«¿Sienten la Carta Magna como suya?»

En primera fila. Luis Gálvez (i) y Germán Teruel intercambian impresiones en una de las aulas de la Facultad de Derecho de la UMU./Edu Botella / AGM
En primera fila. Luis Gálvez (i) y Germán Teruel intercambian impresiones en una de las aulas de la Facultad de Derecho de la UMU. / Edu Botella / AGM

Los profesores de la Universidad de Murcia Luis Gálvez y Germán Teruel dirigen aulas participativas, internacionales y multigeneracionales en las que se prioriza el debate: «¿Tiramos la casa y sus pilares o solo cambiamos el gotelé?»

Daniel Vidal
DANIEL VIDAL

Los dos primeros alumnos a los que les toca exponer hoy en la clase práctica de Derecho Constitucional II muestran nervios dispares. Alejandro, enchaquetado, se desenvuelve mejor sobre la tarima que su compañero David, con cierto tembleque y algo más atropellado en la explicación sobre una sentencia con la que el Tribunal Constitucional resuelve una colisión entre el derecho a la información (que defendían los demandados) y el derecho a la intimidad (que reclamaba la parte demandante). Dos derechos fundamentales amparados por la Constitución Española sobre los que los estudiantes «no han profundizado» a lo largo de su intervención, que se pasó cuatro segundos de los 15 minutos reglamentarios. «Están los dos aprobados», tranquiliza a sus pupilos el profesor y catedrático acreditado de Derecho Constitucional Luis Gálvez. Eso sí, «la exposición ha sido desorganizada en general; me ha faltado claridad en las posiciones» respecto a la demanda que interpusieron la actriz Mónica Estarreado y el director de cine Luis Arribas a la extinta revista del corazón 'Qué me dices', a la que el TC condenó finalmente en 2014 por vulneración del derecho a la intimidad de los demandantes.

La parte de la exposición desarrollada por David, «que era la más relevante», según el profesor Gálvez, «se ha perdido en partes procesales». Y al meollo de la cuestión, «que era el enfrentamiento entre estos dos derechos fundamentales, se le ha dedicado poco tiempo. Dice el Tribunal Constitucional en la sentencia que una cosa es el interés del público y otra cosa es el interés público, que es el que justifica una invasión del derecho a la información en el ámbito de la intimidad. Y en este caso no hay un interés público relevante, aunque sean personajes públicos», alecciona el profesor a unos alumnos que no pierden ripio en medio de un silencio absoluto que contrasta con el bullicio propio de un inicio de la clase.

Sobresaliente

Después de David y Alejandro, que no se muestran demasiado satisfechos con su aprobado raspado al volver cabizbajos a sus respectivos pupitres, llega el turno de sus compañeras Andrea (defensora de la parte demandante) y Ainara (defensora de la parte demandada). Seguras y resueltas junto al encerado, explican a sus compañeros la sentencia dictada por el Tribunal Constitucional este mismo año en relación al derecho al olvido. El fallo da la razón (parcialmente) a dos ciudadanos que fueron juzgados hace más de 30 años por tráfico de drogas, y que consideraban vulnerados sus derechos al honor, a la intimidad y a la protección de datos porque sus nombres y apellidos seguían apareciendo en los buscadores de la hemeroteca de 'El País' en su versión digital. El diario tuvo que cambiar los nombres y los apellidos por las iniciales de los condenados, aunque la noticia -«veraz y de interés público», según la defensora del periódico en clase- sigue disponible para los lectores.

Luis Gálvez (Murcia, 1966)
Estudió Derecho en la Universidad de Murcia, donde empezó a dar clases en el año 1991, también de Derecho Constitucional. Aunque su carrera docente también ha estado muy ligada a la actividad investigadora. En la actualidad, trabaja en una línea sobre Derecho Electoral y en otra sobre Derechos Fundamentales. Un científico de la ley, aunque sin bata. Miembro del Consejo Jurídico de la Región y también director del Aula de Debate de la UMU, reconoce que trabaja en lo que le gusta «con alumnos que van a ser excelentes profesionales».
Germán Teruel (Murcia, 1986)
Siempre quiso «ser juez», aunque pronto descubrió que su vocación iba encaminada a la docencia universitaria, que es «una de las actividades más ricas. Un profesor tiene una independencia que no tiene un juez», señala Teruel, quien impartió su primera clase con 25 años en la Universidad de Bolonia. Promociona con ahínco las 'olimpiadas constitucionales' «impulsadas por mi compañero Paco García Costa», así como los diferentes seminarios en los que se involucra para divulgar los valores constitucionales. El último, hace solo unos días en Murcia.

