Manet al auxilio de Murcia

Pandereta pintada por Manet en solidaridad con los huertanos afectados por la riada de Santa Teresa en 1879./
Pandereta pintada por Manet en solidaridad con los huertanos afectados por la riada de Santa Teresa en 1879.

En un contexto de amor casi furioso por lo hispano se produjo la riada de Santa Teresa, en 1879. En la vida cultural francesa aquella tragedia removió a artistas como Manet, que creó una serie de ocho panderetas pintadas con el fin de apoyar a las víctimas. Una de ellas acaba de ser localizada en un anticuario de París

Nacho Ruiz
NACHO RUIZ

Flotaban unos 23.000 cadáveres entre cerdos, vacas y seres humanos pudriéndose al sol de la mañana. La noche en la que nadie durmió, la del 15 de octubre de 1879, dio lugar al día en el valle aluvial donde se enclava Murcia tras el paso por sus húmedos limos de 1.890 metros cúbicos de agua. Ya habíamos tenido riadas desastrosas que registraron unos 600. Esto era otra cosa, era el infierno en la tierra. Esa mañana aún tormentosa, aquella llanura con pretensiones de valle no era propiamente una llanura, formaba una especie de pantano salpicado de manchas naranjas: los tejados de casas y barracas. El agua no se había aún retirado tras aparecer la noche antes sin avisar, en un tiempo en el que las comunicaciones y la previsión meteorológica estaba en pañales en una Murcia atrasada en casi todos los aspectos. En mitad de la noche la gente despertó al notar un fuerte impacto. El agua entró en tromba haciendo ascender violentamente todo elemento flotante y muchos no pudieron escapar cuando el agua negra y fría lanzó su cama contra el techo. El caudal llegó a primeros pisos en la ciudad en los barrios de San Antolín (en el Almudí se registraron 10 metros de altura) y El Carmen, entonces San Benito. La muerte fue un manto tan amplio como la verde llanura de naranjos y limoneros y se extendió de forma estricta en los hogares más humildes de las acequias. Aún hoy, siglo y medio después, no tenemos un número exacto de los damnificados que dejó la Riada de Santa Teresa. Los muertos flotaban entre cadáveres de animales arrastrados por el Segura, alimentado por el Reguerón y decenas de ríos y ramblas secas no cuidadas a lo largo del cauce del ancestral Thader. Flotaban en un agua marrón y putrefacta que no encontraba el desagüe natural que evitase las epidemias que se propagaban, mejor volaban, en las patas de moscas e insectos que se deleitaban en los ojos de los cientos de muertos.

Fue una tragedia infinita de las que tantas veces habían campado en el antiguo Reino de Murcia pero tuvo un matiz diferente: era el tiempo en el que la información empezaba a ser global y veloz, el de la difusión de la litografía periodística y la primera fotografía de prensa. Todo el mundo sabía el día 17 lo que había pasado en Murcia y leían horrorizados cómo la gente de la vega de Orihuela tuvo que ir a buscar a sus hijos y padres muertos a Guardamar, donde el infierno se había materializado en una inmensa mancha marrón del mar, frente a las dunas. El dolor se había ensañado con los más humildes y con ese relato desayunaban en los bulevares de París Èmile Zola, Víctor Hugo y toda la vida cultural francesa. Uno de los lectores de aquellas mañanas fue Edouard Manet.

Una ola global de solidaridad

Los periódicos españoles reprodujeron la salvífica imagen del rey Alfonso XII en su visita a Alcantarilla como una suerte de taumaturgo milagroso rodeado de huertanos agradecidos pero las autoridades locales y nacionales se vieron sobrepasadas.

En la constatación del atraso español y la miseria de las comarcas arrasadas Víctor Hugo lanzó una iniciativa solidaria sobre la que se construyó una tendencia que llega a nuestros días: la edición del periódico 'París-Murcie' en ediciones castellana y francesa. Hace unos años ya traté este tema en la exposición 'Arte en Murcia', celebrada en el MUBAM, para conmemorar el 150 aniversario del Museo Provincial y en un artículo en este periódico. Pero es conveniente recordar esta publicación tan importante para la historia de la Región y tan olvidada. 'París-Murcie' fue un periódico publicado por el Comité de la Prensa Francesa como ayuda a las víctimas de las inundaciones en España. Con una sensacional portada de Doré, en la que aparecen grabados de personajes como Boulander, Gérome, Dubufe, Berne-Bellecour, Clairin, etc, así como artículos y mensajes de apoyo que van de Garibaldi a Martínez Campos, del rey de Inglaterra al Papa, que mostraban su solidaridad con la Región para lograr una sensibilización internacional y algo que nos interesa para entender la pandereta de Manet: provocó un aluvión de donaciones y ayudas. Tal y como se detallaba en el catálogo de 'Arte en Murcia', entre estas colaboraciones de prestigio destaca la del ya citado Gustave Doré (Estrasburgo, Francia, 1832-París, Francia, 1883), el ilustrador de El Quijote y 'La divina comedia', de Dante, quizá el más importante grabador de su tiempo. Doré llevó a cabo el dibujo para la portada dentro de su estilo romántico, idóneo para recalcar las dimensiones de la tragedia, marcado por una sublimación de la naturaleza desbordante. De esa estampa litográfica viene la descripción novelada de la huerta en aquella mañana trágica. En ella el maestro muestra a una familia que se pone a salvo en el tejado de una casa mientras una presencia espectral alada aparece en el horizonte luminoso trayendo la esperanza. La potencia del trazo genera una imagen sobrecogedora de un paisaje que él no conoció, del que no debió tener referencias fidedignas, pero que debió ser, en cierta manera, así.

Manet, impactado por la tragedia, creó una serie completa de ocho panderetas para recaudar fondos, aunque continúan en paradero desconocido

No escapa a esta imagen la sensibilidad parisina de la época, en busca de un relato que se cimenta en el folletín de carácter romántico y apoyado, no cabe duda, en lo exótica que debía resultar esta tierra, tan cercana a Granada, para la burguesía culta de la capital francesa.

Grabado de la riada de Santa Teresa. | Inundaciones de Murcia de 1879, grabado obra de Juan Comba. | Retrato de Edouard Manet, obra de Henri Fantin-Latour conservado en el Art Institute Chicago.

Estilo goyesco

En 2002 se celebró en el Musé D'Orsay la exposición 'Manet-Velázquez, la manera española'. En este punto comenzó una serie de revisiones que vinculaban a los dos grandes maestros, el primero fan devoto del segundo y la línea continuó hasta la muestra, algo diferente, del Prado un año después. En la parisina hubo una pieza que nos llamó la atención a Carolina y a mí: una pandereta goyesca que había pertenecido a Antonin Proust. En aquel tiempo trabajábamos en un artículo sobre la Riada de Santa Teresa y el movimiento cultural solidario global que propició, y pensamos que podía ser familia de Marcel Proust, autor de 'En busca del tiempo perdido'. Lo cual, viendo la temática española y la datación aproximada para los organizadores de la exposición, nos la situaba en un grupo de obras que nos interesaban: las ejecutadas por los grandes maestros de la época en solidaridad con los huertanos de Murcia y la Vega Baja del Segura. Este Proust resultó ser otro, pero el siguiente propietario recalcaba la importancia de esta pieza: Etienne Moreau-Nélaton, artista y coleccionista francés que poseyó algunas de las más importantes obras de impresionistas que hoy alberga el Musée D'Orsay, entre ellas 'Desayuno en la hierba', de Manet.

En colecciones y museos se deben contar por decenas las obras de grandes maestros realizadas para ayudar a Murcia. El reto: identificarlas

Esta historia es muy relevante para Murcia. Uno de los artistas más impactados por la tragedia murciana fue Manet, tanto que creó una serie completa de ocho panderetas para ser vendidas. La recaudación iría destinada a paliar el sufrimiento, en la medida de lo posible, de los huertanos. Esas ocho panderetas tienen una significación en el arte universal por varias razones.

Majas en el balcón

En 1880 la galería de la Vie Moderne, perteneciente a un diario propiedad de Georges Charpentier, contaba con el comisariado del crítico Emile Beergerat y él fue el responsable de 'Nouvelles Oeuvres d'Edouard Manet'. En esta muestra debieron exhibirse las ocho panderetas solidarias. Podrían ser consideradas obras menores pero cualquiera con un poco de interés encontrará el vínculo de esta que ha sobrevivido -la única de la que tenemos noticia- con 'Majas en el balcón' de Goya, propiedad del Museo Metropolitano de Nueva York. De hecho, debieron ser ejecutadas bajo el intenso influjo de este cuadro, como previamente había sido el modelo para su cuadro homónimo.

