Y Carmen Conde nos llenó de orgullo

La cartagenera hizo historia en 1978 al ser elegida académica de la Lengua, la primera mujer en acceder a la institución. Ese mismo año, Murcia celebró una antológica del Equipo Crónica

La escritora cartagenera Carmen Conde leyendo su discurso de ingreso en la Academia de la Lengua./
La escritora cartagenera Carmen Conde leyendo su discurso de ingreso en la Academia de la Lengua.
Antonio Arco
ANTONIO ARCO

La España por fin ya en marcha de Gabriel Celaya, la España por fin dispuesta a hacerse escuchar para decir bien alto en las calles y las plazas que ya era hora de «pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo», celebró en 1978 una noticia, con nombre de mujer culta y combativa, que se había hecho mucho esperar y con la que se ponía fin a una injusticia muy estrecha de miras: la escritora cartagenera Carmen Conde (1907-1996), de personalidad admirable y brava, fue elegida, haciendo historia, académica de la Lengua. Un logro que llenó de orgullo a su Región, por entonces falta de infraestructuras culturales y escasa en museos y en yacimientos y patrimonio artístico puestos en valor, pero afortunada en poetas y escritores, en pintores y músicos, en docentes ilustres como el hispanista murciano Gonzalo Sobejano (Murcia, 1928) y el historiador cartagenero José María Jover Zamora (1920-2006), y en actores que brillaron en medio mundo; eso sí, cierto es que buena parte de todos ellos triunfaban fuera de su tierra.

Carmen Conde es de lo mejor que nos ha pasado, una mujer que revestía de luminosidad un momento propicio a la esperanza, pero también maniatado en gran medida a un pasado de tristezas y cenizas. Qué gran momento cuando, en su discurso de ingreso en la Academia, llegado el 28 de enero del 79, pudo decir: «Mis primeras palabras son de agradecimiento a vuestra generosidad al elegirme para un puesto que, secularmente, no se concedió a ninguna de nuestras grandes escritoras ya desaparecidas. Permitid que también manifieste mi homenaje de admiración y respeto a sus obras. Vuestra noble decisión pone fin a una tan injusta como vetusta discriminación literaria».

El nombramiento de la cartagenera supuso un motivo de alegría entre las mujeres de su tierra, incluida Francisca Moya del Baño -primera catedrática de la Universidad de Murcia, otro hito que acaeció en 1974-, que siempre ha defendido que por aquellos años había aquí muchas profesoras dignas de elogio, «mujeres modernas, brillantes y trabajadoras de las que aprendimos la autoexigencia, el amor al trabajo, la disciplina y el orgullo de ser mujer».

En el 78, año también en el que el poeta hoy ya consagrado Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) publicó 'Maneras de estar solo'(Rialp), el aguileño Paco Rabal (1926-2001) estrenó la película en la que compartió protagonismo nada menos que con Marcello Mastroianni, 'Así como eres', y hacía ya años que la lorquina Margarita Lozano (1931) había deslumbrado a cineastas de la grandeza y el prestigio internacional de Luis Buñuel -'Viridiana'- y Pier Paolo Pasolini -'Pocilga'-. Cuatro años antes se había publicado una de las joyas de la literatura murciana, la muy compleja y milagrosa novela 'Escuela de mandarines', del caravaqueño Miguel Espinosa (1926-1982), editada en Barcelona por Libros de la Frontera; y dos habían transcurrido desde que vio la luz el poemario de Francisco Sánchez Bautista (Llano de Brujas, 1925) 'La sed y el éxodo'.

Arriba, una imagen de 'Doce hombres sin piedad'; a la izquierda, la compañía sevillana Esperpento representando 'Amor de Don Perlimplín con Eloísa en su jardín'; y, a la derecha, un joven Ortega Cano vestido de luces.

Triunfaba ya por el planeta el lorquino Narciso Yepes (1927-1997) con su guitarra de diez cuerdas, cuando el pintor y escritor murciano Ramón Gaya (1910-2005), ya regresado de su exilio en México y con su delicioso 'Velázquez, pájaro solitario' ya editado y elogiado de mano en mano y de asombro en asombro, precisamente en 1978 expone una retrospectiva de su obra en la galería madrileña Multitud; faltaba más de una década para que abriese su museo en la Plaza Santa Catalina.

Y mientras Gaya exponía en Madrid, en Murcia iba a tener lugar un acontecimiento artístico de primer orden: una antológica de la obra pictórica y gráfica de Equipo Crónica que tuvo lugar en la Galería Yerba, la Escuela de Artes y Oficios y la Real Sociedad Económica de Amigos del País. La muestra, que permaneció abierta durante un mes y supuso una bocanada de aire fresco y de modernidad, fue organizada por Yerba, con Nieves Fernández y el 'agitador cultural' José López Albaladejo 'Larry' al frente. En esos días, el pintor blanqueño Pedro Cano (1944) ya vivía en Roma, y el irrepetible ciezano Pepe Lucas (1945) en Madrid. En la Región, pintores como el lorquino Muñoz Barberán (1921-2007), el cartagenero José María Párraga (1937-1997) y el murciano Molina Sánchez (1918-2009), entre otros grandes creadores, gozaban de un gran aprecio popular.

Qué año tan especial el de 1978, en el que Manolo Romero ganó la codiciada Lámpara Minera del Festival del Cante de las Minas de La Unión -declarado de Interés Turístico Nacional en 1984, e Internacional en 2006-, que un año después sería para Encarnación Fernández (1951).

Lámpara Minera

En agosto de 1978, el por entonces llamado Certamen de Teatro Mar Menor -hoy Festival Internacional de Teatro, Música y Danza- recibió en su IX edición, en las gradas instaladas en el Parque Almansa, al grupo Esperpento de Sevilla, que con 'Amor de Don Perlimplín con Eloísa en su jardín', de Federico García Lorca, reivindicaba no solo la figura literaria del fusilado autor granadino, sino su potencia universal como desgarrador símbolo de la violencia y los crímenes surgidos de ese corazón de las tinieblas con el que convive España en los peores momentos de su Historia. Los sevillanos compartieron programación con una de las compañías murcianas que han hecho historia, el Teatro del Matadero, que no se andaba por las ramas y puso en escena 'La mandrágora', de Maquiavelo.

Hablamos de un año donde reinaba una TVE en blanco y negro, convertida en una más de cada familia murciana, y para la que el director de teatro Gustavo Pérez Puig (1930-2012), nada sospechoso de ser de izquierdas y a quien, sin embargo, se debe la recuperación, tras la pesadilla de la dictadura, de 'Escuadra hacia la muerte', de Alfonso Sastre, dirigió una inolvidable función de teatro filmado, 'Doce hombres sin piedad', con unos actores -todos ellos- que quitaban el hipo. Y un año en el que, si se quería ver películas en color, había que acudir a uno de esos cines de pueblo a los que tanto les debemos. 'Grease', con John Travolta y Olivia Newton-John dando vida a Sandy y Danny, robaron el corazón de todos; mientras que Alan Parker, con su brutal 'Expreso de media noche', lo que logró es dejar petrificados en sus butacas, más bien tirando a incómodas, el corazón de los espectadores. ¡Ah, bueno, y Ortega Cano (Cartagena, 1953) confirmó su alternativa en Las Ventas en la tarde del 14 de mayo! Y, no lo olvidemos, el también cartagenero José María Álvarez (1942) andaba construyendo su imponente 'Museo de Cera', cuyo primer verso es: «Descanso sin bajarme del caballo».

 

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