«El derecho al olvido no ampara un pasado a la carta», deja claro Gálvez, quien se apresura a calificar con «sobresaliente» la exposición de sus alumnas, que también superan sin problemas un pequeño fallo informático final. Aplauso unánime de los compañeros como colofón al trabajo y merecida nota porque, entre otras cosas, y según uno de los miembros del 'jurado' -formado por los alumnos y alumnas que habían presentado las últimas prácticas-, «escuchaba a Andrea y me convencían sus argumentos; pero es que luego escuchaba a Ainara y también me convencía». Además, «la exposición estaba muy clara y parecía un debate entre abogadas de verdad», según otra de las componentes del 'jurado'. Y eso «es lo mejor que le pueden decir a un abogado», según el profesor, quien se muestra de acuerdo con la sentencia y con su particular 'jurado': «Me ha gustado mucho la exposición, tanto en el fondo como en la forma; ya saben que el modelo de debate es el que yo siempre recomiendo porque es el más dinámico». Y, aunque hay que aprobar el examen para superar la asignatura, el peso de la práctica es fundamental. «Si en el examen sacan un notable y en la práctica un sobresaliente, les pongo un sobresaliente», reconoce Luis Gálvez. Aviso para navegantes.

«El que no esté colocado...»

Pasan algunos minutos de las nueve de la mañana -«minutos de cortesía académica»- cuando da comienzo la clase de Derecho Constitucional I que imparte el profesor Germán Teruel en primer curso para más de 50 alumnos. La hora y media también es práctica, aunque el tema capital es la Transición española y su influencia en la Constitución. Desde la muerte del dictador Francisco Franco hasta la victoria de Felipe González y los socialistas en las elecciones generales de octubre de 1982. El profesor Teruel, que parece que lleve toda la vida dando clase a sus 32 años, no paró de hacer preguntas. «¿Por qué se dice que fue genuino el proceso de la Transición? ¿Cuáles fueron los pecados originales de nuestro proceso constituyente? ¿Han condicionado de alguna manera el contenido de la Constitución de 1978? ¿Quiénes fueron los principales agentes de la Transición y qué aportaron? ¿Qué hitos destacarían del proceso y qué relevancia tuvieron en su contexto?». Con una atención mayúscula sobre su lección que para sí la quisieran muchos profesores de instituto y algunas monsergas de enemigos de la Constitución, Germán Teruel fue obteniendo las reflexiones de sus alumnos: «La sociedad española tenía miedo y no tenía ganas de repetir lo que había ocurrido en 1936. No tenía ganas de otro proceso revolucionario que desembocara en la Constitución. La gente quería democracia, pero también quería paz», observa una de las alumnas de la primera fila. También se debate sobre la conveniencia o no de haber depurado mandos policiales y militares franquistas, sobre la Ley para la Reforma Política, sobre la UCD o sobre las injerencias del poder político sobre el poder judicial, que «suceden desde hace más de 200 años, como hemos visto en el caso de Marbury contra Madison», recuerda el profesor, que utiliza un tono con altas dosis de pasión que engancha a todos por igual. Tanto a los alumnos extranjeros de la clase (argentinos y franceses) como a los más jóvenes y los más mayores, como Domingo, que a sus 70 años acaba de empezar la carrera de Derecho con la misma ilusión, o más, que el resto de sus compañeros.

«Una cosa es el interés público y otra el interés del público, que es el que justifica la invasión de la intimidad», alecciona Luis Gálvez

«¿Yo nací y crecí en la dictadura, y viví toda la Transición. También aquello de 'muchachos, al loro', y 'el que no esté colocado que se coloque'», que pronunció Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid en plena 'movida' y también catedrático de Derecho Político en la Universidad de Murcia entre 1948 y 1953, recuerda a toda la clase este alumno, que también es una lección viviente. Después de repasar la relación de la 'movida' con los principios fundamentales que recoge la Carta Magna, el profesor encara el final de la clase con un par de preguntas clave: «¿Sienten la Carta Magna como suya o quieren volver a votarla?». «En ese caso, ¿qué cosas les gustaría cambiar de la Constitución?». Y los alumnos contestaron: «La Ley Electoral»; «quizá la forma de la Jefatura del Estado». Y Teruel pide votar: «¿Tiramos la casa común en la que un día decidimos convivir, con sus pilares (la libertad, la igualdad, el pluralismo político), o solo cambiamos el gotelé y hacemos alguna reforma?». Ganó la segunda opción por mayoría absoluta y sin ningún voto en contra, aunque con unas pocas abstenciones. Germán Teruel se quedó con ganas de 'destripar' esas abstenciones cuando la hora y media de lecciones llegó a su fin. En la próxima clase.

 

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