Abril multicolor en pueblos y ciudades

Las primeras elecciones locales, celebradas tan solo un mes después de las generales, llevaron a los ayuntamientos en 1979 a concejales de muy distintos partidos. El PSOE logró 23 alcaldías, gracias al apoyo de los comunistas, y UCD 18

José Alberto González
JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ

Que la democracia es «el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», como sentenció el presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln en 1863, durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos, fue una de las principales ideas-fuerza que tuvieron que concretar en un texto legal los 'padres' redactores de la Constitución de 1978. Con crudeza, pues se trataba de su discurso de dimisión como primer presidente de la recién estrenada democracia española (por Unión de Centro Democrático, UCD), Adolfo Suárez resumió así en 1981 el alcance que para él tenía ese fundamento: «Es necesario que el pueblo español se agrupe en torno a las ideas básicas, a las instituciones y las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos».

Sobre el papel, ese «democráticamente» quedó reflejado en el artículo 140 de la Carta Magna, que «garantiza la autonomía de los municipios» al establecer que primero «los concejales serán elegidos por los vecinos del municipio mediante sufragio universal, igual, libre, directo y secreto, en la forma establecida por la ley». Posteriormente, «los alcaldes serán elegidos por los concejales», de entre ellos mismos, o directamente «por los vecinos», en los concejos abiertos.

Solo cuatro meses después de haber ratificado la Constitución, los murcianos hicieron un ejercicio de soberanía local en abril de 1979. Alcanzó a los 44 municipios integrados en la provincia de Murcia, embarcada a su vez en un proceso para ser comunidad autónoma que culminó en el 82. A apenas siete meses de las municipales, eran 43 las localidades con ayuntamiento propio, institución y estatus que Santomera consiguió el 29 de septiembre de 1978. El Consejo de Ministros autorizó la segregación del municipio de Murcia por parte de un pueblo que había disfrutado de autonomía en tres periodos del siglo XIX. Culminaba así una intensa y larga lucha, fundada en razones territoriales, económicas y sentimentales resumidas por el alcalde pedáneo, José María Sánchez Laorden -el primero elegido en las urnas fue el socialista Pedro Campillo Jiménez-, como «un caso excepcional de unanimidad» vecinal.

Ya en 1983, el 13 de octubre, Los Alcázares -surgido de la separación de terrenos que pertenecían a San Javier y Torre Pacheco- se convirtió en el municipio número 45. Su primer regidor fue Manuel Menárguez Albaladejo, del PSOE, y al que respaldó el grupo de Independientes.

Santomera era ya el municipio número 44, tras su independencia de Murcia en 1978. En 1983, Los Alcázares logró segregarse de San Javier y Torre Pacheco

Confirmando la tendencia de los comicios generales, celebrados apenas un mes antes (el 1 de marzo), en el cómputo global el PSOE se alzó como el partido ganador, tanto en votos como en concejales y alcaldes. El 3 de abril, martes, los socialistas reunieron 160.897 sufragios, el equivalente al 39,29% de las papeletas, y 270 concejales. UCD le pisó los talones al recabar 151.107 votos, el 36,90%, y 273 ediles; el Partido Comunista de España (PCE) quedó en tercer lugar, con 42.893 (10,47%) y 58 representantes; los Independientes, en el cuarto, con 15.964 (3,7%) y 38 ediles; en el quinto, Convergencia Democrática (CD), precedente del actual Partido Popular, con 16.273 (3,97%) y 30 concejales; y el Partido Cantonal (PCAN), en plena efervescencia en Cartagena, 14.753 (3,60%) y 7 delegados.

Con representantes de distintos partidos, el mapa municipal se tiñó de multicolor. Pero, a grandes rasgos, en términos ideológicos, destacó que menos de cuatro años después de la muerte de Franco, el centro-izquierda conquistó todo un hito tras cuatro décadas de dictadura: 333 concejales, frente a los 303 del centro-derecha. Tras las correspondientes votaciones en los plenos, dentro de un sistema de designación indirecta del alcalde que a día de hoy perdura, el PSOE se hizo con 23 alcaldías; UCD, con 18; Independientes, con 2 (Abanilla y Mazarrón); y el PCE, con una: la de Fortuna, un caso singular que duró hasta 1987. En las tres grandes ciudades por población, resultó clave el apoyo de los comunistas para dar el bastón de mando a los socialistas José María Aroca Ruiz-Funes (Murcia), Enrique Escudero de Castro (Cartagena) y José López Fuentes (Lorca).

Por comarcas naturales, el Altiplano (Yecla y Jumilla) se decantó por los socialistas. Lo mismo hicieron los ciudadanos de la Vega Media (Molina de Segura, Archena, Ceutí, Lorquí, Alguazas y Las Torres de Cotillas y Alcantarilla); del Campo de Cartagena (La Unión y Fuente Álamo); y del Valle del Guadalentín (Lorca, Águilas, Alhama de Murcia y Librilla). Los liberales de la UCD llegaron al poder en el Mar Menor (San Javier, San Pedro y Torre Pacheco); el Valle de Ricote (Villanueva de Segura, Ojós, Ulea y Ricote); y el área del Río Mula (Campos del Río, Albudeite, Pliego y Mula).

Los pedáneos, un 'puente'

En el resto de zonas hubo un reparto entre las fuerzas de izquierda de Felipe González (Cieza, Bullas, Calasparra y Moratalla) y las de Suárez (Abarán, Blanca, Caravaca y Cehegín). Subidos a la arrolladora ola del hombre que pilotó la Transición, junto al Rey Juan Carlos I, la UCD capitalizó el complicado papel de los pedáneos como 'puente' entre dos sistemas políticos y dos momentos de la historia. En Torre Pacheco, Pedro Jiménez Ruiz pasó en el 79 de alcalde predemocrático a regidor ucedista. Y en ese y el resto de territorios, Convergencia Democrática del exministro franquista Manuel Fraga quedó desdibujada.

Para su libro de memorias sobre ese periodo de cambio, Clemente García, último alcalde predemocrático de Murcia, eligió un título que resume el sentimiento común de quienes protagonizaron aquellos días y de quienes los han analizado desde la óptica de la disyuntiva, ruptura o reforma: 'Mereció la pena'. El abogado y, durante 32 años, secretario de la patronal Croem, García legó una institución que, como el resto de consistorios de la futura Región de Murcia, fue renovada a fondo con la ilusión de gentes de diversas ideologías. Esos centros de poder local quedaron, así, asentados no solo sobre la legalidad y los principios y valores constitucionales, sino sobre todo sobre los cimientos de un espíritu de concordia y búsqueda del acuerdo.

«Mereció la pena»

Francisco Chacón, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Murcia, director de la Fundación Centro de Estudios Históricos e Investigaciones y autor, junto a Rafael Fresneda (responsable del Archivo General de la Región de Murcia), del libro 'Los municipios de la Región de Murcia. Origen y análisis de un proceso histórico', echa la vista atrás. Y aporta a 'La Verdad' esta reflexión: «A la hora de juzgar los resultados del llamado 'Régimen del 78', hay que actuar con justicia y no olvidar el contexto histórico. Fue el régimen posible y necesario. Había que elegir entre acabar con el pasado de forma tajante, con el riesgo de un golpe militar y problemas graves como el terrorismo de ETA, o reformarlo e ir a un sistema que permite su propia reforma. Todo ello se hizo, de forma especialmente valiosa, en los pueblos y las ciudades, simbolizados en sus primeros ayuntamientos».

 

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