Patatas bravas

Patatas bravas.

Pachi Larrosa
PACHI LARROSA

Poco después del 'Brexit', un periodista británico, imbuido de imperial fervor patrio, se permitió atacar a los españoles donde más nos duele: ¿Gibraltar? ¿Perejil? ¿Magaluf? No, la comida. Aseveró susodicho individuo que la cocina española está hipervalorada y comparó las patatas bravas con unas 'chips' con kétchup. Vamos a ver, alma de cántaro, solo a un inglés se le podía ocurrir fundamentar una opinión sobre la cocina española en un plato como las patatas bravas. Pero es que, además, estimado hijo de la pérfida Albión: entre una patata 'chip' y una patata brava hay la misma distancia que entre un filete de hígado y un entrecot, entre una hamburguesa y un filete ruso, entre una ensalada de col y una ensalada César. Mucha. Para dejar las cosas en su sitio, ahí va la receta. Empezaremos por las patatas. Las pelamos, las cortamos en trozos irregulares de tamaño de un bocado y las ponemos a freír en abundante aceite de oliva a fuego bajo, sin que borbotee. Las confitaremos hasta que estén tiernas y en ese momento las dejamos reposar en un colador metálico. Ahora, a por la salsa: en una sartén o tartera, con un chorrito de aceite de oliva, pochamos el ajo, el pimiento y la cebolla picados muy finamente. Al cabo de unos cinco minutos añadimos los chiles también picados. Entonces, añadimos una cucharadita de pimentón y otra de pimiento choricero. Rehogamos rápidamente, añadimos 1/2 vaso de vinagre, la hoja de laurel, damos un hervor e incorporamos la salsa de tomate. Tapamos, dejamos cocer 20 minutos, salpimentamos y trituramos. Por fin, freímos las patatas a fuego máximo en tandas hasta que se doren por fuera ligeramente. Las servimos acompañadas por la salsa y con perejil picado por encima. Ya me contarán qué tiene que ver esto con unas 'chip'. ¡Por favor!

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