Noches de bohemia en el Cotopaxi

Paco Rabal ayuda a levantarse a su hijo Benito mientras Teresa ríe divertida en una playa de Águilas./LV
Paco Rabal ayuda a levantarse a su hijo Benito mientras Teresa ríe divertida en una playa de Águilas. / LV

La familia Rabal volvía cada verano a su hogar de Calabardina, donde se alojaban amigos como Rafael Alberti y Miguel Delibes

INMA RUIZ

La casa del paseo de Calabardina, bautizada como 'Milana Bonita' años después, siempre estaba abierta y llena de gente: un pescador, un vagabundo, un médico, un poeta... no había distinciones; todos eran bien recibidos. Era el hogar al que la familia del actor Paco Rabal añoraba volver y que durante todo el año recordaba con nostalgia. El azul del mar, el intenso olor de las algas y, sobre todo, la libertad que los hijos, Teresa y Benito, disfrutaban con sus numerosos primos y amigos.

Benito recuerda ir a todas partes en bicicleta y en un Seat 600 cuando tuvo edad. En el pequeño utilitario, la peña de amigos iba montada hasta en el maletero, recorriendo las idílicas calas de Marina de Cope que aún hoy se mantienen salvajes, El Sombrerico, La Galera y Calablanca, su preferida, que nada tiene que envidiar a las playas del Caribe o Córcega, defiende. Entonces, Calabardina era una aldea marinera con unas cuantas casas diseminadas. Cuando al atardecer llegaban los pescadores, disfrutaban de informales moragas en la playa, comiendo sardinas y patatas con ajo, aliñadas con una buena conversación, hasta bien entrada la madrugada.

La suya no era la típica casa de verano, con muebles colocados sin ton ni son, allí se encontraban los libros, los cuadros, los muebles más queridos de la familia. Era raro el día que no tenían invitados a comer. Los curiosos se acodaban en la verja del chalé esperando ver a Paco Rabal, que siempre alegre, hablador y hospitalario, les invitaba a pasar. Les enseñaba las habitaciones y se hacía todas las fotos que le pidieran. Benito recuerda el día en que sorprendió a su hijo Liberto, entonces un niño, haciendo de guía a sus amigos después de haber cobrado unas cuantas pesetas por ver la casa.

La gente se acodaba en la verja del chalé esperando poder saludar al actor

Benito evoca los años del Cotopaxi, uno de los lugares más bellos y fantásticos en los que ha estado. Era un pub moderno para la época, que en los años 80 abrió la exótica Sarita en una cala privada de Calabardina. La dueña del pintoresco local cantaba y tocaba el piano y le gustaba bañarse desnuda en el mar. Era una mujer libre, con una percepción del mundo muy artística, como la define el hijo del actor. Pero eso escandalizaba a los más conservadores, que tacharon el Cotopaxi como un lugar indeseable. En este local al borde del mar era donde Paco pasaba sus noches de bohemia e invitaba a amigos como Rafael Alberti, Miguel Delibes, Ángel González o Margarita Lozano a disfrutar de largas veladas hasta el amanecer. Intelectuales como los hermanos Pedro y Pepe Guerrero, el diputado socialista Jorge Novella y Manuel Gris, que mantenía la llama cultural en Águilas, formaban parte del grupo.

Benito también frecuentó este controvertido pub y con su banda de rock, Penthouse, inauguró en plena adolescencia la histórica discoteca aguileña El buzo. Aún conserva amigos de la infancia como Miguel, hijo de Sarita, o El Norro. Todos sus hijos y nietos han aprendido a caminar en Águilas y este sigue siendo el hogar de la familia, donde se sienten muy respetados y rodeados del cariño de la gente. Sabe que su destino definitivo será la Cuesta de Gos, donde nació su padre. Es donde le gusta estar, con la gente del campo y ese paisaje de montaña con el mar al fondo que le sobrecoge.

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