Los sindicatos llevan su lucha a las calles

La reivindicación de las condiciones laborales se une a la defensa de los valores democráticos en un contexto en el que CC OO, UGT y USO se convierten en referentes bajo el liderazgo de figuras como Emilio Petri y Francisco Solano

Zenón Guillén
ZENÓN GUILLÉN

La irrupción del movimiento sindical comenzó a dejarse sentir con más fuerza en la Región a partir de la segunda mitad de los años 70, dentro de un contexto económico expansivo y pese a las carencias de un modelo de desarrollo en el que la industria tenía un papel reducido, a excepción del polo de Cartagena y toda la cuenca minera de su entorno, junto al incipiente sector agroalimentario focalizado, sobre todo, en las fábricas de conservas.

Hasta entonces, los balbuceos en la representación de la clase trabajadora habían estado atados al Sindicato Vertical (CNS) del régimen franquista. Sin embargo, conforme avanzó la década se produjo un gran salto en la lucha por los derechos de los trabajadores, gracias a los compromisos ideológicos de determinadas personas en torno al comunismo, socialismo y al propio anarquismo, así como de otros valores inculcados en movimientos sociales o al amparo de la Iglesia de base (HOAC, JOC).

A ese despertar sindical contribuyeron los conflictos laborales en algunas empresas para exigir el aumento de los salarios, así como las huelgas del metal y la construcción, a los que se sumó la influencia de lo que ocurría en otras regiones españolas con mayor actividad industrial, donde se había experimentado ya un avance más notable a pesar del contexto de clandestinidad. Ahí se enmarcan conflictos como el de la construcción, que se prolongó desde el 11 de abril al 17 de mayo de 1978, marcando un pico máximo de movilización.

La Unión General de Trabajadores (UGT) -a la cabeza representativa-, junto a Comisiones Obreras (CC OO) y Unión Sindical Obrera (USO), se situaron desde un primer momento al frente de la movilización, dentro de un espacio en el que actuaban a su vez otros grupos de corte más radical como CGT, CNT y ORT.

De una forma u otra, todos fueron protagonistas de un activismo que fue acrecentándose conforme se encaminaba la Transición, pasando del ámbito concreto de cada empresa y sector hasta reivindicarse con la toma de las calles en manifestaciones, concentraciones y protestas en las que se dejaban sentir las motivaciones políticas.

Celebración del I Congreso de Comisiones Obreras en la Región, celebrado en 1978.
Celebración del I Congreso de Comisiones Obreras en la Región, celebrado en 1978. / Archivo de CC OO

Con todo, existía al principio una escasa unidad de acción que se veía perjudicada, asimismo, por la persecución a los cabecillas sindicales, ya fuera a través de presiones y despidos por parte de los patronos, como también por la represión institucional debido a las cargas policiales y detenciones de una dictadura que se desmoronaba.

Un logro destacado fue la creación en 1976 de la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS), en la que estaban Comisiones, UGT y USO. Eso permitió un alineamiento en la lucha que trajo, por ejemplo, que en noviembre de ese año, todas estas entidades y la CNT realizaran un comunicado conjunto contra el entonces gobernador civil de Murcia, Federico Gallo, por denegar la solicitud de permiso para realizar una concentración.

Desde la clandestinidad

Entre los líderes sindicales regionales que fueron protagonistas en un momento histórico tan importante para la democracia española destacaron figuras como las de Emilio Petri Ballesteros, secretario general de Comisiones Obreras en la Región en 1978, así como otros compañeros como Jesualdo García y Julio Martínez Victoria, quienes presentaron el sindicato en Torre Pacheco el 1 de julio de 1977, apenas tres meses después de legalizarse la organización. Ambos eran históricos referentes en la clandestinidad en los astilleros de Bazán (Cartagena). De hecho, Martínez Victoria llegó a estar más de año y medio en cuatro cárceles diferentes a finales del franquismo.

