El arte de provocar

Pablo Perejil, junto a un retrato de Audrey Hepburn. / A. Salas
Propios y extraños

Pablo Perejil, compositor de canciones pendencieras, guitarrista y videógrafo cómico, sigue la filosofía maliciosa de Schopenhauer: «La gente merece ser ofendida»

ALEXIA SALAS

Lo más cariñoso que el consumado maestro del insulto, Arthur Schopenhauer, dijo del género humano es que «no tiene ojos más que para perseguir sus apetitos físicos, y después para algo de conversación y pasatiempo». Con unos siglos menos de edad y algo de influencia punk, pudiera haberse integrado en Los Astrofálicos, el grupo de «música mala y estúpida, con pocas expectativas musicales para gente que se lo quiere pasar bien», define lo imposible su ideólogo, Pablo Perejil. «No vamos a cobrar a la gente por nuestra música. Ni yo me la pondría en los auriculares. A ver, que Led Zeppelin ya se inventó. Nuestro fuerte es el directo», va sembrando de minas el terreno de Babiah, el local de La Ribera donde el 1 de septiembre amenazan con actuar. «Hemos tocado cinco veces y, en cuatro, alguien que no éramos nosotros se ha desnudado. Una vez lo hizo el cuñado del otro guitarra y nos descalificaron del concurso», se resigna. A Los Astrofálicos los inscriben en los concursos en la categoría 'Otras tendencias', pero Pablo se cuela en el «tecno-funk-rock» con temática inquietante. En 'Eres feonomenal' le cantan a «la gente fea que tiene que estar orgullosa, porque la gente guapa en realidad no existe». Tras los chispeantes videoclips late esa maliciosa mirada con una ceja alzada: «Me gusta hacer sentir incómoda a la gente, y cada vez nos importa menos ofender», se regodea en los temas que crea con sus cómplices Manolo Love y DJ Anonimus. Cree que «la gente va de tolerante pero no lo es. Son demasiado sensibles, parecen melocotones», lo que convierte al público en una cándida pared blanca ideal para grafitear, pintarrajear escrúpulos y remover conciencias. «Ha habido un retroceso de mentalidad. Vivimos en un mundo en el que tienes que medir tus palabras y todos se querellan por todo», viven felices Los Astrofálicos aún vírgenes judiciales a pesar de sus embestidas. En su primera canción, 'Poper', clavaban el aguijón en el trasero de «los 'hipsters', los 'gafapastas' sin cristales y los festivaleros drogados en una canción dedicada al SOS, ahora WAM. Sabemos que no nos invitarán a tocar», ladea la sonrisa.

No tarda nada el compositor y guitarrista en afilar sus colmillos aunque lo pilles con la bajona diurna. «Yo no madrugo aunque me maten», intenta abrir los ojos. Por la noche cobra vida y, en el tobogán de la madrugada alumbra sus creaciones más locas a puro sorbo de manatial. «Es raro que yo beba algo que no sea agua. A veces creen verme borracho, pero es mi cara. En realidad soy como un señor mayor por dentro. No bebo, no voy a discotecas, juego al parchís y, eso sí, no puedo dejar de ver los 'realities' raros como 'Mi vida con 300 kilos', 'Mi extraña adicción', ¿sabes que hay una que come piedras? y 'Cuerpos embarazosos'», abre Pablo la puerta de su cuarto.

Quién
Pablo Fernández Soto, 'Pablo Perejil'.
Qué
Cantante, guitarrista y videógrafo.
Dónde
Santiago de la Ribera.
Gustos
La música y los 'realities' extremos.
ADN
Creativo y provocador.
Pensamiento
«La gente es demasiado sensible; parecen melocotones».

Sus hilarantes videoclips le han proporcionado otra vía de comicidad más lucrativa: los vídeos promocionales de locales nocturnos, en los que engancha al personal a través de las redes con sus lunáticos montajes. Al estudiante de Bellas Artes no le faltan madrugadas de hipnosis creadora en la cocina, donde han nacido sus nuevas composiciones: «Una es de un hombre que se hace una vaginoplastia en la cara, y otra está dedicada a los testigos de Jehová», se lanza el 'astrofálico', que amenaza con «temas más extraños, con un toque más tecno y guitarrero, más provocadores». «A veces me salen cosas demasiado fuertes», se contiene, aunque se siente especialmente orgulloso de «la canción que le hemos hecho a Rajoy. Un país con un presidente que da tanto material es fantástico. Cuando peor, mejor». En los pantanos del humor, Pablo Perejil no se pone límites: «El humor ahora es más fuerte porque la gente está más curada de espanto, pero en niveles de estupidez estamos igual». Solo se corta la coleta con los temas machistas y no por temor a la venganza de las asociaciones feministas: «Es que mi novia me regaña».

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