La envidia de los fotógrafos

Actuación de la compañía Tao Dance Theatre, en agosto de 2017, en el Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier. / pepe h
Actuación de la compañía Tao Dance Theatre, en agosto de 2017, en el Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier. / pepe h

Pepe H muestra en el Teatro Circo Murcia una selección de sus fotos de escena de los últimos años

MÓNICA LOZANO PROFESORA DE FOTOGRAFÍA EN LA ESCUELA DE ARTE DE MURCIA

La fotografía escénica es una especialización minoritaria en todos sus aspectos: se publica en circuitos específicos, alejada inexplicablemente de las galerías, se escribe poco sobre ella y apenas unos cuantos apasionados la practican. Se ocupa de todo lo que ocurre encima de un escenario, sea teatro, danza o música, y su dificultad técnica obliga, incluso, a la subespecialización.

Invisible para la mayoría, sobrevive por necesidad, la que tienen los artistas de lo efímero de otorgar eternidad a su trabajo. Y para eso no hay nada mejor que la fotografía, que nació para estar siempre al servicio de otros: pintores, grabadores, ingenieros... Hicieron falta muchos años y muchos debates para que lograra autonomía, a partir de un mínimo de acuerdos sobre su definición como «una representación icónica de la realidad». Re-presentación. Porque la fotografía es, esencialmente, volver a presentar algo que se extrae de la realidad, se elabora desde la subjetividad creadora y se deposita ante el espectador. La desgastada objetividad fotográfica no existe, ni la cámara de Google Earth es objetiva. Alguien ha decidido detrás de ella qué fotografiar, cómo y cuándo hacerlo.

Por lo tanto, la relación entre fotografía y teatro fluye con naturalidad, porque los dos trabajan en el mismo territorio, en la re-presentación de la vida, la realidad, la verdad. La diferencia esencial es que la primera, a veces, elige no escribir sus historias y prefiere salir a la calle, ir a la guerra o sentarse frente a un escenario, a ver qué le cuentan otros.

Fotografía y teatro también comparten la exclusividad de asistir, siempre en directo, a su propio encuentro con la creatividad. Si detrás de la cámara no hay nadie, no hay foto. Si delante de la cámara no hay nada, no hay foto. La fotografía crea siempre rodeada de realidad. El teatro también, sucede cada noche y cada noche es diferente. Una respiración, un destello de luz, un movimiento, lo transforman todo. Antes y después ya vendrá el trabajo en solitario, la reflexión, la corrección, la repetición, el silencio.

Pero el maridaje entre fotografía y teatro puede llegar a ser intenso, con toques de madera y lleno de matices especiados. Intenso para el espectador, que podrá asistir a un zapping teatral con solo situarse frente a cada una de las imágenes, muy cerca, tan cerca como para hacer posible que todo lo que rodea a la fotografía desaparezca. Y una vez dentro, con la entrada en la mano, pasearse por cada una de esas 'imágenes habitables' como Morfeo en 'Matrix', sin miedo a interrumpir la magia porque es invisible y todopoderoso. Pero también es intenso para el enólogo, es decir, el fotógrafo, que se enfrenta en cada escenario a una colección de propuestas narrativas, emocionales y estéticas ante las cuales tiene la obligación de, rodilla en el suelo y con el máximo respeto hacia los creadores del espectáculo, seleccionar la mejor opción, en su punto óptimo de maduración, garantizar la excelencia en su manipulación, combinar, innovar y seducir. En definitiva, poner todos sus recursos expresivos al servicio de la comunicación. Porque los fotógrafos profesionales saben que ese es el nivel más alto que puede alcanzar la fotografía.

En 2008, La Fábrica editó un libro que llevaba por título 'Más real que la realidad' y compilaba los trabajos del gran fotógrafo Eugene Smith publicados en la revista LIFE entre 1948 y 1956: 'Médico rural', 'El pueblo español', 'La comadrona', 'Un hombre piadoso', 'Pittsburgh' y 'Minamata'. Confieso que me sedujo la idea de robarles el título para este texto. De hecho, esas palabras me acompañaron durante toda la visita que realicé hace unos días a la exposición de Pepe H en el Teatro Circo de Murcia (TCM). Más real que la realidad. Sentía que lo representado en aquellas imágenes desbordaba el anhelo de cualquier fotógrafo documentalista por capturar la mejor realidad posible. Imaginé que esas fotografías habrían sido la envidia de Eugene Smith...

