Sin límites de velocidad

Kevin Mancojo, sentado sobre su patín eléctrico. / Vicente Vicéns / AGM
PROPIOS Y EXTRAÑOS

Kevin Mancojo, 'youtuber' y monitor de niños discapacitados, nació con el don de ver el lado positivo de las cosas. «Cuando me veo gallito me digo '¡eh, afloja!'», se da el cante

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Hay varias teorías sobre su nacimiento, pero Kevin Mancojo tiene la suya propia. En realidad, dos: «Una es que nací con defecto de fábrica, y la otra es que me compraron a plazos pero que al final les faltaron 10 euros y no pudieron completarme». Podría haber incluso un tercer diagnóstico posible para Kevin: que escasos como andaban en el almacén, le compensaron la cortedad de los brazos con una voluntad de acero galvanizado. «Ni siquiera recuerdo la última vez en mi vida que estuve triste», afirma el joven, demasiado ocupado en disfrutar de la vida y de los paseos por la playa de La Ribera con su perra.

Como a Kevin no le dieron a rellenar un formulario con casillas sobre las piezas sobrantes o las extraviadas, cogió lo que tenía y se hizo un palacio. «Como es de nacimiento, no lo puedo cambiar. Vosotros me veis desde fuera pero para mí es normal. Me cuesta abrir una lata, pero lo hago. He interiorizado tanto las técnicas y los trucos que no me resulta raro», explica el 'youtuber', cuyos vídeos 'antimancos' acumulan cientos de visionados. Guardar monedas en el bolsillo, sacar el bote de Cola Cao del armario de la cocina o subir la cremallera de la chaqueta son odiseas como la conquista del espacio. Kevin renuncia a su intimidad a cambio de compartir esos retos cotidianos que pueden ayudar a otros miles de receptores anónimos. «Cada vez estoy más expuesto», reflexiona sobre el coste de las redes sociales. Sabe que «la debilidad que le muestras al mundo es la que el mundo intenta aprovechar», pero no le preocupa demasiado: «Sé lo que quiero, llegar lejos, dejar huella a lo grande, que el mismo mensaje lo conozca toda España. Si eres positivo, eso se contagia», muestra su ánimo de mármol travertino. El buen rollo de sus videos caseros le ha venido devuelto con creces por numerosos fans. «Yo no quiero fans, sino personas que me rebatan. Yo siempre intento ser humilde, y cuando me veo gallito, me digo '¡eh, afloja!'. A sus perfiles en Twitter, Youtube e Instagram acuden numerosos seguidores de sus fotos de paisajes naturales y sus pensamientos, aunque asegura que «no todos los que conectan conmigo son discapacitados. Ya he desvirtualizado a varias personas y quiero hacerlo con más».

Quién
Kevin Mancojo.
Qué
'Youtuber' y monitor .
Dónde
San Javier.
Gustos
Las redes, la música y las alturas.
ADN
Optimista y generoso.
Pensamiento
«La naturaleza siempre me devuelve cosas buenas».

A sus 24 años es consciente de que «he subido los escalones de veinte en veinte». Cada día abandona su zona de confort para acudir a la Fundación Rafa Puede, que persigue fomentar la autonomía de las personas con discapacidad. «Antes era el niño discapacitado. Eso no me ha dado problemas. En el colegio más bien les causaba curiosidad, pero es que ahora soy el monitor. Es alucinante», encuentra Kevin cada día el tesoro de su isla.

«La debilidad que le muestras al mundo es la que el mundo intenta aprovechar»

Para ganar su propia carrera de obstáculos, tuvo que saltar al vacío: «Me he tirado del nido yo solo», reconoce. Con el mismo impulso ha viajado solo por medio mundo «con dificultades, pero lo puedes hacer, y me gustaría ir a Etiopía para ver qué es lo que pasa allí», no se explica Kevin la hambruna de la era de la robótica.

Ni siquiera la velocidad de su patín eléctrico le basta para circular por el mundo. «Estoy preparando un nuevo reto: iré nadando desde la orilla de La Ribera hasta La Manga. Para mí no es problema. Me hacía 40 largos de piscina», se pone el listón a la altura de las nubes.

Acostumbrado a convertir trabas en margaritas, Kevin cultiva en secreto un jardín oculto: «Tengo un diario blanco desde hace cuatro años. Es que soy muy de ying y yang, de la filosofía de 'tempus fugit', así que cada noche hago una lista con las cosas positivas que he tenido cada día. En cada lista anoto unas 70 cosas del día que he vivido, como madrugar, que me deja aprovechar más el tiempo. Hace poco me di cuenta de que estaba un poco estancado porque tuve una racha en que solo anotaba 20 cosas buenas cada día». Kevin cultiva esa táctica del optimismo infinito antes de apagar la luz, en ese instante preciso en el que la otra parte del mundo se lamenta. A Kevin, en vez de brazos le han salido alas como buen ave de cumbres: «Me gustan las alturas, ver la grandiosidad, la distancia, el vacío».

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