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Los puertos de Áliva
Actualizado: 18:31

Fuente Dé

Los puertos de Áliva

Un paseo montañero por el corazón de los Picos de Europa.

02.11.13 - 18:31 -
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Las cabras se dejan fotografiar por los visitantes en la estación de El Cable. / Javier Prieto Gallego
Chalé Real construido en 1912 por la Real Compañía Minera Asturiana para alojar al rey Alfonso XIII en sus cacerías por los Picos de Europa. / Javier Prieto Gallego
Recorrido señalizado de los puertos de Áliva. Macizo Central de los Picos de Europa. / Javier Prieto Gallego
Un grupo de senderistas realiza el recorrido señalizado de los puertos de Áliva. Macizo Central de los Picos de Europa. / Javier Prieto Gallego

Fuente Dé

Más datos
  • EL PASEO Estación de El Cable-Fuente Dé. Ruta circular señalizada como PR-PNPE-24. Dificultad media-baja. Recorrido: 14,5 km que pueden hacerse en unas cinco horas.
  • PRECAUCIONES La niebla puede aparecer en cualquier época del año. Se debe atender siempre a la señalización sin abandonar el camino. Utilizar botas de montaña y bastones. Llevar agua suficiente para el recorrido. Dejar dicho el trayecto a realizar. Información: magrama.gob.es/es/red-parques-nacionales/nuestros-parques/picos-europa.
  • TELEFÉRICO DE FUENTE DÉ Tel. 942 73 66 10. Abierto (salvo condiciones meteorológicas adversas) de 10:00 a 18:00 horas.

"Subidón" es lo que se siente al pisar el balcón de suelo enrejado que vuela, a 1.834 metros de altitud, sobre las honduras lejanísimas del circo glaciar de Fuente Dé. Está claro que nadie puede colarse por esas rejillas, pero ver lo que hay debajo de uno, una vertiginosa caída en vertical hasta el fondo del circo, impresiona a no ser que seas una de las chovas piquigualdas que se posan en las barandillas del balcón prestas a impedir, igual que las gaviotas en los puertos de mar, que una sola miga de bocadillo montañero toque el suelo de la montaña.

Pero un "subidón" es también el viaje que se realiza en apenas tres y minutos y medio, a una velocidad de 10 metros por segundo, en las cabinas que llevan desde la base del teleférico hasta la estación de El Cable, donde está el balcón. En concreto son 753 metros de "subidón", el desnivel que se salva entre un punto y otro, que pasan como un suspiro entre la emoción de estar colgando de un hilo -por muy gordo que sea el suspensorio- y la sensación algodonosa de sentirse elevado a los cielos como por arte de magia. O al menos hasta un punto muy cercano a ellos: la estación superior del teleférico.

Así que entre tanto subidón y subidón uno no sabe si el impresionante espectáculo natural que se contempla por todas partes en este confín del valle lebaniego de Valdebaró responde a la realidad o es producto de una inyección extra de adrenalina. Después de un rato de sosiego y contemplación, y dado que lo síntomas no remiten, queda claro se trata de lo primero.

Y es tanta la fama del espectáculo natural que brinda esta sorprendente entrada al Macizo Central de los Picos de Europa que lo habitual, en verano y días de fiesta, es esperar horas en la cola de la estación inferior del teleférico hasta que toca el turno. Por eso, si se tiene prevista la ascensión y se quiere llegar arriba a buena hora para realizar cualquiera de las rutas montañeras que arrancan de la estación de El Cable, es necesario madrugar para tomar alguna de las primeras cabinas. Cada una de ellas tiene sitio para 20 pasajeros y en un cartel se advierte que en los dos primeros trayectos de cada día se pueden subir gratis las bicis. Los viajes comienzan a la diez de la mañana pero la cola empieza a formarse bastante antes.

Origen del teleférico

Sin duda, el teleférico y ese salto que lleva en tres minutos y medio hasta el corazón agreste del Macizo Central de los Picos de Europa es uno de los recursos turísticos más conocidos -y frecuentados- de toda Cantabria. Se ubica en el fondo de un antiguo circo glaciar rodeado de paredones calizos que caen a plomo sobre las laderas del valle que, por tener en él sus nacientes el río Deva, recibe el nombre de Fuente Dé.

El origen del teleférico está en las compañías mineras que durante un siglo, entre finales del XIX y los años 90 del siglo XX, explotaron los yacimientos de blenda que escondían las entrañas calizas de los puertos de Áliva. Fueron ellas quienes a comienzos del siglo XX instalaron el primer cable -de ahí el actual nombre de la estación superior- que sirvió para agilizar el transporte de mineral mediante cubetas colgadas y evitar así el penoso y peligroso descenso que las caballerías tenían que realizar por entre los precipicios del circo. Fue en los años 60 del siglo XX, mucho después de haber quedado el anterior en desuso, cuando se alumbró la idea de utilizar el mismo sistema para subir y bajar personas.

La construcción del teleférico formó parte de un proyecto más amplio en el que se pretendía facilitar el acceso a la Reserva Nacional de Caza ubicada en el corazón montañoso de los Picos de Europa y al Refugio Nacional construido en los puertos de Áliva. El impulso que se pretendió dar a esta zona de la montaña cántabra, hasta entonces aislada y con pocas posibilidades de desarrollo, se completó con la construcción de un parador de turismo, que sigue funcionando, y el trazado de la actual carretera hasta Fuente Dé. Todo ello fue inaugurado con las debidas fanfarrias y usos de aquel momento por el Generalísimo Franco el 12 de septiembre de 1966 (busque en la web el NO-DO nº 1.237 C, del 19-09-1966).

