Tres tiempos de la constitución

TOMÁS ZAMORA ROSExpresidente de la Croem y presidente de Proyecto Hombre

La posguerra y sus dificultades se prolongaron prácticamente hasta 1959, año en el que se va cerrando el duro recorrido del aislamiento y la autarquía económica. Se inicia entonces un segundo periodo con el Plan Nacional de Estabilización, que se prolonga hasta la muerte de Franco en 1975. Es en este marco en el que me inicio como trabajador (1954) y como empresario en 1967.

Estaba centrado en la empresa pero, aunque sin adscripción política, la escena social y política de la Transición la viví con bastante intensidad ya que mi entrañable maestro, amigo y socio, Antonio Pérez Crespo, primer y único presidente de la Preautonomía de Murcia, me hizo partícipe de sus preocupaciones e inquietudes. Sería conveniente que muchos políticos actuales estudiaran la personalidad y obra de Pérez Crespo.

El conocimiento de las dificultades para obtener un consenso me permitió valorar el gran esfuerzo y generosidad de todas las personas que hicieron lo posible para enterrar odios y enfrentamientos y ofrecer una Constitución que permitiera vivir en armonía a todos los españoles. Naturalmente, voté 'sí' a la Carta Magna, pero me asaltaban dudas: ¿Cómo entenderían los que estaban en el poder la democracia? ¿Y la figura del Rey? ¿En qué acabaría el Senado? ¿Cómo serían las relaciones empresa-sindicatos? ¿Y las autonomías? Me decía que posiblemente estarían justificadas para algunas regiones, pero en Murcia no lo veía claro. A lo último, el resultado de la votación fue esperanzador: con una participación del 67%, se alcanzó un 91,81% de partidarios del 'sí'.

Dado el clima político que se respira y la falta de liderazgo y experiencia, sería conveniente posponer cualquier cambio en la Carta Magna

Cuarenta años después, el análisis y valoración de los resultados, con respecto a los que se esperaban de la Constitución de 1978, es la parte más importante y a la que correspondería dedicarle más espacio en este artículo, pero sin duda serán analizados por expertos que lo harán mejor que yo, no sin resaltar que los resultados son elocuentes y demostrables, tanto a escala estatal como autonómica, y que durante el periodo de vigencia de esta Constitución no solo la economía ha experimentado una gran mejoría, también la cultura empresarial y las relaciones entre organizaciones empresariales y sindicales, y de estas con el resto de instituciones.

Lo pasado es historia y nos enseña los aciertos y errores de aquel tiempo, pero el que ahora vivimos es muy diferente. No obstante, dado el clima político que se respira y la falta de liderazgo y experiencia, sería conveniente posponer cualquier cambio. Y si fuera inevitable, sugiero respetar la monarquía constitucional, fortalecer el Estado de las autonomías, consagrar el Senado como Cámara de las autonomías reduciendo el número de senadores y aceptar, practicándola, la división de poderes; es decir, la limitación de poder.

Seguro que no faltarán propuestas más o menos interesadas. La mía la tomo de la primera Constitución Española, la del 19 de marzo de 1812 ('La Pepa'), que en su artículo 13 señala: «El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen».

 

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