«Cualquier hallazgo en la Cueva del Arco puede ser una revolución»

Ignacio Martín Lerma toma notas durante la excavación./Fran Ramírez
Ignacio Martín Lerma toma notas durante la excavación. / Fran Ramírez

«Este yacimiento puntúa doble», dice Ignacio Martín Lerma de la cavidad de Almadenes, un caso único que aúna arte paleolítico y restos de sus moradores

Pepa García
PEPA GARCÍA

Poder documentar la transición entre los últimos neandertales y los primeros 'Homo sapiens'. Eso, al menos, es lo que promete la Cueva del Arco, un yacimiento ubicado en el entorno del Cañón de Almadenes y descubierto a principios de los años 90 del pasado siglo que, con motivo del incendio que afectó la zona en 2015, se analizó para comprobar si las pinturas rupestres documentadas se habían visto afectadas por el fuego.

Ahora acaba de terminar la tercera campaña de excavación -financiada por el Ayuntamiento de Cieza, la Dirección General de Medio Ambiente y Patatas Catalán, además del apoyo de la Dirección General de Bienes Culturales y la O. J. E. de Cieza-. Una investigación derivada de esa revisión, que reveló estas cuevas como un yacimiento excepcional a nivel europeo. Bajo la dirección de Ignacio Martín Lerma, profesor de Prehistoria de la UMU, y Dídac Román, de la Universidad de Barcelona, ambos esperan que los fructíferos trabajos permitan desentrañar los modos de vida desde la última fase del Paleolítico Medio (Musteriense, 45.000 a. C., según certifica el análisis de los carbones de hogares encontrados) hasta el Neolítico antiguo (7.000 a. C.), periodo que abarcan los restos encontrados, según las catas realizadas hasta la fecha. «El sureste es el último refugio europeo de los neandertales, que migraron hacia el sur empujados por la glaciación. Este yacimiento puntúa doble, porque ningún otro lugar de Europa puede aportar esta información, la del contacto entre neandertales y sapiens, una transición que tiene lugar en torno al 40.000 a. C.», cuenta entusiasmado Ignacio Martín Lerma. Ahora está embebido en el análisis de los materiales recogidos en la última campaña, que sigue deparándoles sorpresas: sedimentos, carbones, pólenes, fauna, industria lítica,... Todos ellos, llevados a cabo por especialistas de primer orden a nivel mundial de las universidades de Murcia, Barcelona, Valencia y Trento, permitirán saber de qué se alimentaban, cómo se adornaban, cómo cazaban, con qué pintaban..., aportando luz a un periodo bastante oscuro. «Esperamos reconstruir las actividades que se hacían y que el Paleolítico ocupe el lugar que le corresponde», desea.

Catalogado como yacimiento único, «aúna arte paleolítico y el hábitat en el que se desarrolló, y casi nunca se produce esa dualidad», los investigadores llaman la atención sobre la excepcional calidad de las herramientas encontradas. «Son espectaculares. Hemos hallado raederas convergentes -con dos filos-, pieza por excelencia de los neandertales; y puntas de flechas de 5 o 6 centímetros de longitud con unos retoques impresionantes», describe apasionado Martín Lerma, que los define como artesanos de calidad, de piezas muy elaboradas, y llama la atención sobre lo que falta: piezas más normales, desechos de la industria lítica que abundan en otros yacimientos. «Tiene un halo diferente a los contextos comunes», afirma el profesor de Prehistoria.

Las pinturas rupestres, del Paleolítico Superior, representan ciervos, cabezas de caballo y de cabras, estas últimas «frontales, no de perfil. Eso también es bastante raro y escaso», valora Martín Lerma, y afirma que son las pinturas más antiguas de la Región, junto a las de las cuevas de Jorge y Las Cabras, también en la zona de Almadenes. «Dominan la perspectiva y la saben modificar, lo que habla de que tienen técnicas artísticas bastante interesantes». E insisten los directores de esta investigación que «cualquier hallazgo es una revolución por la ausencia y escasa tradición en la investigación del Paleolítico. Ahora mismo, la Región está en el ojo del huracán de los paleolitistas».

Sin duda, el avance de las tecnologías y las nuevas técnicas empleadas en las investigaciones están permitiendo ahondar en estos periodos de la evolución humana y «eliminar los tintes votivos y mágicos del arte rupestre para acercarnos a las personas que lo hicieron».

De momento, considera una incógnita lo que esta Cueva del Arco puede deparar. «Podemos decir que estamos en la puerta de la casa. Esta última campaña, donde creíamos que se acaba la cueva, hicimos una cata y estuvimos un mes excavando esa nueva estancia de la cavidad», explica como ejemplo de lo que este yacimiento oculta sobre uno de los grandes misterios de la prehistoria.