Salinas de San Pedro, un oasis de vida

Salinas de San Pedro, un oasis de vida
Guillermo Carrión / AGM
Rincones con alma

Pepa García
PEPA GARCÍA

El Parque Regional de los Arenales y Salinas de San Pedro es un oasis de vida. Ahora que el verano toca su fin, llega el tiempo de las aves. Las que migran hacia al Sur hacen parada y fonda en las charcas donde se 'cultiva' la sal y su alimento. Se suman a la población estable de este humedal con protección internacional de 856 hectáreas.

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Características
Espacio protegido como Parque Regional, ZEPA, LIC, Red Natura 200, Humedal de Importancia Internacional Ramsar y ZEPIM. Centro de Visitantes Las Salinas. Para visitas guiadas o en grupos, lo mejor es reservar en el 968 178139
Cómo llegar
Cojan la A-30 a Cartagena y tomen la salida 158 hacia la C-3319. Enlace con la AP-7, hacia San Pedro. La salida 774 les llevará a la Avda. del Puerto y, en la rotonda del flamenco, gire a la izquierda para entrar al parque.
Dónde comer
Restaurante La Lonja. C/ O’shea. La Ribera (San Javier). 968 573410. Especialidades: Pescados, mariscos, arroces y calderetas. Precio medio: 30€. Horario: de martes a domingo (de 9 a 16.30 h. y de 20.30 a 23.30 h.).

Un amanecer por duplicado en sus espejos salineros es un goce impagable. A las seis y media de la mañana es noche cerrada, pero ya recibe los primeros piares. Una orquesta que suma voces según el irisado reflejo solar asoma por el horizonte. Al principio, un fogonazo eléctrico de líneas azules y salmones raya la oscuridad. Las aves se desperezan: algunas cantan con voz grave, otras 'hablan' como patitos de goma y las de más allá silban cantarinas. El espectáculo sonoro ya es de premio y todavía no muestra sus cartas la esfera ardiente.

Poco a poco las sombras negras se visten de color y abren los ojos al visitante. Por la senda del Pinar de Coterillo (temprano no hay peligro de que les coman los mosquitos) y entre los pinos jorobados y retorcidos, verán salir la encendida esfera. Lleguen a la playa de la Torre Derribada, un arenal infinito. El sabor salado de este rincón es único y degustarlo al amanecer, un gran placer, aún más sabroso si se corona con un caldero para comer.

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