El teleférico había comenzado a construirse en 1964 y su realización supuso un importante reto tecnológico para la época. De hecho, en sus primeros años, fue el teleférico que lograba mayor altura sin apoyos intermedios a lo largo del trayecto. Las principales dificultades tenían que ver con las durísimas condiciones meteorológicas y los enormes contrastes de temperatura que padecen las instalaciones a lo largo del año. Desde entonces, en 2013 ha cumplido 47 años, se han acometido varias remodelaciones y una evidente modernización.

Travesías por los picos

Aunque es posible subir por el mero placer de refocilarse con un café frente a la inmensidad de la montaña, para quienes las aman de verdad este salto en el vacío es solo es prólogo de alguna de las innumerables travesías que pueden realizarse por los Picos. Una de ellas es el circuito circular con inicio y final en Fuente Dé, señalizado como sendero de pequeño recorrido PR-PNPE-24. Al alcance de cualquiera acostumbrado a caminar por senderos montunos, tiene la ventaja de discurrir, casi por completo, cuesta abajo. Además, transita por parajes tan destacados e importantes para la historia de estas montañas como los pastizales de los puertos de Áliva. Es también un recorrido de grandes contrastes que lleva desde el atormentado paisaje de las calizas que se ve a los pies de Peña Vieja y los Hoyos de Lloroza a la suavidad de las amplias praderías de Áliva. Es en estas donde tienen sus nacientes dos ríos: por una parte el río Duje, que se escapa hacia Sotres marcando la divisoria entre los macizos Central y el Oriental de los Picos, por la otra el Nevandi que acompaña un tramo de este paseo hacia la localidad de Espinama.

Desde la estación de El Cable comienza el recorrido por la única pista que parte en dirección norte y hacia el interior del macizo. Es el inicio común a varias de las travesías más conocidas de los Picos. Se degusta en estos primeros metros la versión más cruda del paisaje kárstico que ha venido modelando estas montañas desde sus orígenes. Es también el repecho más importante del paseo.

A unos 15 minutos del inicio, en la Horcadina de Covarrobres, se alcanza la bifurcación de la pista. La de la izquierda se adentra en el macizo hacia los Horcados Rojos y el refugio de Cabaña Verónica. La que continúa de frente es la que enseguida se asoma a la vertiente de Áliva, la más frecuentada por los mineros de antaño, los pastores de siempre y los excursionistas de hoy. Y hasta, en su momento, por algún que otro rey y Jefe de Estado que saciaban por aquí su gusto por tirarle al rebeco. Esa es la razón de ser del conocido como chalé Real, de blancas paredes y techo rojizo que se descubre junto a la pista tras alcanzar el pequeño collado de Juan Toribio. Esta construcción, en concreto, plantada a los pies de los espectaculares paredones de la Peña Vieja, fue realizada en 1912 por la Real Compañía Asturiana de Minas, que explotaba entonces las minas Altaiz, y regalada al rey Alfonso XIII para que la usara cuando acudía a cazar al macizo. Pasa por ser la primera construcción prefabricada que se realizó en España. Unos pocos metros más adelante queda el hotel de Áliva. En sus orígenes, a principios del siglo XX, fue el pequeño refugio de montaña utilizado por Alfonso XIII hasta la construcción del chalé Real. En la actualidad es confortable hotel de vistas privilegiadas que permanece abierto durante los meses de verano, dado que durante el invierno resulta inaccesible.

Obviando una pista que sale por la izquierda, el paseo rodea este último alojamiento y continúa su descenso hasta alcanzar un collado donde, de nuevo, se anudan varias pistas. La de la derecha, en claro descenso, es la que se enfila hacia el valle del río Nevandi y Espinama. Algo más abajo, a la altura de la fuente de Covarences, sale por la izquierda la pista que lleva hasta Mogrovejo. La que seguimos de frente conduce, en pronunciado descenso, hasta las portillas del Boquejón, apenas una brecha entre las rocas que es puerta para dar vistas a los invernales de Igüedri, enmarcados en un bucólico paisaje de praderas verdes y bosques frondosos imposibles de imaginar tan a mano solo unos metros antes.

Hasta hace poco, la forma de completar el circuito desde este punto era continuar pista abajo hasta alcanzar Espinama para luego remontar carretera arriba de nuevo hasta Fuente Dé. Pero ahora se presenta la opción, mucho más apetecible e igual de larga, de abandonar aquí la pista, salvar el río Nevandi por una pasarela de madera y hacer el trayecto entre frondosos robledales, pequeñas manchas de haya y prados de cuento mientras se rodea la pared sur de los picos de Valdecoro hasta aterrizar, después de cinco horas de paseos y paradas, otra vez en las praderas de Fuente Dé. Tan alucinados por la experiencia como los viajeros que aterrizan en las cabinas cada cinco minutos. Solo que un poco más cansados y en mejor forma.

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Teleférico de Fuente Dé, Valle de Liébana (Cantabria). / Javier Prieto Gallego
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Balcón superior del teleférico de Fuente Dé con los picos de Peña Remoña (2.247 m) al fondo. / Javier Prieto Gallego
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Dos senderistas ante los Cuetos de Juan Toribio, en el recorrido señalizado de los puertos de Áliva. / Javier Prieto Gallego
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Ciclistas recorren la pista que sube desde Espinama hasta los puertos de Áliva. / Javier Prieto Gallego