Velocidad sobre las aguas del Mar Menor

Eduardo Belchí sobre su moto de agua en las costas de San Javier / Andrés Arévalo

La Federación Motonáutica de la Región de Murcia comparte con 'La Verdad' un paseo sobre una moto acuática de competición

Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

Para los que nunca han probado subirse a una moto acuática, “la forma más sencilla de empezar a montar es a través de alquileres, en los que te explican cómo se realizan las maniobras más sencillas, los protocolos de seguridad y siempre vas bajo la supervisión de un monitor”, asegura Eduardo Belchí, piloto de moto acuática y miembro de la Federación Motonáutica de la Región.

Junto al Camping Mar Menor y justo detrás del aeropuerto de San Javier se encuentra la base de la Federación. Un pequeño garaje en el que guardan algunas de las motos destinadas al alquiler de usuarios. Belchí es rotundo al afirmar que no se necesita nada especial para montar en moto acuática por primera vez, “ni una condición física fuerte, ni permiso de navegación. Solo muchas ganas de montar”.

Los precios de los alquileres varían en función del permiso de navegación que tengan los arrendadores, aunque no es necesario tener licencia para poder subirse a una de ellas. Por ejemplo, unos 45 minutos de paseo por Isla Perdiguera cuestan 110 euros. Una excursión de tres horas para dos adultos y un niño, desde las islas del Mar Menor, pasando por La Manga, Isla Grossa y Calblanque tiene un precio de 270 euros.

Oxigenar el agua

En contra del pensamiento generalizado sobre la contaminación que provocan estas motos en el mar, la Federación apunta que en muchos lugares “son utilizadas como método para oxigenar el agua de pequeños lagos, en ecosistemas muy parecidos a nuestro Mar Menor”.

Dionisio Baño, presidente de la Federación, es consciente de que “en estos momentos, por el estado en el que se encuentra la laguna, la moto de agua está mal mirada. Pero se debe a la poca información que existe sobre el funcionamiento de la moto. Casi nadie sabe que su sistema de propulsión hace que el agua se oxigene por las turbinas que utilizan para soltar ese agua a gran presión, y al ser de cuatro tiempos, no se derrama ni una gota de aceite al mar”, asegura.

Fomentar el deporte de la motonáutica a través de actividades y la creación de clubes es una de las principales misiones de la Federación, que también ofrece cursos para que los amantes del mar puedan obtener titulaciones como el permiso de motonautica A, PNB, PER o Capitán de yate. “Todas las titulaciones tienen su parte teórica y su parte práctica, en la que te enseñan a echar la moto al agua, aproximarte a un barco, cuál debe ser la distancia entre dos motos, dónde están las zonas de bañistas, cómo subir a la moto a alguien que se ha caído, etc”, relata Belchí.

"La mayoría de gente viene a probar, pero a las personas a las que les gusta, siempre acaban repitiendo. Y muchas de ellas, con el tiempo, se acaban sacando el permiso y comprándose una moto", relata el presidente de la Federación. ¿Qué puede costar uno de esos bichos? El abanico va de los 2.500 euros, en motos de ocasión, hasta los 30.000 que valen las de más alta gama. ¿Merece la pena? “La libertad que se siente sobre la moto es una sensación muy bonita que no puedo describir. Estar en mitad del mar, pararte, poder reflexionar ahí en medio de la nada… Hay que probarlo para saber lo que es. Para mí, claro que merece la pena”, asegura Belchí.

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