La sanidad como símbolo

El sistema público de salud es uno de los grandes logros de la España constitucional. Todo empezó en 1978, con la creación del Insalud. Desde entonces, el salto hacia adelante en la Región ha sido incuestionable

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRA

Cuarenta años después de que comenzase la aventura de la España constitucional, pocas cosas generan ya los consensos logrados en la Transición. El sistema público de salud es una de estas excepciones. Los intentos de cambiar el modelo -algunos ha habido, aunque no en Murcia- han fracasado estrepitosamente. Con sus luces y sus sombras, la sanidad pública es motivo de orgullo compartido. Todo empezó en 1978 con la creación del Instituto Nacional de Salud (Insalud). Desde entonces, el salto hacia adelante en la Región, como en el resto del país, ha sido incuestionable.

En el 78 no había trasplantes, ni centros de salud de Atención Primaria, ni sanidad universal. Quienes podían permitírselo acudían a los médicos especialistas de la privada. Los grandes hospitales de la Seguridad Social apenas habían comenzado a andar. Los sueldos de los sanitarios, en el incipiente sistema público, eran bajos, y las plantillas muy escasas. Según el Instituto Nacional de Estadística, la Región contaba con 1.678 médicos, cuando ahora hay más de 5.000. Los primeros MIR empezaban entonces a formarse.

Hasta la llegada de la democracia, el frágil sistema sanitario público se articulaba en torno al Instituto Nacional de Previsión (INP), que cubría a quienes contaban con el seguro obligatorio de enfermedad, es decir, a quienes cotizaban. También a sus descendientes y ascendientes directos. El primer gran hospital de la Seguridad Social en Murcia fue la Residencia Sanitaria Virgen de La Arrixaca, levantada en 1967 en lo que hoy es el Morales Meseguer. En 1971 se inauguró el Rosell en Cartagena y, en 1973, el sanatorio Santa Rosa de Lima, en Lorca. En 1975, La Arrixaca se trasladó a su ubicación actual, en El Palmar. El viejo edificio de Vistalegre no sería recuperado como hospital hasta 1993.

Pero no todos tenían acceso a estos centros sanitarios, en un sistema ligado a las cotizaciones. Para el resto quedaba, en Murcia, el Hospital Provincial San Juan de Dios, que cubría la beneficencia, como también posteriormente a los funcionarios. Con el nuevo sistema autonómico y la desaparición de la Diputación, el hospital pasó a manos de la Comunidad, pero no fue hasta 1984 cuando pasó a ser el Hospital General Universitario, embrión del hoy Reina Sofía.

Sanitarios trasladan a pacientes llegados en ambulancia a La Arrixaca.
Sanitarios trasladan a pacientes llegados en ambulancia a La Arrixaca. / LV

En cuanto a la Atención Primaria, no existía tal y como la conocemos hoy. «Había ambulatorios, con médicos que pasaban consulta durante dos horas y media al día. Podían tener unas 2.500 cartillas a su cargo y ver cada mañana a 90 personas», cuenta José Martínez, médico de familia y autor de una tesis doctoral sobre la evolución de la Atención Primaria en España. Los padres llevaban a sus hijos a las consultas privadas, y los ambulatorios eran poco más que el lugar en el que recoger recetas y pedir la derivación a un especialista. Pero 1978 fue precisamente el año en que se celebró la conferencia mundial de Alma-Ata, que revolucionaría el concepto de Medicina de Familia y sentó las bases de la actual Atención Primaria. Los centros de salud no nacieron, como tales, hasta 1984.

Los años finales de los 70 estuvieron marcados en la Región por el gran peso de la sanidad privada, que cubría el hueco de un sistema público todavía por desarrollar. La atención especializada se ofrecía en clínicas como Virgen de la Fuensanta, San Carlos -ahora Quirónsalud- o Mesa del Castillo, presente en Murcia desde 1948. En 1972 abrió sus puertas la clínica San José de Alcantarilla, y en 1973 se inauguró el Virgen del Alcázar en Lorca, recuerda el veterano anestesista Antonio Martínez Hernández en su libro 'Historia de la sanidad murciana en el siglo XX'. Cartagena contaba con el Perpetuo Socorro. No solo había una gran cantidad de consultas privadas. Además, la frontera entre lo público y lo privado era difusa.

«En el Hospital Provincial, los cirujanos podían llevar a sus propios pacientes para operarlos», cuenta José Carlos Vicente, director de Salud Pública y gran conocedor de la historia del actual Reina Sofía, donde fue director médico. «El centro se dedicaba a la beneficencia, pero había una planta a la que llamaban de 'distinguidos'», recuerda. La equidad aún estaba por alcanzar en un sistema heredado del franquismo y contaminado de clasismo.

Equidad y gratuidad

El Insalud nació en 1978, y su primer director provincial en Murcia fue Francisco Martínez Ladrón de Guevara, un alto cargo que, como la mayoría, procedía del anterior régimen. Primero los gobiernos de UCD, y luego del PSOE, fueron configurando el sistema tal y como lo conocemos hoy, hasta que en 1986 se aprobó la Ley General de Sanidad de la mano de Ernest Lluch. Nacía un Sistema Nacional de Salud basado en la gratuidad, la equidad y una universalidad que, sin embargo, no quedó del todo perfilada hasta 1989.

Tras la creación del Insalud comenzó la construcción de una red de hospitales en la Región. Al Rosell y La Arrixaca se unieron el Virgen del Castillo (1983), el Hospital del Noroeste (1986) y, más tarde, el Rafael Méndez (1990). En el Mar Menor, el Hotel Los Arcos se reconvirtió en hospital en 1979, y se sumó a la red pública en 1984.

En 1978, mientras los murcianos votaban la Constitución, quedaba todo por hacer, y la sanidad no era una excepción. Durante las décadas siguientes, profesionales y administraciones fueron poniendo de su parte para construir algo que hoy la sociedad considera un patrimonio común. Llegaron los récords en trasplantes, las cirugías mínimamente invasivas, la alta tecnología y los tratamientos innovadores contra el cáncer. También los consultorios y las urgencias a las pequeñas poblaciones. Hubo polémicas, desencuentros, recortes y listas de espera, pasos hacia adelante y hacia atrás, aciertos y errores. Poco a poco, el Servicio Murciano de Salud fue tomando cuerpo, y hoy nadie duda de que, independientemente de los retos para hacerla sostenible en el futuro, la sanidad es uno de los frutos más logrados de la etapa democrática.

 

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