos están comparando el miedo a la sangre con otros miedos.

-Hemos previsto una serie de experimentos en los que estudiaremos, entre otras cosas, el papel que juegan el asco y el miedo en la fobia a la sangre, a través del estudio de diferentes respuestas fisiológicas (frecuencia cardiaca, respiración, salivación, etc.); si el objeto fóbico (como una imagen relacionada con sangre o heridas) provoca una mayor atención que otras imágenes desagradables o, por el contrario, los pacientes con fobia a la sangre no presentan dicho sesgo atencional; en qué modo los mecanismos de anticipación del objeto fóbico son deficitarios en estos pacientes (ya que una mala anticipación supone que no tengamos una buena preparación para afrontar el estímulo temido) y si los fóbicos a la sangre presentan algún tipo de déficit en los mecanismos de regulación emocional.

En todos los experimentos no solo estudiaremos personas con fobia a la sangre, sino que seleccionaremos muestras de pacientes con otras fobias específicas (como fobias a las serpientes o a las arañas) y personas no fóbicas que nos sirvan de control.

-¿Qué diferencia la fobia a la sangre de otras fobias?

-Las personas afectadas de una fobia específica (por ejemplo, las fobias a pequeños animales, como arañas o serpientes) suelen presentar una fuerte respuesta defensiva cuando se exponen a su objeto fóbico (como una fotografía del estímulo que temen). Esta respuesta consiste en un intenso temor o miedo que se acompaña de una conducta de evitación o huida.

Fisiológicamente, dicha respuesta se caracteriza por un aumento de la reactividad simpática, consistente en aumentos de la frecuencia cardiaca, presión arterial y frecuencia respiratoria, vasoconstricción de los vasos periféricos y aumento de la respuesta electrodérmica, así como un incremento de los reflejos defensivos (como la potenciación del parpadeo reflejo de sobresalto).

La fobia a la sangre constituye una excepción a este tipo de patrón de respuesta. Mientras que, subjetivamente, los pacientes con fobia a la sangre no se diferencian de otras fobias específicas (sienten miedo cuando ven sangre o heridas, por ejemplo), es en las respuestas fisiológicas donde se producen las mayores diferencias con otras fobias.

Los primeros estudios al respecto ya mostraron que en los fóbicos a la sangre la visión de sangre y heridas no producía una reacción defensiva sostenida en el tiempo (como aceleración cardiaca), sino más bien un patrón cardiaco bifásico compuesto por un aumento inicial de la frecuencia cardiaca y la presión arterial, seguido inmediatamente de desaceleración cardiaca y disminución de la presión arterial (hipotensión). En aproximadamente 3 cuartas partes de los pacientes con fobia a la sangre, este descenso brusco puede provocar el desmayo (síncope vasovagal).

Sin embargo, no todos los estudios encuentran este patrón cardiovascular en la fobia a la sangre. Los investigadores han propuesto varias hipótesis acerca del origen de estas respuestas atípicas en la fobia a la sangre, que incluyen una sobrecompensación parasimpática de la aceleración cardiaca inicial, un desequilibrio en la activación simpática y parasimpática, la prevalencia de una respuesta de asco sobre una respuesta de miedo, o una alteración de la regulación emocional ante el estímulo temido.

-¿Cómo reacciona un cerebro fóbico a la sangre?

-En general, los estudios sobre miedo y respuestas fóbicas han demostrado que la exposición a estímulos que provocan miedo (como imágenes del objeto fóbico en el caso de las fobias) provocan la activación de un conjunto de estructuras cerebrales conocido como la red cerebral del miedo, que incluye la amígdala cerebral, una estructura relacionada con la respuesta de miedo.

Sin embargo, los estudios mediante neuroimagen funcional muestran que durante la visión de imágenes de sangre, los fóbicos a la sangre no presentan un aumento de actividad en la amígdala cerebral, al contrario de lo que sucede en otras fobias específicas. Además, las imágenes de sangre provocan en los pacientes con fobia a la sangre un aumento de actividad en la región prefrontal (una región que se ha relacionado, entre otras cosas, con la regulación de la emoción), mientras que este aumento de actividad en esta región no se produce en otras fobias específicas.

-¿Por qué creen que los mecanismos cerebrales actúan de manera distinta a la de otros miedos?

-No sabemos exactamente por qué se produce una respuesta cardiovascular distinta ni un patrón de activación cerebral diferente en los fóbicos a la sangre. Algunos investigadores sugieren que la visión de sangre no implica un peligro real hacia el individuo que observa, por lo que no se desarrolla una respuesta de defensa tan clara como en otras fobias específicas, mientras que la exposición a una serpiente, por ejemplo, supone una amenaza directa y requiere de una respuesta de defensa rápida para evitar o huir de la situación amenazante.

Otros investigadores señalan que en la fobia a la sangre prevalecería una respuesta de asco sobre la de miedo, provocando el patrón de respuestas que se observa en esta fobia. Otros también apuntan que tal vez en la fobia a la sangre se produce una respuesta defensiva de 'freezing' (quedarse helado, inmóvil). Esta respuesta la suelen mostrar algunos animales cuando han sido cazados por un depredador y tiene la función de disminuir la pérdida de sangre debida al ataque (mediante la disminución de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial); además, la presa podría aprovechar algún momento de descuido del depredador para huir. E incluso, otros investigadores plantean una deficitaria regulación de la emoción en la fobia a la sangre, lo que conllevaría una inhibición en la actividad de las estructuras que componen la red cerebral del miedo (como la amígdala cerebral) y provocaría una disminución de la frecuencia cardiaca.

