El 'low cost' se les cuela

El arco de entrada a Marbella es un icono del turismo diseñado en la época de Jesús Gil por Juan Mora Urbano.
El arco de entrada a Marbella es un icono del turismo diseñado en la época de Jesús Gil por Juan Mora Urbano. / Josele Lanza

La 'perla' de la Costa del Sol acusa los primeros síntomas del 'turismo de borrachera' y toma medidas. «Hay que tener tolerancia cero; si no, se nos irá de las manos»

SUSANA ZAMORA

Es la joya de la corona de Marbella. Un enclave privilegiado donde la industria del glamur desembarcó hace ya medio siglo. En donde muchos miran y solo unos pocos pueden gastar. Aquel pueblo andaluz que se levantó en 1970 con una moderna marina se ha convertido con los años en uno de los rincones más sofisticados del mundo, que presume de concentrar el mayor número de establecimientos de lujo por metro cuadrado. En Puerto Banús conviven tiendas de diseñadores internacionales de primera fila, coches de película e impresionantes yates que cortan la respiración con solo verlos. Es la 'marca Marbella', un imán para la opulencia capaz de atraer a personalidades de cualquier ámbito y un turismo de calidad y alto standing. Hasta ahora, porque el turismo 'low cost' se ha colado en escena y gana un protagonismo creciente. Todas la alarmas han saltado en la ciudad.

No quieren ni oír hablar de Magaluf, pero el comportamiento de muchos de estos visitantes -en su mayoría británicos- remite a ese desfase que contamina amplias zonas de Mallorca. Jóvenes que se pasean semidesnudos a plena luz del día por el entorno de Banús y en notorio estado de embriaguez; que orinan y vomitan en las puertas de distinguidos comercios; que tiran preservativos desde las terrazas de su alojamiento; que se bañan en fuentes públicas o se lanzan al agua en plena dársena. «Puerto Banús ha sufrido una degradación preocupante desde hace cinco años a esta parte. Conductas grupales que antes eran anecdóticas se han convertido en algo habitual, como la venta ambulante o la prostitución», señala Miguel Gómez Molina, un reconocido joyero con negocio en Marbella desde hace tres décadas. A su juicio, «no todo vale en turismo». Por eso anima a aplicar la «tolerancia cero con este tipo de comportamientos incívicos y absolutamente deleznables». En caso contrario, advierte, «se nos va a ir de las manos».

Marbella no está enferma, pero empieza a sufrir síntomas inquietantes de deterioro. Las autoridades se declaran conscientes y dispuestas a administrar un tratamiento «urgente» y a «estar atentos» para evitar un agravamiento de la situación. La 'dolencia' está identificada y se localiza principalmente en Puerto Banús. Marbella tiene 27 kilómetros de costa y un centro urbano que por el momento se libran del contagio. Los propios vecinos del casco viejo así lo confirman, pero están «vigilantes»; no quieren que el virus del 'turismo indeseable' se extienda sin control.

«Marbella ya no ostenta el glamur de hace veinte o treinta años, pero mantiene un prestigio internacional que no podemos dejar ensuciar. Debemos estar orgullosos de su potencial y no admitir turistas a cualquier precio si su comportamiento no es el adecuado», declara Susana Marchetti, presidenta de la asociación de vecinos de Molino del Viento. La preocupación ha llegado hasta la plataforma Change.org. Bajo el lema 'No más turismo basura', los residentes recogen firmas (llevan ya más de 3.000) para pedir al Ayuntamiento que adopte las medidas necesarias para proteger el municipio de «especuladores nacionales y/o extranjeros».

Un grave accidente ocurrido a finales de mayo desencadenó la reacción institucional. Marbella en la picota a cuenta de un conductor británico con positivo en alcohol y drogas que dejó ocho heridos después de saltarse un control en Puerto Banús y emprender una temeraria huida por calles peatonales y el paseo marítimo. Una fiesta en un club de playa próximo prologó el desastre. El propio concejal de Turismo y Seguridad, Javier Porcuna, contextualizó el suceso al reconocer que coincidió con una masiva afluencia de visitantes británicos por la celebración en su país del May Bank Holidays, una semana libre al final del curso académico que concentró en dos o tres días a un gran número de clientes de turoperadores 'low cost' en Marbella.

Algunas webs inglesas llegan a ofrecer tres días de hotel, más el transporte desde el aeropuerto y una pulsera que da acceso a barra libre de alcohol por 160 libras, vuelo aparte. Muchas utilizan imágenes de algunos de los 'beach club' más emblemáticos de Marbella como reclamo, aunque en destino la oferta se reduzca luego simplemente a mirar, ya que una copa puede costar 17 euros. Otras fuentes consultadas hablan de prácticas aún más controvertidas. Es el caso de operadores que anticipan hasta un millón de euros a los clubes de playa y hoteles en los meses de marzo y abril y empiezan a mandar clientes cuyas consumiciones van amortizando el adelanto.

Pero, ¿cómo se frena un modelo de negocio sustentado en vuelos y estancias de bajo coste que en ocasiones conlleva la promoción del consumo ilimitado de alcohol? En eso está inmerso precisamente ahora el Ayuntamiento desde el accidente de mayo. Justo entonces, se adelantó diez días el refuerzo de seguridad previsto para el verano. En paralelo, se inició una campaña municipal para pedir explícitamente a ciertos empresarios turísticos, dueños de locales de moda y complejos hoteleros, que reorienten su oferta hacia un turismo de «mayor calidad».

Algunos ya han respondido. Frente a sus puertas, pueden verse carteles que instan a abandonar el establecimiento con la camiseta y el calzado convenientemente puestos antes de adentrarse por las calles. Mientras tanto, la Corporación trabaja en la modificación de una ordenanza para poder sancionar si no se cumple la orden de ir vestido en lugares alejados de la playa. «Otros empresarios nos han garantizado que, una vez liquiden los contratos en vigor con turoperadores para la llegada de determinados cupos de clientes, van a ir por otra senda. No quieren tener conflictos ni con la ciudad ni con el Ayuntamiento», anuncia Porcuna.

De no cumplir con sus compromisos, el Gobierno municipal activará medidas «más duras». Por ejemplo, la revisión de las licencias, que hace unos días ya dio lugar al cierre de un restaurante-discoteca al aire libre, a pie de mar en Puerto Banús, que desde 2008 no contaba con permiso para actuaciones musicales. «El Ayuntamiento tiene potestad para conceder licencias discrecionales -precisa el concejal-. En función de lo que determinada oferta aporte a la ciudad, se otorgarán o no». En su opinión, «todo esto que está ocurriendo debe servirnos de acicate para poner coto al turismo incívico; no podemos permitir que se transmita esa imagen de Marbella, el daño sería muy grande».

Aunque muchos coinciden en que «se está a tiempo de corregir la marcha», algunos creen que esta nueva realidad ya ha empezado a pasar factura. «La previsible salida de Cartier de Puerto Banús debe ponernos a todos los pelos de punta -avisa Ricardo Arranz, director del Villa Padierna, uno de los cinco hoteles de gran lujo que atesora Marbella-. Con seguridad, va a tener un efecto dominó». El empresario, «muy preocupado» con la imagen de desenfreno que se está proyectando en las últimas temporadas estivales, teme que a Marbella le pase como a Torremolinos, que muera de éxito por no apostar con firmeza por un turismo de calidad.

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