Esta es una fase de auténtica pasión por lo hispano en París. Tras las invasiones napoleónicas, el mercado europeo se había llenado de obras de arte españolas, empezando por las saqueadas por el Mariscal Soult en Sevilla, que incluían los mejores Murillos (entre ellos la inmaculada llamada 'De Soult', actualmente en El Prado), Zurbaranes, Velázquez, etc. Esto generó una locura en el mercado inglés por Murillo, que se mantuvo gran parte del siglo XX. En París ocurre un hecho fundamental en el desarrollo del arte moderno: la apertura de la Galería Española de Luis Felipe en el Louvre en el año 1838 con la ayuda para las compras del barón Taylor, que adquirió todo lo mejor que hubo en iglesias, conventos y museos españoles para formar uno de los grandes conjuntos históricos que acabó siendo fragmentado tras ser destronado Luis Felipe y vendidas las obras desde 1853 en Londres, pero esa es otra historia. Aquello supuso tal shock en la cultura francesa que Millet escribió «vivo en la galería de pintura española del Louvre» y el efecto sobre Courbet, que tenía 19 años, fue definitivo. Primero fueron Murillo y Zurbarán, luego se generó una locura por Goya. El aragonés había muerto en Burdeos convirtiéndose en un mito inmediatamente. Cuando en 1888 se exhumó su cadáver para traerlo a España el cráneo no estaba. Una historia misteriosa que nos habla de la pasión -y el fetichismo- que el de Fuendetodos generó en la segunda mitad del siglo XIX.

La España exótica

El caso es que Manet recibió todo aquel impacto y su lectura del arte español produjo el gran Impresionismo. En un primer momento fue Velázquez, luego Goya. Leyó los cuadros de una manera filológica, como había hecho con el sevillano, y produjo, hacia 1879, un grupo de obras en las que el influjo de Goya es tan patente como en nuestra pandereta. Hay que entender todo esto como un movimiento global de fascinación por una España que en aquel momento era tan lejana en ciertos aspectos como Damasco. En 1832 Washington Irving había publicado 'Cuentos de la Alhambra', propiciando un interés por la exótica España islámica que fascinase por igual a Hans Christian Andersen y a Edouard Manet, junto a una legión de europeos que recorrían los polvorientos caminos de aquella España perdida en una arcadia a mitad de camino entre la Castilla esencial y un Oriente remoto.

Por el camino de Swann

En este contexto de amor casi furioso por lo hispano se produce la desgracia de Santa Teresa. Hemos de entender el impacto que produjo por la mayor difusión de los medios de comunicación. Aquí recurrimos a uno de esos libros que todos dicen haber leído, pero no parece ser así: 'En busca del tiempo perdido', de Marcel Proust.

En el primer tomo, 'Por el camino de Swann', leemos: «... y, en efecto, así es como logró las cartas más cariñosas, una de ellas aquella que le mandó Odette desde la 'Maisón Dorée' (precisamente el día de la fiesta París-Murcia, a beneficio de los damnificados por las inundaciones de Murcia), y que empezaba por estas palabras: «Amigo, me tiembla tanto la mano, que apenas si puedo escribir». La descrita por Proust fue una de las grandes fiestas de recaudación de fondos para Murcia en la que presumiblemente, estuvo Manet. La exposición de sus obras en la galería parisina La Vie Moderne es parte de este movimiento intenso que hizo de París un foco de recaudación para Murcia.

Un terreno de investigación

Esta pandereta desaparece en 2003 y podemos localizarla en París hace unas semanas gracias al galerista madrileño José de la Mano. Una vez conseguida la imagen estudiamos los datos aportados por Rouart & Wildenstein, autores del catálogo razonado de Manet editado en 1975. En él encontramos, en la página 323, la historia de la pandereta y su vinculación a Murcia. Su sola existencia y publicación es importante, pero con este reportaje se abre un campo de investigación de enormes proporciones para la historia del arte en Murcia.

Al igual que Manet dejó ocho panderetas pintadas que hoy están en paradero desconocido o perdidas para siempre, debemos pensar en obras similares de Monet, Renoir, Degas, tal vez Cèzanne... en París se abre una frontera para investigadores que quieran rastrear la generosidad de los grandes artistas franceses para con nosotros. No es una tarea imposible y, de hecho, promete unos resultados muy impactantes en plazos relativamente cortos. No todo es Salzillo en la investigación artística murciana.

Manet y Goya

Edouard Manet profundiza a finales de los años 70 del siglo XIX en la relación con Goya, de hecho esta tela que hoy guarda el Museo D'Orsay y fechada en 1869 deriva de esta otra del pintor aragonés que sirvió de inspiración para las panderetas llenas de majos y majas que el francés pintó para Murcia.