Igualmente, aparecen nombres en UGT como los hermanos Mira (Pedro Antonio, Isabel y Fina), Jesús Pérez Cayuela, el histórico presidente del sindicato Pepe López, Lola Sánchez y Antón Martínez Guirao, quien fue secretario general hasta que tomó el mando Francisco Solano Gambín, en 1978, tras desembarcar junto a otros casi 5.000 compañeros murcianos a raíz de la escisión producida en USO a finales de 1977.

Hay que tener en cuenta que la Unión Sindical Obrera alcanzó un gran desarrollo en ese momento en la Región, sustentado en las cotas de representatividad alcanzadas en las elecciones sindicales de 1975, celebradas en el seno de la extinta Organización Sindical Española con la nueva Ley Sindical, lo que permitió a esta organización y a Comisiones auparse desde dentro del sistema, incorporando a nuevos cuadros sindicales y a gente más joven dispuesta a la militancia.

«Una época muy ilusionante»

Distinto fue el caso de UGT que afrontó casi una refundación en la Región. Y en ese proceso destacó el papel jugado por Fernando Valderrama, enviado desde Madrid por el propio Nicolás Redondo para impulsar la organización. Así lo reconoce Lola Sánchez, quien se incorporó al proyecto, precisamente, antes de su legalización. Según ella, «fue una época maravillosa y muy ilusionante»; además, recuerda momentos singulares como el vivido «cuando organizamos en Murcia la primera charla sobre el divorcio y el aborto».

Cartel del I Congreso de Comisiones Obreras en la Región, celebrado en 1978.
Cartel del I Congreso de Comisiones Obreras en la Región, celebrado en 1978. / Archivo de CC OO

Asimismo, rememora con satistacción aquel periodo Solano Gambín, procedente de las artes gráficas, que fue secretario general ugetista tras haber sido antes uno de los fundadores de USO en tierras murcianas, y que por las circunstancias tuvo que asumir el papel de empresario con Novograf -propiedad en la actualidad de una compañía catalana-. «Existía un idealismo y una alegría especial por trabajar en la consolidación de la democracia, no había intereses particulares; era todo voluntarismo para hacer una sociedad mejor», hace hincapié desde la perspectiva que da el tiempo, a sus 73 años. Y bajo esa premisa «ejercí mi voto en mi colegio electoral en el barrio de El Carmen».

Eran abundantes los casos de afiliados en los que se mezclaba la labor sindical con la apuesta política, compartiendo una doble militancia en alguno de los partidos de la izquierda. Incluso, muchos acabaron asumiendo cargos representativos en las instituciones tras concurrir en listas electorales. Ese fue el caso de Solano, que aunque se implicó desde el principio por separar una esfera de la otra, llegó a ser concejal de Policía Local y Personal por el PSOE en el Ayuntamiento de Murcia entre los años 1979-1983.

Del mismo modo, Emilio Petri, tras pelear en CC OO, donde aterrizó después de años de lucha desde la década de los 60 en la defensa de los empleados del sector financiero, donde llegó a ser vicepresidente de la Sección Social del Sindicato de Banca, Bolsa y Ahorro, en Madrid, acabó dando el salto también a la política. Así, fue diputado de la Asamblea Regional en la primera legislatura autonómica, primero en el Grupo Socialista y después en el Grupo Mixto. Aunque, antes, había sido candidato del Partido Comunista de España (PCE) al Senado por Murcia. Tras ese paréntesis prosiguió con su actividad sindical.

Sin duda, un compromiso social que vivieron con la misma pasión otros muchos compañeros, como los ugetistas José Zafrilla y Enrique Capel. Este último, a sus 84 años, recuerda con emoción aquella etapa «desde el coraje por participar en la defensa de los valores democráticos», lo que provocó que estuviese vigilado por el Gobierno Civil. Una vida intensa que le llevó desde la Guardia Civil, en la que fue agente, hasta la lucha sindical en el Puerto de Cartagena.

 

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