Sin temor a mejorarla

Sin temor a mejorarla
Felip
ROSA PEÑALVERPresidenta de la Asamblea Regional

Cuarenta años desde que los españoles y españolas aprobamos la norma constitucional que más ha pervivido en nuestra historia, y que nos ha traído al nivel de derechos, progreso y bienestar que gozamos hoy. ¡Cómo hemos cambiado! Ante esta incontestable realidad, pueden adoptarse distintas actitudes.

La primera, emulando el refrán inglés, 'Si funciona, no lo lleves a reparar', es afirmar que nuestra Constitución es hoy tan actual como hace 40 años y que, en consecuencia, no hay que modificarla porque hacerlo supondría atentar directamente contra los valores de diálogo y consenso que la inspiraron y casi regresar a los enfrentamientos fratricidas anteriores a ella. Se llega a tachar de antipatriotas y precursores de la ruptura de España a quienes proponen para nuestra Constitución algún tipo de reforma.

Otra actitud, bien distinta a la anterior, es la que adoptan algunos que consideran nuestra Carta Magna como papel mojado, como una norma totalmente obsoleta, desfasada e incapaz de dar respuesta a las actuales demandas ciudadanas. Hay que derogarla, nosotros no la votamos, afirman estos otros.

Aunque las opiniones anteriores parecen abrirse hueco en los medios de comunicación y redes sociales, estimo que somos mayoría las y los que pensamos que nuestra Constitución, al igual que cualquier otra norma, es mejorable en función de las necesidades y de las demandas del nuevo cuerpo social que la sustenta. Nada es inmutable, todo cambia, hemos de adaptarla a los cambios que se han sucedido en estos 40 años. ¡Perdamos el temor a mejorarla!

Nuestra Constitución no tuvo madre, siete varones fueron los encargados de redactarla; solo en dos artículos de toda ella aparece la palabra 'mujer'

La nueva realidad social de las españolas y españoles, sus nuevas exigencias, sus nuevos derechos y libertades, la nueva conciencia ecológica y de sostenibilidad, los derechos de conciliación, el ensamblar las aspiraciones territoriales, la visibilización de las mujeres, y un largo etc, pueden y deben tener cabida en nuestra ley de leyes.

Conseguir este objetivo requiere volver al espíritu de diálogo y consenso que impregnó la redacción de nuestra Constitución en el año 78.

Hay que recuperar la altura de miras, la capacidad de flexibilizar postulados propios para reformar la mejor de las normas que hemos tenido nunca, pero a la que -en mi opinión- le vendría muy bien, nos vendría muy bien a todos, el que se potenciara con una reforma consensuada.

Nuestra Constitución no tuvo madre, siete varones fueron los encargados de redactarla; solo en dos artículos de toda ella aparece la palabra 'mujer' y no precisamente para ayudar: uno para señalar que el matrimonio es entre hombre y mujer y 'evitar el matrimonio homosexual' (ya reformado) y otro aún vigente que impide el acceso al trono a las mujeres. ¡Cómo no va a necesitar una cuidadosa puesta a punto!

El vértigo que algunos experimentan con las reformas, o la sensación de que todo está para derribar, puede atemperarse si nos fijamos en los países de nuestro entorno: Portugal la ha reformado siete veces desde su aprobación, solo dos años antes que la nuestra. Alemania ha reformado la piedra angular de su ordenamiento jurídico en más de sesenta ocasiones desde 1949. Otro ejemplo: Austria ha reformado más de cien veces su texto constitucional desde su aprobación en 1930.

Estoy convencida de que la Constitución de esos países ha salido fortalecida tras la aprobación de cada una de sus numerosas reformas, y que la nuestra alcanzará ese objetivo en cuanto perdamos el miedo a dialogar sobre nuestra reforma constitucional.

Hasta entonces, yo he prometido cumplirla y hacerla cumplir. Así haré aunque, y permítanme que ahora, despojada del cargo institucional que ostento, y como simple mujer, sienta la urgente necesidad de modificar la que sigue siendo la mejor de nuestras normas, pero que todavía tiene preceptos, como el contenido en su artículo 57, en el que se da preferencia, todavía a estas alturas, «al varón sobre la mujer».

¡Vamos a reformarla, perdamos el temor a mejorarla!

 

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