Pleistoceno televisivo

Rosa palo
ROSA PALO

En verano el mundo se descompone, se viene abajo. Nada está en su sitio. Los que necesitamos la rutina exterior para aplacar nuestro caos interior nos sentimos fuera de juego en cuanto salimos de casa: nos descolocamos y nos desorientamos más que Paquirrín en una biblioteca. Echamos de menos nuestras cosas, las que están hechas a nosotros, las que nos tranquilizan y hacen del mundo un lugar civilizado: el sofá, la cafetera, la almohada. Echo de menos hasta la televisión: en la playa tengo una tele tan vieja que, si me descuido, sintonizo 'Esta noche... fiesta' y me encuentro a Lola Flores buscando su pendiente en el Florida Park y diciéndole al público «Ustedes me lo vais a devolver porque mi trabajito me ha costao». Y no me extrañaría nada, porque la televisión en verano vuelve al Pleistoceno. O a los 90, que es peor. Nos castigan con reposiciones, refritos y telefilmes con títulos de libros de supermercado ('Sentencia final', 'Inocencia perversa' o 'Falsa atracción'). Y, si hacen algún programa nuevo, anuncian unos formatos que te hielan la sangre, con un elenco de invitados tan cutre que más parece una rueda de reconocimiento, dígase de cantantes venidos a menos y periodistas venidos a más dispuestos a discutir sobre temas de calado tan profundo como si las mujeres que hablan de sexo gustan o asustan. Amárrame esos pavos. Y ciérrales el pico con cinta americana.

Pero para volver a la televisión de los 90, me quedo con la de los 70 y con Lola Flores buscando el pendiente mientras cantaba «Yo tengo mi partidito que segurito que va a ganar, y a todos pido que voten por el partido por la mitad». Y a continuación pedía un puesto en el Gobierno para El Cordobés o una embajada en Lisboa para Juanito Valderrama. La Faraona, siempre profética: partidito por la mitad está el Partido Popular, que hoy declara Rajoy como testigo en el caso Gürtel. Y partidita por la mitad está Cataluña, gracias a una irresponsable lucha por el poder disfrazada de independentismo. Mejor nos hubiera ido de haber hecho caso a las propuestas de Lola Flores. Aunque no sé que pintaba Valderrama en Lisboa, la verdad.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos