Cuatro médicos para la historia

VÍCTOR RODRÍGUEZJefe de Edición de 'La Verdad'

Del mismo modo que la Constitución Española tuvo unos 'padres' que se encargaron de alumbrar los artículos que, cuarenta años después, siguen rigiendo nuestras normas de convivencia y nos permiten progresar en el marco de un Estado de Derecho fuerte y arraigado, la sanidad murciana que hoy conocemos también comenzó a fraguarse en aquellas mismas fechas gracias a un pequeño grupo de profesionales de la medicina que sentaron las bases de un nuevo concepto de asistencia sanitaria basado en el conocimiento científico, el rigor de la investigación y la gestión clínica inspirada en modernos preceptos importados de países punteros como Estados Unidos, pero con unos medios técnicos y de financiación mucho más raquíticos y rudimentarios, lo que pone aún más en valor la heroicidad de su trabajo y su empeño por transformar un sistema diezmado por el aislamiento al que no le quedó más remedio que someterse durante los años del franquismo.

Si actualmente La Arrixaca está considerada el buque insignia de la sanidad regional, en 1978 su posición dominante era aún más abrumadora, entre otras razones porque los hospitales públicos casi brillaban por su ausencia, salvo la excepción del Rosell de Cartagena. A la Ciudad Sanitaria comenzaron a desembarcar decenas de jóvenes facultativos y enfermeras procedentes de Valencia, recién salidos de la Facultad de Medicina y de la Escuela de Enfermería, en busca de un puesto de trabajo casi imposible de conseguir en su lugar de origen. En Murcia se necesitaban profesionales sanitarios tras la puesta en marcha del nuevo Virgen de la Arrixaca y las promociones de licenciados de la Universidad de Murcia, cuya facultad estaba a punto de cumplir su primer decenio en el año de la Carta Magna, resultaban insuficientes.

Y desde tierras valencianas aterrizaron en la Ciudad Sanitaria tres figuras clave que, junto al pediatra gallego Francisco Rodríguez López, edificaron los pilares del gran centro sanitario que es, hoy en día, uno de los diez hospitales públicos más importantes de España tanto por su cartera de servicios como por el prestigio del personal médico. Estos tres pioneros fueron los catedráticos Rafael Carmena (Medicina Interna), Pascual Parrilla (Cirugía General) y Lorenzo Abad (Tocoginecología y Obstetricia).

Al frente del Departamento de Medicina Interna, un macroservicio que aglutinaba la mayoría de especialidades, figuraba el profesor Carmena (Premio Jaime I en 2002), un referente al que todavía recuerdan como un hombre riguroso y respetado y con una formación académica de primerísimo nivel adquirida durante sus años en la Universidad de Minnesota (EE UU). Su paso por La Arrixaca, de 1975 a 1982, dejó una huella imborrable.

En paralelo, un joven Pascual Parrilla (Torrent, 1945) empezó a gestar en 1977 un servicio 'cinco estrellas' de referencia nacional, con un posterior programa de trasplante de órganos -iniciado en 1988- que no ha parado de cosechar éxitos. Su paisano Lorenzo Abad, ya fallecido, tomó las riendas de otra de las patas fundamentales de La Arrixaca, el Departamento de Ginecología y Obstetricia, que gestionó junto a su mano derecha, el también catedrático Juan José Parrilla (hermano de Pascual), hasta armar un 'coloso' para el que hubo de construirse un edificio propio. En la actualidad, la maternidad de La Arrixaca se sitúa a la cabeza del país en número de nacimientos.

El vuelco a la asistencia pediátrica que predominaba a finales de los 70 vino de la mano del catedrático Rodríguez López, fundador de la Sociedad de Pediatría del Sureste y apasionado de las sesiones clínicas que dirigía a primera hora de la mañana. De cada caso era capaz de hacer una enciclopedia.

 

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