En la actualidad, diferentes grupos de investigación de todo el mundo están comprobando estas hipótesis y es de prever que en un futuro cercano conozcamos cuáles son los mecanismos cerebrales y psicofisiológicos que subyacen a esta fobia y por qué son diferentes de los que se observan en otras fobias específicas.

-¿Existen otros tipos de fobias que también hagan reaccionar al cerebro de modo distinto?

-Algunos trabajos consideran que no se puede hablar de la fobia como un trastorno unitario. Es cierto que, en todas ellas, los pacientes tratan de evitar el objeto temido, pero algunos de los patrones fisiológicos y de actividad cerebral varían de unas a otras. Por ejemplo, un estudio reciente ha mostrado que los patrones de actividad cerebral difieren entre tres fobias específicas diferentes: la fobia a pequeños animales, la fobia a la sangre y la fobia social.

-¿En qué consiste el tratamiento hoy para esta fobia?

-Aunque desconozcamos todas las variables que subyacen a esta fobia, afortunadamente la investigación psicológica ha desarrollado varios tratamientos que son eficaces para el tratamiento de la misma. Los estudios de los que disponemos indican una eficacia equiparable entre tratamientos que oscila entre el 70% y el 80% de los pacientes. Sin embargo, esta mejoría varía en función del tipo de técnica empleada, lo que sugiere que puede que haya variables que aún no se han contemplado y que pueden ser importantes para el tratamiento. En general, los tratamientos basados en la exposición y en la aplicación de tensión suelen mostrar un mejora significativa de los pacientes. Las técnicas de aplicación de tensión son útiles para permitir que el paciente pueda aproximarse a la situación temida, ya que previene el desmayo y facilita, por tanto, la exposición a dicha situación. Y es precisamente la exposición a la situación temida el factor más importante para el tratamiento de las fobias específicas.

No obstante, se necesita más investigación que clarifique el papel que juegan las diferentes técnicas de intervención, lo que servirá para mejorar y optimizar los tratamientos.

-¿Cómo podría ayudar su trabajo en la mejora del mismo?

-Para desarrollar nuevos tratamientos, o mejorar los ya existentes, resulta imprescindible conocer de forma precisa cuáles son los factores que subyacen a la fobia a la sangre, que es precisamente el objetivo de nuestro proyecto de investigación.

-¿Qué llevó a su grupo a desarrollar esta investigación?

-Nuestro interés en la fobia a la sangre surgió de una serie de resultados obtenidos en nuestro laboratorio, que mostraban que, en la población sana, un grupo de sujetos que respondía con una mayor aceleración cardiaca que el resto de participantes ante un estímulo acústico intenso, posteriormente presentaba una respuesta cardiaca diferente ante la visión de imágenes de sangre, heridas y mutilaciones.

Este resultado (publicado en la revista 'International Journal of Psychophysiology') nos llevó a preguntarnos si los pacientes con fobia a la sangre también mostrarían un patrón similar. A partir de entonces, hemos ido encadenando una serie de experimentos en los que hemos evaluado varias hipótesis relacionadas con esta fobia.

-¿Ya disponen de algún tipo de resultado?

-Nuestros estudios ya han mostrado varios resultados acerca de los mecanismos que subyacen a la fobia a la sangre. Por ejemplo, hemos encontrado que el procesamiento no consciente (subliminal) de imágenes de sangre no provoca una mayor reactividad vegetativa (como aceleración del ritmo cardiaco) que otras imágenes afectivas en personas con miedo a estímulos relacionados con sangre y heridas, al contrario de lo que suele ocurrir en otras fobias específicas.

Este resultado es congruente con la hipótesis de una hipoactivación de la amígdala cerebral, que se ha visto que es capaz de procesar estímulos afectivos presentados subliminalmente y que es la responsable del desencadenamiento de una respuesta de defensa ante la visión de un estímulo temido o amenazante. Sin embargo, también hemos encontrado que en la fobia a la sangre se produce un aumento de la actividad del músculo facial corrugator supercilii (encargado de fruncir el ceño), lo que indica que en estos pacientes no es que las imágenes de sangre no provoquen miedo sino que, probablemente, las imágenes de sangre no provocan una adecuada respuesta defensiva.

En un estudio posterior, que aún está pendiente de publicación, también hemos hallado que en estos pacientes se produce un aumento del flujo salivar provocado por la visión de imágenes de sangre, mientras que en otras fobias específicas y en personas no fóbicas no se produce dicha especificidad.

Este resultado, junto con el de otras respuestas fisiológicas, sugiere que en estos pacientes se puede estar produciendo un desajuste o desequilibrio de las ramas simpática y parasimpática del sistema nervioso vegetativo, provocado por la visión de imágenes de sangre, lo que podría relacionarse con un posible déficit en la regulación emocional cuando los pacientes se exponen a estímulos relacionados con sangre. En este sentido, datos preliminares, obtenidos también en nuestro laboratorio, sobre actividad eléctrica cerebral y que hemos presentado recientemente en el congreso de la Sociedad Española de Psicofisiología y Neurociencia Cognitiva y Afectiva, parecen apuntar en esta dirección, por lo que varios de los experimentos que tenemos previstos están orientados a explorar esta hipótesis.