Entre la conserva y el polo de Cartagena

Trabajadoras en una fábrica de conservas murciana de los años 70./LV
Trabajadoras en una fábrica de conservas murciana de los años 70. / LV

El sector agroalimentario afrontó una etapa de cambios, con nuevos referentes empresariales, en un contexto de despegue del sector servicios y la construcción, mientras la industria pesada se concentraba en la ciudad portuaria

Zenón Guillén
ZENÓN GUILLÉN

Dinamismo. Esa es la palabra que mejor define el contexto económico en el que se movían las empresas murcianas en vísperas de la Constitución de 1978. Un tejido productivo en el que la rama agroalimentaria estaba inmersa en una etapa de cambios a partir del despegue experimentado por las conserveras en la década anterior. Por su parte, Cartagena y su área minera aglutinaban el polo de la industria pesada regional, en torno al puerto, con la refinería en el Valle de Escombreras, los astilleros navales de Bazán, Enfersa, los fertilizantes de Zincsa y la propia actividad extractiva.

En cuanto al modelo productivo tradicional, el campo vive su propio proceso de transformación con la configuración de nuevas sociedades de explotación que van más allá de la estructura minifundista de los pequeños agricultores. Ahí se incluyen numerosos ejemplos de cooperativismo repartidos por todo el territorio. Las expectativas exportadoras abiertas en Europa ayudaron de forma decisiva. Para ese cambio fue determinante el respaldo ofrecido por las dos entidades de ahorro territoriales configuradas entonces, la Caja de Ahorros de Murcia y la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia.

A estos hitos que marcaron desde el punto de vista económico la etapa de la Transición en la Región hay que añadir el salto experimentado en el sector terciario -comercio, transportes, hostelería-, que se fortaleció como generador de riqueza y empleo, arrastrado por el impulso de la construcción, a raíz del ensanche urbano en la mayoría de municipios y del desarrollo residencial en la costa con la expansión del turismo.

La empresa Fuertes vivió su primer gran salto en ese momento, con la puesta en marcha de una parte de la actual factoría de ElPozo en Alhama

Aunque las empresas de conservas vegetales fueron, en cualquier caso, las grandes protagonistas a la hora de generar puestos de trabajo, localizándose de forma mayoritaria en la Vega del Segura, así como en la comarca del Noroeste. Más de un centenar de mercantiles con una oferta variada de productos (frutas en almíbar, pulpas, alcachofa, tomate, zumos) competían al máximo en un mercado que acabó pasando factura a muchas de ellas en forma de cierres.

De hecho, el adelgazamiento del sector provocó finalmente una concentración en poco más de una treintena de sociedades, entre las que destacaban nombres como Cobarro Hortícola, en la pedanía murciana de Puente Tocinos, que en campaña llegó a emplear a 1.500 personas; Guirao Hermanos (Cieza); y Hernández Pérez Hermanos (Molina de Segura), que contaron con casi 1.400 trabajadores; así como Fernando Beltrán (Las Torres de Cotillas); Hero (Alcantarilla); Antonio Marín (Caravaca); La Verja y Carreño Cuadrado Hermanos (Cehegín), entre otras.

Eso sí, el municipio de Molina sobresalió sobre el resto, como gran eje conservero en torno a diferentes familias como Hernández Pérez, Fulgencio Hernández, Hijos de Hernández Contreras e Hijos de J. A. Prieto. Sin embargo, las nuevas crisis acabaron por arrasarlo casi todo ante la debilidad inversora, la poca innovación y la falta de respuesta para adaptarse a la evolución de la demanda.