Humanos más humanos que los humanos. Replicantes perfectos, inteligentes, bellos, incansables, cuyas vidas transcurren solo entre instantes decisivos. Escenarios ideales donde no sobra ni falta nada, donde la luz siempre incide donde tiene que incidir, donde todo se destila para alcanzar la belleza de la justa medida. Me pregunto por qué no empieza todo el mundo haciendo fotos en el teatro... El gran Koudelka lo hizo. Y quizá ese sentimiento escénico es el que dota a cada una de sus imágenes de un aliento vital que resulta irresistible. La envidia de todos los fotógrafos.

Belleza pura

Y entonces, ¿por qué la fotografía escénica es invisible para la propia fotografía? Requiere un dominio excepcional de la técnica y te ofrece la oportunidad de fotografiar la belleza pura. Creada por otros, es verdad. Pero muchos fotógrafos, cada vez más, construyen sus propias realidades, fotógrafos que se transmutan en dramaturgos o cineastas para buscar precisamente eso, una destilación de la realidad que seduzca y perturbe. A este tipo de fotografía lo llamamos 'fotografía escenificada' y el respeto hacia ella, tanto en el circuito artístico como académico, no para de crecer. Sin embargo, a la 'fotografía escénica' apenas se le dedican unas líneas, exposiciones o publicaciones. Excepto en Murcia, donde sí nos interesa. Menos mal. En 2007, Mara Mira, al frente del Centro Párraga, impulsó dos muestras simultáneas y una colección de Cuadernos de Fotografía Escénica en torno a la obra de Albert Fortuny, fotógrafo teatral, y Quin Llenas, fotógrafo de danza, que son referencia a nivel nacional. Desgraciadamente, la iniciativa no pudo ser continuada. Pero ahí queda. Otros festivales de la Región también han dedicado recursos a poner en valor esta profesión. Y ahora el TCM abre su vestíbulo a diez precisas imágenes creadas por Pepe H, escogidas con exactitud, producidas con calidad, que deslumbran bajo su humilde respeto al espacio expositivo que las acoge, casi avergonzadas de rozar la alfombra roja.

¿Y dónde radica su potencia? Después de un primer vistazo es fácil decir que el secreto de su éxito se esconde tras una destreza instrumental soberbia que consigue brillar en las peores condiciones lumínicas, que sabe detener la acción en el momento justo, que domina la expresividad del color, el tiempo del movimiento, la significación de la nitidez... Que así cualquiera puede. Otra tentación posible es dejarse ilusionar por la esencia de la fotografía, su propia invisibilidad como medio de expresión artística, y sumergirse en elogiar a los creadores de la obra teatral, como si el marco de la imagen solo fuera un telón escénico que nos invita a concurrir al espectáculo, como si la fotografía no existiera. Pero yo quiero subrayar otro aspecto, el que incide en la perspectiva del fotógrafo porque, intuyo, es del que menos se habla.

Cuando un profesional recibe el encargo de fotografiar un espectáculo teatral solo tiene dos opciones creativas. O se introduce en la piel del director para hacer suya la obra. O se pone en los ojos del espectador para disfrutar ante la sorpresa, el drama, la emoción. Los primeros asisten a los ensayos, lo fotografían todo antes, durante y después, conocen a los actores, hablan con el director, memorizan los diálogos, cronometran los cambios de luces... se entrenan. Los segundos también se entrenan, pero en el gimnasio, en la calle, en la vida. Cuando llegan al teatro no saben nada porque no quieren saber nada. No saben de qué va la obra ni cuánto dura, no saben cómo serán las luces ni lo que durarán en cada posición, cuántos actores habrá en escena ni cómo se moverán. Nada. Cuanto menos, mejor. Para poder estar en tensión durante toda la obra. Porque los grandes creadores saben que solo así se construyen las mejores imágenes, las que son la envidia de todos los fotógrafos. Pepe H (Murcia, 1975) es un fotógrafo escénico que pertenece a la segunda categoría y este texto va por él.

No se pierdan la exposición.

 

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