La respuesta en las estrellas

Simón García, con el telescopio montado en plena plaza de Belluga de Murcia.
Simón García, con el telescopio montado en plena plaza de Belluga de Murcia. / Edu Botella / AGM
PROPIOS Y EXTRAÑOS

Simón García, profesor y astrónomo, carpintero, inventor y amante de la música y los universos cuánticos, lo sabe: «No estamos solos. Sería un desperdicio de espacio»

ALEXIA SALAS

ASimón García le preocupa más esta mañana -una cualquiera del Campo de Cartagena, de camisa de cuadros y sol de plano- el sagrado almuerzo con sus tertulianos que los anillos de Júpiter. «Es que hoy han traído huevos camperos», argumenta el racional maestro, todo un aleph de conocimientos sobre el infinito dejándose fundir con las charlas del pozo artesiano o la plaga del pimiento. «Sí, prepárame dos», deja encomendado su momento de placer, más asequible a pie de tierra que una lluvia de estrellas.

No era una locura que un niño nacido en el barrio de Los Castejones de la pedanía de Roldán en los años cuarenta, plena posguerra, se enganchara al universo de por vida, ya que allí había llevado el destino al maestro Francisco Martínez Perona, que tenía por tesoro un catalejo y le abría a sus discípulos las puertas del cielo. «Ver el Sol y los cráteres de la Luna, las manchas solares, en un lugar donde no había luz eléctrica, era impresionante», recuerda Simón. Aquel maestro llevó al pueblo libros de astronomía y abono de curiosidad. El niño Simón, que era mañoso y diligente, le hizo un trípode al catalejo en la carpintería donde trabajaba, porque no eran tiempos de infancia. Así, las galaxias comenzaron a ser observadas por decenas de pares de ojos alucinados desde Roldán. Absorbió también las fusas y las corcheas del practicante del pueblo, «que era el único que sabía de música, y me enseñó solfeo, a tocar el violín y a hacerme el nudo de la corbata», retrocede a alguna galaxia interior.

Quién
Simón García.
Qué
Profesor y astrónomo.
Dónde
Roldán (Torre Pacheco).
ADN
Metódico y curioso.
Pensamiento
«No soy de grandes reflexiones, sino de grandes expectativas».

Cuando marchó a su primer destino como maestro oficial con plaza en Santiago de Calatrava (Jaén), ya se llevó puesta la simiente de la búsqueda constante así en la tierra como en el cielo. Era tan joven el aventajado profesor que la Guardia Civil lo paró de camino para pedirle el permiso paterno. «Me aburría, e hice cuatro cursos y la oposición en un año y medio, así que con 19 años ya era funcionario del Estado», recuerda Simón.

«Hice cuatro cursos y la oposición en año y medio. Con 19 años ya era funcionario»

Sabía que no sería bastante, así que puso rumbo a Madrid para obtener la licenciatura de Geografía e Historia y los estudios de Astronomía, que no han cesado nunca. Fundó en la Región la Asociación de Astronomía en 1982 y participó en la organización europea. Y todo por un catalejo.

«Lo que me impresionan son las grandes cifras. Con 10 millones de grados se forman las estrellas. Mirando su color, ya sabes su historia. Una estrella amarilla tiene unos cinco mil millones de años, y las rojas son las más viejas», acepta Simón cómo se convirtió el cielo en su cabecero de cama. «Me atrapa su grandeza, y que me suponga una exigencia personal, como cuando de joven construía aviones de aeromodelismo con madera de balsa: crear las condiciones del equilibrio y que luego lances el velero a planear aprovechando las térmicas», se recrea en el vuelo.

No busca respuestas allá arriba: «Einstein decía que lo bonito del universo es que es ininteligible, pero no hay misterio. Para Stephen Hawking el universo es racional y cognoscible. Todo lo que hay, lo que ha habido y lo que habrá». Su mente racional ya ha entrado en órbita: «Cuando ese cojo magnífico se enfrentó al Papa con el Bosón de Higgs, le dijo 'colega, que no hace falta Dios para crear el universo'». Asume la idea de Bakunin sobre que «la religión nos enseña a solucionar problemas que no tendríamos sin la religión».

Sí cree en «los quásares, galaxias muy concentradas en un solo punto. Estuve tres días buscando el más brillante, el 3C 273 de la constelación de Virgo. Aquella luz azul casi te hería. Y está a 2.200 millones de años luz, así que surgió cuando la vida en la tierra estaba en pañales. Eso me impresiona». Tampoco tiene dudas sobre la existencia de otras vidas en el universo: «Sería mucho desperdicio de espacio, sobre todo cuando se sabe que los ingredientes de la vida están en otras partes». Aquí, en la tierra, a Simón le ilumina la familia y «el culto de la amistad, que para mí es algo muy serio». Fabrica relojes de sol y ha recorrido ya los tres grandes caminos españoles, el de Caravaca, el de Santiago y el de Liébana. Y hasta que dure el camino: «No me preocupa la muerte. También mueren las estrellas».

Temas

Verano

Fotos

Vídeos