Una de las asambleas fundacionales de la patronal murciana.
Una de las asambleas fundacionales de la patronal murciana. / CROEM

Tampoco se puede obviar la importancia de sectores como el del pimentón, el cervecero (Estrella de Levante), el vinícola (con Jumilla al frente) y, por supuesto, la ganadería intensiva de porcino, en torno a Lorca y otras áreas próximas del valle del Guadalentín, más allá de los curtidos. Así, se generaron importantes sinergias y procesos de integración de varios negocios vinculados -matadero, cebaderos, fabricación de piensos, entre otros-, que condujeron al fortalecimiento del sector cárnico y, por ende, al desarrollo de algún imperio como el de la empresa Fuertes, en Alhama de Murcia, bajo la marca ElPozo, que en esa época ya mostraba todo su potencial productivo con una sala de despiece y matadero frigorífico, donde sacrificaban miles de cerdos a diario. Además, acometió una gran inversión que permitió inaugurar en 1979 una parte de la actual factoría, unido a su expansión comercial.

Constitución de Croem

En cuanto a la representación empresarial regional, un hecho histórico fue la creación el 26 de mayo de 1978 de la Confederación Provincial de Empresarios de Murcia, al amparo de la Ley 19/77, que pasaría luego a adoptar su denominación actual de Confederación Regional de Organizaciones Empresariales de Murcia (Croem), en una asamblea celebrada el 5 de julio de 1979. Entre las asociaciones fundadoras estaban las de los fabricantes de aguardientes y licores, artes gráficas, empresarios del metal, comerciantes de calzado, empresarios hortofrutícolas, mayoristas de madera, construcción, almacenistas de alimentación, comerciantes de la provincia, agencias de transportes de cargas fraccionadas y los servicios regulares de mercancías en itinerarios fijos.

Una patronal murciana que se hizo realidad tras el momento histórico acontecido casi un año antes con la constitución de la confederación empresarial nacional, CEOE, en junio de 1977, en la que se integraron a los pocos meses un total de 89 organizaciones territoriales y sectoriales que representaban a más de 800.000 empresarios. Dos hitos claves consolidaron el surgimiento del asociacionismo empresarial. Por un lado, la participación en los denominados Pactos de La Moncloa, que reformaron la Seguridad Social, además de fijar las bases en materia salarial y la implantación de un sistema fiscal moderno. Y, por otro, el inicio de la Concertación Social en 1979, preludio del Acuerdo Básico Interconfederal con el sindicato UGT que propició el Estatuto de los Trabajadores.

El primer presidente de Croem fue José Luis Villar Sigismondi, perteneciente al sector del metal, que asumió el cargo en el mismo 1978. Fue presidente hasta el año 1984, cuando Francisco José Vicente Ortega recogió el testigo.

Con todo, hay una figura que desde esos primeros albores de la democracia brilló con intensidad en el mundo empresarial murciano. Se trata de Clemente García. Así lo refrendó durante sus 32 años como secretario general de Croem.

Por lo que se refiere a la Cámara de Comercio de Murcia, el cargo de presidente lo ocupaba entonces Ángel Tomás Martín, que estuvo concretamente en el periodo de 1976 a 1982. Entre otros nombres que le acompañaban en su equipo estaban Luis Martínez Lozano y el propio Villar Sigismondi, máximo dirigente de Croem.

Nuevos locales camerales

Precisamente, bajo el mandato de Ángel Tomás tuvo lugar la inauguración de los nuevos locales camerales en la calle Frutos Baeza, en febrero de 1978. Una cita a la que asistió el entonces ministro de Comercio, Juan Antonio García Díez. Otro momento especial que se vivió en aquel histórico mes de diciembre, apenas tres semanas después del referéndum, fue el cese a petición propia de Miguel López Guzmán, tras 47 años de servicio en la corporación empresarial. Una semana después le sustituyó Patricio Valverde Mejías, que después llegó a ser director del Instituto de Fomento (Info) y consejero del Gobierno regional.

A todos estos prohombres les tocó poner en valor la figura del empresariado y ser interlocutores en un tiempo complejo para los negocios y lleno de tensiones sociolaborales. Aun así, emergieron empresas en la Región que rompieron moldes en nuevos campos de actividad. Y un ejemplo de ello es la textil Liwe, en Puente Tocinos, que en estos 40 años selló su futuro desde la marca Grin's a la de Inside.

 

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