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Un fado nunca visto
Actualizado: 19:37

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Un fado nunca visto

La capital lusa permite disfrutar de esta canción junto a tiburones o recorrer las calles donde nacieron sus más afamados intérpretes

11.06.13 - 21:10 -
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Un fado nunca visto
Actuación en el teatro 'Fado in Chiado'.
Un fado nunca visto
Espectáculo en el oceanario.

La música envuelve la sala. La letra nostálgica, melancólica, pero emocionante y apasionada propia del fado lo abarca todo. La fadista, joven y esbelta, viste el oscuro atuendo tradicional de esta música lisboeta. A cada lado suenan los acordes de la guitarra portuguesa y la viola. La sala está en penumbras, la única iluminación procede del inmenso acuario que está detrás de la cantante.

La función se realiza en el oceanográfico de Lisboa. Es la primera vez que se representa en un lugar tan especial. El resultado no puede ser más espectacular. La fadista desgrana la canción mientras tiburones toro, mantas o barracudas nadan a su espalda. A veces da la sensación de que estos enormes seres marinos se detienen a observar a los artistas -separados por un grueso cristal- como si desearan sumarse y deleitarse con tan peculiar espectáculo. Una visión única e inolvidable.

Y es que en Lisboa se respira fado por todos los rincones. Este estilo de música, nacido en los barrios de marineros en el siglo XIX, forma parte de la historia de la capital portuguesa. Su huella se nota a lo largo y ancho de la ciudad, con cantidad de locales habilitados a tal fin. La mayoría de ellos mantienen la estética tradicional con una puesta en escena que transporta al visitante a un mundo de otra época.

Pero también hay espacio para la innovación, como el fado en el oceanográfico, donde la mezcla entre música y naturaleza crea un escenario impresionante. Pero también exclusivo. Y no solo por los 60 euros de entrada, sino por el reducido número espectadores. Solo unas veinte personas en cada actuación. Con más gente los peces no podrían descansar.

Un género que no entiende de crisis

«En mi familia, mi abuela era fadista y guitarrista», asegura Mafalda Taborda minutos antes de comenzar la actuación. Esta joven de 25 años tiene claro los sentimientos que transmite cuando sube a un escenario: «tristeza, melancolía, saudade». Sí, saudade, esa palabra que impregna cada fado y que algunos traducen como melancolía o morriña y que impregna cada verso de una canción.

Taborda, pese a su corta edad, es una de las estrellas del Fado in Chiado, un teatro situado en el céntrico barrio de la ciudad. Allí se puede disfrutar de actuaciones diarias por 16 euros. Y es que el fado es un negocio que no entiende de crisis. En Fado in Chiado los ingresos crecieron un 10%. Los turistas no quieren abandonar la ciudad sin contemplar en directo una música declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Sin embargo, a pesar de que populosos barrios como Alfama concentran los locales de fado más frecuentados, esta música nació en la Mouraria, un barrio obrero y humilde en el que en la actualidad conviven diversas culturas debido a la numerosa inmigración. Esa mezcla de culturas, de conocer distintas tradiciones recoge la herencia de las historias y aventuras que los marineros en el siglo XIX contaban de sus viajes y travesías por otras latitudes.

Estos hombres se reunían en las tabernas, donde entre alcohol y prostitutas nació el fado. «Es una música procedente de África, de los moros», explica Nuno, vecino de la Mouraria y uno de los encargados de revitalizar la zona. Y es que el fado, que nació en las capas más bajas de la sociedad, pronto cautivó al resto. Porque esas tabernas de marineros también eran visitadas por hombres de la realeza, como el conde de Vimioso, Don Francisco de Paula. Este notable se enamoró de María Severa -considerada la primera gran fadista lisboeta- escuchándola en una de esas cantinas. A partir de ahí, el fado se coló en los salones de la Corte y, por ende, se adueñó de todos los rincones de la ciudad.

Barrio de origen

«El problema de la Mouraria es que aquí nació el fado y, sin embargo, no hay ningún sitio donde se pueda escuchar», confiesa un disgustado Nuno. Para solucionar tantos años de abandono y atraer un turismo que no suele adentrarse por esas calles hay varios proyectos en marcha. Para empezar se realizan visitas guiadas por el barrio indicando las casas de los grandes fadistas.

Es una ruta cantada, ya que incluirá la interpretación de cinco o seis fados a lo largo del recorrido. Pero además, también es un trayecto gastronómico donde se podrá degustar, a partir de septiembre, de algunos platos típicos de las culturas que habitan hoy el barrio. Y en los restaurantes de la zona habrá actuaciones de fado. «El fado va a ayudar a la Mouraria», indica Nuno. Entre otras actividades también se realizará un concurso de esta canción popular.

Y es que la Mouraria ha visto nacer y crecer entre sus estrechas y zigzagueantes calles a grandes de esta música como Argentina Santos o Fernando Mauricio. Todos ellos tienen en común su origen humilde, en consonancia con el lugar en el que nacieron. Mauricio, por ejemplo, era aprendiz de zapatero. Comenzó a cantar a los 13 años en fiestas hasta convertirse en uno de los mejores fadistas de la ciudad. Y en la Mouraria le recuerdan con cariño y admiración. Y es que entrar en cualquier bar de la zona es sumergirse en un universo del fado. De las paredes de los pequeños locales cuelgan fotografías o retratos de algunos cantantes. O versos de algunas canciones.

Pero Lisboa es mucho más que fado. Es una ciudad con historia que se remonta varios milenios en el tiempo, como muestran los restos arqueológicos de la edad del hierro hallados en las inmediaciones del Castillo de San Jorge, la fortaleza medieval que domina la ciudad desde una de sus colinas. Esta fortaleza fue levantada por los musulmanes, aunque tras ser conquistado en el siglo XII por Alfonso I de Portugal sus murallas fueron ampliadas.

Hasta el siglo XVIII el castillo fue eje de la ciudad, pero posteriormente quedó olvidado hasta poner en riesgo su conservación. Por suerte, a mediados del siglo XX fue restaurado y actualmente recibe a un millón de turistas al año, lo que le convierte en uno de los monumentos más visitados de Lisboa.

Pero esta plaza medieval también es el escenario de un espectáculo de luces todas las noches. Y es que sus enormes muros sirven de pantalla para proyectar, bajo las estrellas, una animación sobre la historia de la ciudad, desde los primeros pobladores lisboetas, hasta los modernos y actuales habitantes. Un juego de luces y sonidos realmente original en un entorno sin igual.

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museo del fado

Para conocer la historia y evolución de esta canción popular el mejor lugar es el museo do fado. Una visita con elementos interactivos multimedia que permiten al visitante escuchar alguna de las grandes voces de esta canción. Y también conocer el ambiente que se respiraba en las casas de fado de finales del siglo XIX o principios del XX. Además, a través de varios vídeos se puede disfrutar de algunas actuaciones míticas. También se conserva en exposición pinturas como O Fado de José Malhoa de 1910, considerado el primer cuadro que inmortalizó esta música y a sus gentes.
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