«Esta es vuestra patria»

«Esta es vuestra patria»
Javier Muñoz
DIEGO CONESADelegado del Gobierno en la Región de Murcia

Al margen del simbolismo y rotundidad de una cifra que motiva y engalana cualquier acto conmemorativo, el 40 aniversario de la Constitución Española representa una magnífica oportunidad para reflexionar, interiorizar y valorar adecuadamente la trascendental contribución que este decisivo soporte jurídico, legal y vital ha ejercido sobre nuestra existencia. Este periodo constitucional, que transcurre entre 1978 y 2018, es, con diferencia, el más largo de cuantos hemos disfrutado en nuestra historia, ya sea como Monarquía constitucional o como República, siempre de breve recorrido.

El 6 de diciembre de 1978, España se refundaba como un Estado social y democrático de Derecho. Por primera vez, la negociación, el acuerdo, el consenso, las cesiones mutuas y el interés general emergen sobre la imposición unilateral y la arbitrariedad del absolutismo para moldear un nuevo texto constitucional bajo el que, desde entonces, ejercemos plácidamente nuestros derechos y libertades más elementales, ajenos a las vicisitudes y frustraciones que, durante siglos, ha provocado nuestra tumultuosa historia constitucional. Aspiración española iniciada tímidamente con el Estatuto de Bayona, que, por su origen y condición de napoleónico, nació herido y desapareció por razones obvias derivadas de nuestra Guerra de la Independencia. De las Cortes Constituyentes, refugiadas en Cádiz, salió la Constitución de 1812, la primera española e inspiradora de tantas otras, aunque lamentablemente efímera, como consecuencia de la reacción política absolutista. El tránsito por el Estatuto Real de 1834 nos llevó a la constitución de 1837, a la de 1845, al proyecto constitucional de 1852 y al texto no promulgado de 1856. Así, hasta el súbito sobresalto que supuso la Gloriosa de 1869 y, aún, yendo y viniendo, la Federal republicana de 1873, antes de la Carta Otorgada de 1929 y la Constitución Republicana de 1931.

Un repaso histórico necesario, pues solo enfrentando, o recordando, los problemas políticos, sociales y económicos derivados de la ausencia de un texto constitucional sólido, justo y consensuado, seremos capaces de reconocer la dimensión de una conquista que ha facilitado la etapa de mayor progreso social y económico y estabilidad política de nuestra historia. Por eso, este cuarenta aniversario se antoja una ocasión única para rendir tributo al sacrificio y generosidad de nuestros padres constitucionales y para reivindicar la vigencia de nuestra Carta Magna, el marco adecuado, y desde luego el único, desde el que seguir regulando nuestra convivencia y perfeccionando, en la medida de lo necesario, nuestro Estado de Derecho.

Nuestra realidad actual exige recuperar aquel liderazgo político transformador, esa capacidad de diálogo de unos líderes que entendieron el consenso, frente a la riña política

Hace ahora ya cuarenta años, España sacó billete hacia la modernidad y se subió al tren de la historia ante la sorpresa y admiración internacional, sentando las bases de lo que hoy constituye nuestra ejemplar convivencia democrática. Nuestra realidad actual exige recuperar aquel liderazgo político transformador, esa capacidad de diálogo de unos líderes que entendieron el consenso, frente a la riña política, como la única forma de afrontar las enormes y urgentes necesidades sociales que también hoy nos acucian y que, consecuentemente, debemos acometer con el mismo espíritu e idéntica responsabilidad.

Cuarenta años de una encrucijada histórica a la que el Gobierno de España no es ajeno. Y por ello organiza desde hace meses multitud de actos, exposiciones y conferencias que repasan con espíritu divulgativo estas últimas cuatro décadas de reconfortante amparo constitucional, lo que contribuye a redimensionar la importancia de nuestra constitución como desencadenante y garante de nuestra forma de vida.

«Españoles, aquí tenéis vuestra patria», proclamaba Agustín de Argüelles, político, diplomático, tutor de la Reina Isabel II y protagonista esencial en la redacción de las constituciones de 1812 y 1837, blandiendo un ejemplar de 'La Pepa' en la Iglesia de San Felipe Neri. Y, aunque durara poco el entusiasmo progresista y liberal de aquellos diputados patriotas reunidos en Cádiz, aquel fracaso inicial estableció los mimbres oportunos para la consolidación de un principio fundamental: la soberanía nacional como pilar esencial del Estado de Derecho. Lo que garantiza el posterior desarrollo del resto del articulado que regula nuestros derechos, deberes y libertades constitucionales.

Por tanto, haciendo bueno el axioma de Argüelles, mientras haya Constitución, habrá patria. Patriotismo que transita seguro en todas sus variantes institucionales porque está arropado por el patriotismo constitucional que esta Ley de Leyes nos garantiza a todos los españoles, en soberanía nacional, en libertad y en igualdad.

 

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